Skip to content

Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...



46. La demasiada libertad de aquellos pueblos y la poca sujeción a la justicia que reconocen sus habitadores, nace de que no hay recurso en los que mandan para poderlos contener, ni es dable el proporcionar medios para ello, porque todos aquellos vastos países están del mismo modo, y no hay, en la extensión de más de 1.500 leguas que corren desde las costas de Caracas, Santa Marta y Cartagena hasta Lima, otra tropa que la corta a que están ceñidas las plazas de armas situadas en los extremos de tan dilatado territorio, ni fuera dable, aunque se quisiera criar tropa, el poderla mantener, mediante que sería mucho mayor su costo que todo el producto de las Indias, como se verificó en los años desde 1740 hasta el de [1743], que habiéndose levantado en Lima 2.000 hombres de tropa para cubrir aquellas costas contra los insultos de los ingleses, no bastaban para ello los haberes reales que, como en caja universal del Perú, se juntaban en la de Lima siendo así que todos los sueldos, que se cobraban en las Cajas Reales, de los gobernadores, ministros y otros sujetos que dependen de ellas, se redujeron en todos aquellos reinos a la mitad, quedando la otra mitad para sufragar a los gastos de la guerra , ni el “nuevo impuesto” establecido sobre todos los efectos y frutos, el cual no dejaba de ser bastantemente crecido. Y con todo, fue forzoso reformar la tropa en el año de [43], dejándola reducida al corto número de su antiguo pie, que era el preciso para la guarnición de la plaza de El Callao. Así, la justicia no tiene más poder para hacerse respetar que el de tres o cuatro mestizos, más o menos según la capacidad de la población, que son los alguaciles que auxilian a los jueces, y aun a éstos, como gente de una casta inferior y dependientes todos de los principales de la ciudad, les falta en las ocasiones la resolución para emprender nada contra ellos, aun siendo mandados por los tribunales o acompañados por los jueces, porque el respeto con que los miran los contiene enteramente a hacerlo.

47. No nos parece que sería conveniente hacer entera novedad en aquellos reinos sobre el particular de su gobierno, toda la vez que, aunque se intentase poner sobre otro pie, no podría subsistir, mediante no ser dable el mantener gente que autorice y haga respetables a los ministros, y que sin ella serían de temer algunos alborotos, tales que peligrase con ellos la seguridad de aquellos países, porque una repentina alteración [de la] mucha libertad a la sujeción, aunque no excediese ésta de lo que parece razonable, no podía dejar de hacer un efecto grande en los ánimos. Pero asimismo conocemos no ser tampoco justa la conducta que tienen [como] vasallos, ni [como] pueblos que deben vivir arreglados a las leyes, y con subordinación a la justicia, y ya que en el todo ni es dable el corregir tanto desorden, ni convendría hacerlo, podría en parte remediarse por medio de la elección de los gobernadores, corregidores y ministros, procurando que sus calidades fuesen tales que no les predominase la codicia, que su madurez supiese con prudencia corregir los defectos en que pudiese ser disimulable un castigo severo, y que no faltase en ellos entereza para ejecutarlo en aquellos cuyo atrevimiento y enormidad los hiciese incapaces del indulto. Porque es de suponer que aunque aquellas gentes están tan sobre sí que ninguno quiere reconocer otro que le vaya a la mano en sus desórdenes y en su demasiada licencia, es asimismo tan dócil que cualquiera ejemplar hace en ellos un efecto grandísimo, como se ha dicho en otra parte, lo cual proviene de lo poco o nada acostumbrados que están al castigo, cuya falta los conduce al extremo de tanta inobediencia.

48. Origínase en gran parte el desprecio con que la justicia es tratada en aquellos países, de la extraviada conducta de los que gobiernan, porque si el público observa en ellos un genio ambicioso y amigo de enriquecerse con perjuicio de todos, unas costumbres viciosas que, por ser él quien las había de corregir en los demás, causan mayor escándalo, y una dirección pervertida y abandonada al imperio de sus pasiones y de la parcialidad ¿qué mucho será que los particulares hagan poco aprecio, o ninguno, de su autoridad, y que miren la justicia como cosa irrisible e ideal, pero que nunca llega a tener uso en la práctica de la república? Por esto será justo no atribuir toda la culpa a los moradores de aquellos países, sino partirla entre éstos y los jueces, como que ellos fomentan y dan aliento a los otros para que se hagan despreciables las órdenes, para que los preceptos no se veneren, y para que aquellos pueblos sean monstruos sin cabeza y sin gobierno.

49. Todos los pueblos bien considerados se deben regular, en cuanto a las costumbres, por una copia viva del que los domina, y así vemos que las virtudes o vicios de un príncipe tienen, entre los vasallos, la misma estimación o desprecio que merecen en el ánimo de aquél, porque mirándose todos en él como en un espejo, reflectan sus acciones en los súbditos y son imitadas de ellos, de modo que, aún para el objeto más alto y venerable, que es la religión, suele ser el más fuerte imán de los súbditos la sola elección y juicio del soberano. En el Perú, y en todas las Indias, [de] donde el monarca se halla tan distante que los rayos de su luz ni pueden imprimirse ni causar la debida reflexión, ocupan su lugar, aunque sin llenarlo (por la grande distancia que hay de un rey a su vasallo), los virreyes, a quienes como a los oráculos políticos de aquellos países, procuran imitar todos. Y observando en éstos que los particulares fines de hacer su autoridad mayor, de acrecentar su interés, o de adelantar las conveniencias de sus familiares o confidentes, son causa para que se niegue el cumplimiento de muchas órdenes reales, con el pretexto, unas veces, de que conviene; otras, de que hay fuero para no ponerlas en ejecución, y otras, de no ser ocasión de practicarlas, siguen el ejemplo los demás súbditos con tanta puntualidad que, pasando de unos a otros por su orden, no queda ninguno, hasta el más pequeño, que no practique lo mismo con las que le pertenecen. Y así, los tribunales de audiencias lo ejecutan en la misma forma con las órdenes que se les envían de España, o con las que los virreyes les dan; los oficiales reales, corregidores y ayuntamientos, con las respectivas que reciben, y por este tenor todos los particulares, de modo que está tan entablado esto que es cosa común, [al] recibir el orden, decir que la obedecen pero que no la ejecutan por tener que representar; si el orden es del monarca, la distinguen con la circunstancia de besarla, ponerla sobre las cabezas y añadir después de la fórmula que en propias voces es: Obedezco y no ejecuto, porque tengo que representar sobre ello.

50. A proporción que con este abuso se trunca la fuerza de las órdenes más respetables, pierden todo su valor las que no lo son tanto, y se hacen irrisibles las de los corregidores para con los particulares que están bajo de su obediencia. No nos opondremos a que, en muchas ocasiones, tienen motivos suficientes los virreyes para suspender el cumplimiento de las cédulas que les van de España, y como los casos en que aciertan, o los [casos] en que lo hacen por su propio interés, necesitan para su explicación de alguna extensión, lo reservamos para la sesión siguiente, en que trataremos del gobierno civil y político de aquellos reinos, pero quedará asentado en ésta que la inobediencia de aquellos pueblos a los que los gobiernan procede en parte del mal ejemplo que tienen en éstos, [y] de la tibieza y poco afecto con que miran las órdenes que se les dan por los mayores.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts