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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA


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52. Vista ya la utilidad que tienen los religiosos de todas las órdenes (a exclusión de la Compañía) en las Indias, y que no se les ofrecen motivos en qué expenderla, se está declarando el impropio uso que le darán en mantener una vida perdida y una conducta extraviada. Así se ve que, entre los viciosos que hay en las Indias, sobresalen a toda suerte de sujetos los religiosos, porque si es en el uso de las mujeres, ningunos lo tienen más comúnmente, ni con más desenfado ni desahogo que ellos; si es en el hablar, causa horror el oírles, viendo desatadas sus lenguas y hechas instrumentos de la mayor torpeza y de la sensualidad; ellos juegan como ningunos, beben con más desorden que los seglares, y no hay vicio que les sea ajeno. Todo lo cual nace de la obra de conveniencias, pues, no teniendo en qué emplearlas ni en qué emplear el tiempo que les sobra, aplican uno y otro a los vicios, y en ellos viven hasta que mueren.

53. Siendo (como no hay duda) evidente que el grave desorden de [los religiosos] en todo el Perú nace de las crecidas sumas que los interesan, y que éstas provienen de los cuartos, podría remediarse con facilidad disponiendo que ningún cuarto (los cuales gozan ahora con título de doctrina) pudiese ser administrado por religiones, sino que todos se agregasen a los obispos y se proveyesen en clérigos, los cuales, por mal que traten a los indios, los tratan con mucha menor tiranía que los religiosos. Y es la razón porque no tienen que sufragar nada para que se les confieran los curatos y, una vez que les son conferidos, no están pensionados en la repetición de los obsequios a los provinciales para ser prorrogados, y así, mirando los curatos como cosa propia y con amor, no hostilizan en ellos como los que, para mantenerse, para solicitar otro mayor, o para quedar con suficiente caudal luego que expire su término, necesitan estrechar la feligresía hasta el último extremo, a fin de sacar lo más que el curato pueda dar de sí. Esto mismo, experimentado allí en las dos suertes o especies de curatos, unos de clérigos y otros de religiosos, aquéllos perpetuos y éstos no, aquéllos conferidos por el mérito de las oposiciones y de los sujetos y éstos por el de la cantidad que dan por ellos a los provinciales, nos ha dado motivo a reflexionar sobre los corregimientos y a ser del dictamen que dejamos ya expuesto en la sesión [cuarta] sobre el temor que nos parece debería guardarse en su proveimiento.

54. No se evitaría con la providencia de proveerse en clérigos todos los curatos, el escándalo que da la mala vida, porque la de éstos y la de los religiosos, en lo formal es tan depravada una como otra; en lo accidental, no obstante, hay mucha diferencia a favor de los clérigos, porque éstos, como ya se ha dicho, son más cautos, procuran disimular sus flaquezas, se en ellos más pudor y ni sus palabras son con tanta desenvoltura, ni sus acciones tan escandalosas, de modo que, para que bien se conozca la diferencia que hay entre la disolución de los religiosos y la fragilidad de los clérigos, diremos que éstos no son ni más disolutos ni más libres que los seglares, antes bien, si hay diferencia entre los dos estados, podrá aplicarse a los clérigos el mayor disimulo y cohonestación, pero los religiosos, por el contrario, en todas circunstancias exceden en mucho a los seglares. Y así, aunque enteramente no se consiguiese la reforma de unos abusos tan perniciosos, podría lograrse en parte y aun tenerse esperanzas de que, con el tiempo, y los buenos ministros y prelados que se enviasen, se fuesen desarraigando los vicios, y los abusos perdiendo el valimiento que ahora tienen, y tomando régimen razonable aquellos países. Y aun cuando no se lograse esto, ni en todo ni en parte, se conseguirían otras ventajas muy favorables al rey y a los vasallos, y tan precisas ya en los tiempos presentes que, sin ellas, no podrán tener gran subsistencia aquellos reinos o, por lo menos, no debe haber esperanza de que sus poblaciones se adelanten a los dilatados países que aún hoy no reconocen más soberano que la barbaridad de los indios, ni más dueño que las fieras.

55. A esta providencia puede objetarse que el poseer curatos las religiones es nacido de que, faltando clérigos para ocuparlos, se las repartieron aún después de haberlos dejado hecho renuncia de ellos las religiones. Pero esto tiene fácil respuesta, pues, ordenando seglares a título de “suficiencia” para los curatos, habrá los bastantes para ellos, quedando a la prudencia de los obispos el no ordenar más que aquéllos que pareciesen precisos para ocupar todos los curatos, porque el extenderse a más sería aumentar los clérigos con exceso, sin tener rentas que darles de pronto para que se mantuviesen; pero si se pretendía que para ordenarse hubiesen de tener ca-pellanías suficientes, en tal caso no sería de extrañar el que no hubiese tantos clérigos cuantos se necesitasen para todos los curatos. Esto no obstante, aun sin aumentar eclesiásticos a los que al presente habrá en cada provincia, si de repente se diese la providencia de que pasasen todos los curatos a ser administrados por clérigos, no faltarían los precisos para llenarlos, porque hay muchos atenidos sólo a la cortedad de sus capellanías y a la misa, por no tener cabimiento en los curatos.

56. Alegarán las religiones, si se intenta despojarlas de los curatos o doctrinas, que no hay razón para hacerlo, y que su derecho a los curatos es, sin comparación, mucho mayor que el de los clérigos, porque, desde los primitivos tiempos en que se hicieron las , han trabajado en la conversión de aquellas gentes y en su enseñanza, lo cual no se les puede contradecir, pero de entonces acá hay la diferencia de que en aquellos tiempos tenían los pueblos a su cargo para trabajar en ellos y sacar sólo el fruto espiritual, y al presente lo que trabajan es en buscar modos para adelantar más las hostilidades contra los indios y cómo han de sacar mayor ingreso, y con tal de que este fin se consiga, no atienden a nada más. Siendo, pues, tan sensible la diferencia, y habiendo declinado tanto del cumplimiento de su obligación y del buen fin con que se les encomendó aquel ministerio, parece [que] no hay embarazo en privarlos de los curatos o doctrina o, por decirlo mejor, de unas utilidades crecidas que ni les corresponden por su estado, ni les hacen falta, y no siendo éstas el curato ni doctrina, claro es que no se les priva de lo que les pertenece, [y] sí sólo de lo que se han ido apropiando. De modo que, bien mirado, no se hallará por ninguna parte razón que con formalidad se oponga a la separación que se debe hacer de los curatos a las religiones, y [sí] muchas y muy poderosas que obliguen a ello, y que graven la conciencia si, conociéndolo como remedio para evitar tanto daño, se deja de hacer por otros particulares fines.

57. Según se ha dicho, es la sobra de dinero en los religiosos quien les da ocasión para que tengan una vida pervertida y mala, y siendo cosa innegable que estamos obligados a evitar los pecados de los prójimos contra Dios cuando su remedio penda de nuestra mano, en ninguno parece que esta obligación será más grande que en aquel cuya naturaleza y circunstancias son tales que no admiten disimulación, y traen consigo las gravísimas consecuencias contra la religión que vamos a aclarar.

58. La mala vida de los curas admite menos disimulación en aquellos países que en otro alguno, porque siendo recién convertidos a la fe y llenos todavía de gentiles, en éstos, como en plantas nuevas y en quienes no están bien arraigadas los misterios de la fe, causa malísimos efectos el desorden de los mismos que les predican el Evangelio y les han de reprender los vicios; de modo que la religión se hace irrisible y menospreciable entre aquellas gentes, viendo que se les mandan guardar unos preceptos y el ejemplo les enseña totalmente lo contrario. Los efectos de este desordenado y escandaloso régimen se están dejando ver en todas aquellas gentes por el poco fruto que la religión ha hecho en ellas, y sus malas consecuencias se experimentan en la constancia de los indios gentiles a permanecer en los falsos ritos de su idolatría, porque instruidos, como ya se ha advertido en otra sesión, de todo lo que sucede entre los indios cristianos y reducidos a la obediencia de los españoles, ni la religión les da golpe, quedándose lo bueno de ella oculto a su conocimiento, ni el gobierno político se les hace apetecible. Uno y otro [defecto] se podría remediar con las disposiciones que llevamos prevenidas, y esperarse de ellas alguna mejora de costumbres y policía en aquellos países.

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