Skip to content

Хосе Эчегарай. Sic vos non vobis или Последнее подаяние. José Echegaray. Sic vos non vobis o La última limosna


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...



olente?
SILVIO.-(A Don Marcelo, en voz baja.) El mayor bruto de estos contornos.
BLAS.-Es Juan.
MARCELO.-¿Y quién es Juan?
JUAN.-Un cualquiera; pero no un esclavo: no se confunda, mi amo.
MARCELO.-(Como para arrojarse sobre Juan.) ¡Ah!… (Conteniéndose.) Pero ¡éste es un salvaje!
BLAS.-Es hermano de Lorenza.
MARCELO.-¿Y quién es Lorenza?
BLAS.-Una guapa chica.
MARCELO.-Quedo enterado.
BLAS.-Los que tiraron
MARCELO.-¿Qué tiraron?
BLAS.-El perro
MARCELO.-(Riendo.) ¡Ah, sí! ¡El perro de Paquita!
BLAS.-Canelo.
MARCELO.-Bueno. ¡Quítate de mi vista, mastuerzo!
JUAN.-Corriente.
MARCELO.-(Aparte.) Tiene dignidad este bestia.
BLAS.-(A Juan.) Oye…
JUAN.-¿Qué?
BLAS.-Traéte a Lorenza.
JUAN.-¿Para qué?
BLAS.-Para saludar a don Marcelo y para que hagáis las paces.
SILVIO.-¡Qué discursos echa don Blas! Se va soltando.
JUAN.-Sí que volveré. (Sale.)
SILVIO.-Ya ve usted, don Marcelo, de qué gente estaba rodeada Paquita. ¡De modo que nuestra tarea ha sido. grandemente laboriosa!
DAMIÁN.-Ha sido dificilísima, créanos usted.
GABINO.-¡Por todo extremo difícil, don Marcelo!
MARCELO.-¿Pero se civilizó?
SILVIO.-Usted lo verá.
MARCELO.-(A Don Blas.) ¿Está hermosa?
BLAS.-¿Quién, Lorenza?
MARCELO.-Paquita.
BLAS.-¡Divina!
MARCELO.-¡Si no viene voy yo!
BLAS.-Aquí está.
SILVIO.-(Aparte.) Dios nos coja confesados.

Escena XII
Don Marcelo, Don Blas, Don Damián, Don Silvio y Don Gabino; Paquita, con traje de señorita; Maruja y Doña Gertrudis.
MARCELO.-¡Mi Paquita! (Corriendo a ella con los brazos abiertos.)
PAQUITA.-¡Don Marcelo! (Conteniéndose.) ¡Ah, qué dicha!(Le tiende la mano.)
MARCELO.-¿Nada más?
PAQUITA.-(Presentándole la frente.) «Embrassez-moi, mon ami».
SILVIO.-Toda una dama.
MARCELO.-Ya lo veo.
MARUJA.-Y para esta vieja, ¿no hay un abrazo?
MARCELO.-¿Tú abrazas todavía? (Abrazándola.)
GERTRUDIS.-Don Marcelo…
MARCELO.-(Señalando a Paquita.) La felicito a usted por sus triunfos.
GERTRUDIS.-Di algo más, Paquita.
PAQUITA.-La felicidad embarga mi voz… (A Doña Gertrudis.) ¿Se dice embargar?
GERTRUDIS.-Sí, hija; muy bien. (Don Marcelo contempla con curiosidad y tristeza a Paquita.)
PAQUITA.-La gratitud, señor don Marcelo, me daría acentos extraordinarios, si me los diese. ¡Ah mi cariñoso protector!…, ¿cómo pudiera la humilde Paquita corresponder a la magnanimidad de la ilustre personalidad que en usted resplandece? ¡Oh mi magnánimo protector! (A Doña Gertrudis.) (¿Va bien?)
GERTRUDIS.-(Muy bien.)
MARUJA.-(¡Habla como un ángel!)
SILVIO.-(¡Vamos con la niña!)
MARCELO.-Paquita, yo te felicito por tus adelantos. Te dejé hecha una lugareña… y te encuentro convertida… ¡en un mamarracho!
PAQUITA.-(Con enternecimiento y en su tono de siempre.) Pues como a usted le guste… Eso es lo que yo quiero…. ¡porque eso es lo que debo hacer!… ¡Por usted soy capaz de ponerme a cuatro patas!…
SILVIO.-(¡Ya metió la pata!) (Movizniento de horror en todos los profesores.)
MARCELO.-(Acercándose.) ¡Eso…, eso…, Paquita!… (¡Todavía hay algo de aquello!)
GERTRUDIS.-¡Por Dios!
MARUJA.-(¡Más fina, hija, más fina!)
PAQUITA.-Perdone usted… Todavía no he podido desechar la rusticidad agreste de mis tiernos años en estas selváticas espesuras y en estos eminentes mentes transcurrida. (A Doña Gertrudis.) (¿Está bien?)
GERTRUDIS.-(Muy bien.)
MARCELO.-(Nada, ¡que me la han puesto en solfa estos imbéciles!) Pero ¿tú me quieres?
PAQUITA.-Pues si con lo que me quiere usted yo no le quisiese…, ¡haría usted bien en descuartizarme! (Doña Gertrudis le tira del vestido.)
MARCELO.-¡Así!… ¡Así!…
PAQUITA.-Con mi propia existencia escasamente pagaría la propia deuda de mi ánima. (¿Es fino lo de ánima?)
GERTRUDIS.-(Sí, pero no había necesidad.)
MARCELO.-Bueno, ¡basta! Y por todas las ánimas del purgatorio, que me traigan el almuerzo, que tengo que marcharme…
PAQUITA.-Allá voy…
GERTRUDIS.-Usted, no.
MARUJA.-Iré yo. (Sale.)
PAQUITA.-Perdone usted, don Marcelo; por el afán de servirle me olvidaba de la dignidad que corresponde a su futura esposa.
MARCELO.-(A Paquita.) Tienes más sentido que todos ellos; pero trabajo ha de costarme deshacer la obra de estos mentecatos. (Pausa. La contempla con amor. A Don Blas. Los demás forman grupos.) (¡Qué hermosa! ¡Más hermosa que nunca! Ni el ridículo puede con ella.)
BLAS.-(Podrá contigo.)
MARCELO.-(Ya veremos.) Ven aquí, Paquita. (Llevándola aparte.) ¿Me quieres siempre? Contesta sin que te oigan aquéllos…
PAQUITA.-¡Siempre! ¡Eso, sí! Le quiero a usted como querría a mi padre.
MARCELO.-¡Paquita!
PAQUITA.-No…, más…, debe ser más, porque con su padre no se casa una.
MARCELO.-¿Y conmigo?
PAQUITA.-¿Pues no vamos a casarnos?
MARCELO.-¿Pero a gusto tuyo? ¿No estás arrepentida? Porque ésa sería mi desesperación.
PAQUITA.-Y la mía si fuese la de usted. Yo quiero que usted sea feliz. Yo no sé si está bien que diga estas cosas. ¿Es esto bastante fino?
MARCELO.-¡Qué me importa!
PAQUITA.-Ya me afinaré, don Marcelo; ya me afinaré.
MARUJA.-El almuerzo, aquí está el almuerzo. (Entra con dos criados que traen el almuerzo y que lo colocan sobre una de las mesitas.)
MARCELO.-Tengo un hambre como un lobo. (Sentándose. Los demás le rodean.) Y un humor como, un condenado.
SILVIO.-(Por Dios, Paquita, mire usted qué cara tiene don Marcelo! ¡Por Dios, Paquita, no haga usted desatinos!)
PAQUITA.-(Pero ¿qué debo hacer? Porque yo no acierto.)
DAMIÁN.-Demostrar con discreción que no ha perdido usted el tiempo. Algo aprendió usted. ¡Lúzcalo usted, Paquita!)
PAQUITA.-(Acercándose a la mesa.) ¿Qué busca usted, don Marcelo? ¿Acido marino muriático desflogisticado?
MARCELO.-¿Qué dice esta chica?
DAMIÁN.-Quiso decir sal para demostrar que sabe lo que es sal.
PAQUITA.-Eso; pues eso es sal; nadie lo diría, pero eso es.
MARCELO.-Pues cuando no sabías lo que era la sal eras mucho más salada.
DAMIÁN.-Tiene, tiene disposición para las ciencias.
MARCELO.-De todo lo que has estudiado, ¿qué te gusta mas?
PAQUITA.-(Con resolución.) ¿A mí? Nada. (Todos se ríen.)
SILVIO.-No; pues a los estudios literarios les tiene afición. Dígale usted, dígale usted algo en latín a don Marcelo.
MARCELO.-¿También eso? ¿También latín?
SILVIO.-Muy poco, muy poco… ¿Usted comprende? ¡Una idea!
MARCELO.-(Con seis meses más de este sistema…, ¡idiota!) Vamos, di algo. (Burlándose.) «Dominus vobiscum».
PAQUITA.-Será aquello tan bonito…, «sic vos non vobis». ¿No quiere decir eso? (A Don Silvio.) (¿Ha dicho vobis?)
SILVIO.-(Debe ser eso… Vamos…, vamos… Dilo de todas maneras.)
GABINO.-¡Verá usted con qué gracia lo dice!

Escena XIII
Don Marcelo, Paquita, Don Silvio, Don Damián, Don Gabino, Maruja, Doña Gertrudis y Don Blas; entran por el fondo Juan y Lorenza.
BLAS.-(Viendo a Lorenza.) ¡Hola!
MARCELO.-¿Dices algo?
BLAS.-Aquí está.
MARCELO.-¿Quién?
BLAS.-Lorenza.
MARCELO.-¿Quién es Lorenza?
BLAS.-La hermana.
MARCELO.-¿De quién?
BLAS.-De Juan.
MARCELO.-¿Quién es Juan?
BLAS.-El de antes.
MARCELO.-(Mirando a los dos.) ¡Ah, sí!…
BLAS.-(A Lorenza.) Saluda.
LORENZA.-Señor…
MARCELO.-Gracias. Empieza tú, Paquita, porque se hace tarde y voy a marcharme sin oírte ese párrafo de latín.
SILVIO.-Vamos, hija, buen ánimo, no te cortes. (Se pone al lado de Paquita.)
PAQUITA.-Bueno. «Sic vos non vobis…».
SILVIO.-Pero antes explica la .
PAQUITA.-Virgilio era un poeta.
MARCELO.-Ya lo sabemos.
PAQUITA.-Y compuso…, compuso…, ¿qué compuso, don Silvio?
SILVIO.-(Al oído.) Un dístico.
PAQUITA.-Compuso un dístico…, vamos, un dístico que le gustó mucho al emperador, porque le daba mucho sahumerio. Pero Virgilio no dijo que era suyo. Y otro poeta…
SILVIO.-(Apuntando.) Coplero.
PAQUITA.-Y otro coplero se lo apropió. Y el emperador le premió y le regaló no sé cuantas cosas Conque entonces Virgilio va y qué hace escribe en la pared… (A Don Silvio.) ¿En qué pared?
SILVIO.-En la puerta del palacio.
PAQUITA.-En la puerta del palacio del emperador: «Sic vos non vobis: sic vos non vobis…», así cuatro veces. Y dice: «A concluir eso, caballeros». Conque nadie supo concluirlo, y Bertoldo, menos.
SILVIO.-¡Por Dios sacramentado, hija! ¡Bertoldo, no: Batilo!
PAQUITA.-Y Batilo, menos. (A Don Silvio.) (No lo había notado.) Y Virgilio, como era tan listo, los remató en un periquete. Así…
SILVIO.-Eso de rematar y del periquete… En fin, vamos a ver.
PAQUITA.-«Sic vos non vobis nidificats aves».
SILVIO.-Que quiere decir…
PAQUITA.-Así vosotras y no para vosotras fabricáis vuestros nidos, ¡oh aves!
SILVIO.-Siga usted.
PAQUITA.-«Sic vos non vobis vellera fertis oves». Así vosotras, ovejas, y no para vosotras, lleváis encima el blan

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , ,

Related posts

Post a Comment

You must be logged in to post a comment.