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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA


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42. Está dispuesto que la mitad o tercera parte del importe de este situado que se remite de Lima, vaya en géneros de mercaderías y que, al mismo respecto, se repartan en Valdivia entre los acreedores a él, para que, con esta providencia, tenga aquella gente de qué vestirse cómodamente y no carezca de una cosa tan precisa por habitar en paraje donde no se hace ningún comercio, y por esto les sería forzoso a sus habitantes enviar o ir a comprarlos hasta Lima, cosa que no es practicable ni regular; por lo cual se repara [esto] con la acertada disposición de dar a cada uno la parte proporcionada de lo que ha de percibir, en géneros de ropa, y lo restante en dinero. En esta forma está dispuesto que se haga, y aunque las remisiones se practican así, no se cumple el fin al tiempo de la entrega, porque los gobernadores se apropian el todo de las mercancías, aunque excedan sobresalientemente a lo que les pertenece por sus sueldos, y pagan a las guarniciones y demás personas que gozan sueldos por el rey en dinero. Después abren sus tiendas, en las cuales ponen cajeros, y, dando a cada género todo el valor que quieren, dentro de corto tiempo quedan hechos dueños de todo el dinero del situado, porque como toda aquella gente está necesitada de lo preciso para vestirse, no tiene más recurso que el de las tiendas del gobernador, ni puede eximirse de pasar por el exceso de los precios que éste impone a aquellos géneros. Con cuyo arbitrio, los gobernadores se aprovechan de todo el situado, consiguiéndolo de tal modo que, al cabo de dos años de estar en el gobierno, son acreedores a él por entero, porque ya entonces están adeudados con ellos todos los de aquel vecindario. De cuyo modo, que es el más injusto y tiránico que se puede imaginar, sacan de aquel gobierno unos caudales tan crecidos como es notorio, sin haber llevado a él otro principio más que el del empleo, el cual tiene fama en todos aquellos reinos por lo mucho que adquieren en él los que lo sirven.

43. De este voluntario pagamento sólo se eximen los que tienen empleos superiores, a quienes, como por modo de gracia u obsequio, conceden los gobernadores aquella parte que les pertenece en géneros. Pero como éstos son pocos, la mayor parte de aquella gente está precisada a pasar por el rigor de la ley que impone el gobernador.

44. Se acordó la providencia de que se enviase a Valdivia una parte del situado en géneros de ropa, con tan madura reflexión que, conociendo la urgente necesidad de ella, se dispuso que interviniesen los mismos oficiales reales de Lima y un apoderado que tiene en aquella ciudad la plaza, para solicitar el situado a su tiempo y hacerse cargo de la compra de los géneros, cuyas facturas se remiten para que, por el tanto del costo, se repartan después en aquellos a quienes legítimamente les pertenezca. Pero toda esta formalidad queda desvanecida después que entra en aquella plaza, y sólo sirve para que el mismo gobernador arregle sus ganancias sobre el costo principal.

45. Casi lo mismo que se practica con el situado de Lima, de dinero y ropas, se ejecuta con el de La Concepción, que es de víveres; y aunque no con tanto rigor como aquél, no se diferencia en mucho el método que observan los gobernadores en su expendio. Pero lo que se ofrece en esto de más particular es que el costo del transporte del situado de Limase hace a expensas del mismo [situado], y por prorrata se le descuenta a cada uno el tanto por ciento de él, como si efectivamente hubieran de percibirlo en la forma que les corresponde, con que entre todos vienen a costearle al gobernador el flete de los géneros para que los tiranice con ellos. Lo mismo sucede con el de víveres, para cuyo transporte mantiene Valdivia una embarcación cuya madera la cortan y conducen al astillero los forzados y algunos indios que mantienen la plaza; y entre los carpinteros, herreros y calafates que el rey tiene en ella, se fabrica y carena cuando lo necesita, como cosa que pertenece a la plaza y no al gobernador. La misma gente que sirve al rey en ella va en la embarcación y luego que llega con los víveres al puerto, se hace dueño de ellos el gobernador, guardando el mismo régimen que con el otro situado para con las personas que obtienen los primeros empleos, y lo que distribuye en todos los demás es por unos precios tan levantados como los quiere imponer su codicia.

46. Aún no son éstas dos las únicas vías de ingreso que tienen aquellos gobernadores, porque como el fin de sacar más y más crece a proporción que [se] enriquecen, haciendo, como en la hidropesía, vicio el desorden, no dejan arbitrio por donde no se introduzcan las máximas de adquirir, y puesto en ello todo el cognato, es esto lo que arrastra su primera atención. Con este fin tienen continuamente ocupados a los desterrados en el corte y conducción de una madera que llaman allí lumas, y tiene gran consumo y estimación en Lima por su buena calidad y, principalmente, por la de ser sólida y cimbrosa, y apartándolos del principal destino de ocuparse en los trabajos de las fortificaciones, los reducen a esclavos propios; con el mismo [fin] emplean a los indios, y parece que cuanto encierra en sí aquella plaza debe conspirar a la propia utilidad del gobernador para que se enriquezca a expensas del vecindario, de la tropa, de los indios, de los forzados y aún del propio rey, pues hasta los oficiales de carpinteros y herreros que se mantienen allí, trabajan todo el año en su provecho.

47. Para mayor convencimiento del mucho desorden que hay en aquella plaza sobre este particular, podrá servir de ejemplo lo que sucedió con el que la gobernaba ínterin estuvimos en aquel reino. Este se hallaba en los últimos años de su gobierno, y habiendo seguido el régimen que halló establecido por sus antecesores, parece que, con algún celo cristiano, escrupulizó en el modo de conducta que había tenido para hacer un caudal muy crecido que tenía, y deseando reparar los perjuicios que para esto había causado a todo el vecindario, repartió entre él 40.000 pesos de su caudal propio, cuya cantidad aunque fuese corta respecto de lo mucho que se había utilizado, fue muy considerable para aquella gente, que nunca había experimentado igual liberalidad en sus antecesores.

48. Asentado, pues, que los gobernadores de Valdivia tengan una conducta tan extraviada como la que se acaba de ver, ¿qué buen celo al servicio de su rey se puede esperar de ellos? Pues aun cuando no hicieran injusticia, ninguna consideración bastaría para que se pudiese [confiar en] ellos al ver embebida su atención en el comercio y en el modo de hacer caudal para quedar ricos; agréguese ahora a esto la tiranía con que tratan a toda aquella gente que es dependiente de su mando, y se conocerá cuán apartada es su conducta de la que deberían tener.

49. Estos grandes desórdenes, regulares en Valdivia, dieron ocasión a don José Manso, ínterin que gobernaba los reinos de , para representar a S. M. [el 28 de febrero de 1739], lo que le pareció conveniente a fin de contenerlos. Y se mandó en su consecuencia que aquella plaza se agregase a la jurisdicción de los presidentes de , y que estuviesen sujetos a éstos los que la gobernasen; cuya providencia fue en todo acertada, así para el fin de estorbar la extraviada conducta de los gobernadores, como porque estando [más] inmediata [la plaza] a [la capital de] este reino, puede el presidente providenciar en lo que necesite con más prontitud que si hubiera de ocurrir a Lima, que era de donde dependía antes y suministrarle lo necesario cuando lo pida la ocasión.

50. La comunicación de esta plaza con el reino de se hace por tierra cuando hay paces con los indios de Arauco y Tucapeles, pero cuando están de guerra contra los españoles, queda interceptada esta vía, porque el camino hace paso por sus , atravesándolas. Los situados de víveres que se le suministran se llevan siempre de La Concepción por mar, y se hace esto en el verano, porque en entrando el invierno no es practicable aquella navegación, lo cual proviene de los nortes, como tenemos ya notado en el segundo tomo de la .

51. Además de estas cuatro plazas que tiene el Perú en las costas del mar del Sur, hay fortalezas en otros puertos de las mismas costas, pero tan reducidas que son sólo unas pequeñas baterías; tales son las de Guayaquil, Palta y Arica. Pero en los [lugares] de Ilo, Pisco, Cobija, Copiapó, Coquimbo, y algunos otros que son muy buenos puertos, no tienen ni aún la pequeña defensa que aquéllos. Con que todos ellos están expuestos a los primeros peligros de cualquiera endeble invasión, si bien es preciso reparar que de sus reducidas poblaciones pueden sacar poco fruto los piratas o enemigos, porque son muy cortas y pobres, y nunca se pudieran guardar bien por serradas abiertas la mayor parte de ellos, y poder hacerse desembarco en varios sitios. Pero entre los tres [puertos] primeros está el de Guayaquil, que necesitaba tener defensa con formalidad por las circunstancias que en él concurren.

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