25. En otros países que no fueran los del Perú producirían estas disensiones sucesos muy lastimosos si llegase a desfogar la ira en el uso de las armas; pero, como esto sucede en raras ocasiones, por lo regular suele contenerse en las amenazas y convertirse la furia en los vitu-perios y desaires que de una y otra parte hacen a la contraria, de donde resultan las inconsideradas y molestas quejas con que de continuo mortifican allá a los virreyes, y que trascienden hasta los ministros de España. Y aunque hay ocasiones en que también las armas toman parte en las particulares satisfacciones de los agravios recíprocos, se disipan con facilidad estos alborotos y no se acre-cientan, como pudiera suceder y sería natural, donde no llega el caso de haber una legítima y verdadera reconciliación.
26. No es menor que la de los seglares la inquietud en que viven las comunidades cuando, con el motivo de la “alternativa”, se hallan juntos en ellas europeos y criollos. Entre ellos se forman igualmente dos partidos, los cuales están continuamente opuestos y tan alborotados que hacen testigo al público de sus indiscretas contiendas. Los religiosos se interesan en las de los seglares y éstos en las de las comunidades, y así, sin más motivo ni otro interés que el ser criollo o chapetón, es bastante para tener pasión, para hacerse parcial del correspondiente [bando], y para suministrar materia al fuego encendido. A tanto extremo llega esto que no se exceptúa de ellos la religión más cauta, la más advertida, la más sabia y la que enseña con su gobierno y prudencia el que deben tener las gentes más avisadas; todo su estudio político no basta para ahogar en sus senos el humo de este incendio; su disimulo no tiene las correspondientes fuerzas para evitar el que no se hiciesen públicos los particulares sentimientos, y su gobierno no puede conseguir el que vivan europeos y criollos con hermandad. Este ejemplar servirá de régimen para comprender cuán comunes eran, en aquellas partes, estas parciales disensiones entre europeos y criollos, cuando hecho ya como instituto preciso de aquellas ciudades se regula extraño el que sus vecindarios puedan vivir con unión y tranquilidad.
27. El gobierno de la Compañía, tan sabio y tan prudente, como todos saben, es el que acabamos de referir, y si en aquellas partes procura el pundonor de esta religión no apartarse del que mantiene aún en naciones muy extrañas, con tal concierto que parece que las [que] más se diferencian entre sí en la política de sus gobiernos y costumbres, se hermanan con toda perfección por medio de esta religión, en el Perú no lo puede conseguir. Aquellos colegios son depósitos de sujetos de todas naciones, porque en ellos hay españoles, italianos, alemanes, flamencos y aun de otras bajo de estos mismos títulos, y todos viven con unión entre sí, a excepción de europeos y criollos, que es el punto crítico en donde no cabe disimulo, siendo así que el gobierno de ellos, bien discurrido con la más sabia reflexión que es imaginable, unas veces recae en los criollos y otras en los europeos, sin más regularidad que la del mérito y aptitud de cada uno, [por lo que no debiera haber causa de enfrentamiento], pero faltándoles asunto a unos y a otros sobre que fundar la discordia, los europeos se valen de la ineptitud de los criollos para algunos ministerios, y éstos se despican dando a entender a los otros que los llevan comprados de España en la misma forma que los esclavos, para que sirvan en ellos. ¡Cosa irrisible, verdaderamente, entre sujetos tan serios y sabios como aquéllos, para que les sirva de principio a la continua guerra en que están, cuyos alborotos se hacen tanto más escandalosos cuanto son más extraños en la conducta de esta religión!
28. A vista de esto, ¿qué mucho será que las otras [religiones] y los seglares, donde la prudencia no tiene tanto cabimiento, causen los ruidos que se experimentan y que se difundan aún hasta las otras religiones compuestas todas de criollos? Porque llegando muy calientes las cenizas de estas inquietudes encienden en sus ánimos el mismo fuego, y porque falta la materia necesaria para ello, se dispone [de ella] con la cisma de unos que se apasionan más por los europeos extraños que por los criollos propios, con lo cual tienen bastante asunto para no estar exentos de alborotos. Esto no obstante, hay alguna diferencia entre unas y otras, porque como los de éstas que se componen enteramente de criollos, no tienen fomento propio, suele extinguirse la discordia con más facilidad y conciliarse la amistad.
29. Como estas parcialidades a veces se encienden tanto que las ciudades llegan a estar en un continuo alboroto, si entonces falta prudencia en el que gobierna para contenerlas o se inclina inconsideradamente a alguno de los dos partidos, crece, como es natural, el atrevimiento y se hace más incorregible el vicio de las pasiones. Por esta razón convendría que los que fuesen a las Indias con empleos de gobernadores, presidentes, oidores y aun de virreyes, fuesen sujetos de una conducta bien experimentada, desinteresados para que los obsequios de los bandos no tuviesen poder de inclinarlos a su facción, de mucha prudencia, disimulo, cautela y de resolución para castigar la osadía cuando los medios suaves y amistosos no fuesen bastantes a contener la demasiada libertad con que suelen a veces los partidos tomar venganza por sí. Y como no son regulares estas circunstancias en los que no han gobernado, ni menos sabido bien obedecer, por esto no son los criollos los más propios para ello, porque nacidos y criados entre las mismas parcialidades, es preciso que [en ellos] se conserven y estén sujetos a ellas; ni tampoco los europeos en quienes no concurren las sabias luces del gobierno para dirigir por ellas su conducta con acierto. Los empleos de gobierno deberían proveerse en sujetos que ya hubiesen gobernado en España, a quienes la experiencia y los errores cometidos en el noviciado hubiesen abierto los ojos enseñándoles el mejor modo de gobernar; y los jueces no deberían ir a tener sus principios en aquellos tribunales. Estas dos circunstancias se hacen tanto más precisas cuanto están más retirados aquellos países de la fuente del gobierno, cuyo depósito se debe considerar en el monarca; la falta de recurso, o lo dilatado de él, hace que se disminuya el temor en los jueces, y de esto se origina el que descuiden en el mejor acierto de sus resoluciones, porque se les da muy poco que sean justas o no, lo cual no sucedería tan fácilmente cuando estuviese formado hábito en el ánimo el de procurarse como legítimo honor al mejor acierto.
30. Muchas veces se experimenta ahora ser caudillos de las parcialidades los gobernadores, y protectores de ellas los ministros de aquellos tribunales, y con el título solapado de proteger la justicia, dan calor a la discordia. No es, empero, tan común este accidente en los hombres maduros, ejercitados antes en los tribunales de Europa, como en los que tienen por su primera escala la de entrar gobernando una provincia en aquellos reinos, o salir de aquellos colegios llenos de vicios, propias herencias del país, para empezar desde luego en los tribunales a manejar la justicia sin alguna práctica de ella, y no acomodándose a refrenar las pasiones propias, conforme lo pedía la obligación de su ministerio, tampoco pueden corregir el desorden de las ajenas. En este asunto de elección de gobernadores y jueces para aquellas partes, se debería poner la más cuerda atención, si se desea la seguridad, el buen orden y quietud de aquellos países, y que su gobierno sea acertado; pero ínterin que se provean en personas de cortas experiencias y de conducta no conocida, no puede esperarse ningún buen éxito, ni que cesen los disturbios m otros males que son tan comunes en aquellas ciudades.
31. Varios ejemplares pudiéramos citar sobre este particular de lo que experimentamos en unas y otras [partes], pero no nos parece tan necesario que debamos dilatarnos en ello cuando la razón natural está dictando lo mismo que decimos. Pero para que no falte el conocimiento de lo mucho que se arriesga en esto, diremos solamente que hallándonos en Lima en una de las ocasiones que residimos en aquella ciudad, entre varios empleos que fueron proveídos de España, lo estuvieron en ellos dos sujetos cuyas malas inclinaciones y extraviada conducta sobresalían tanto y se hacían tan notables que, por ser el escándalo de la ciudad, estuvieron los parientes del uno dispuestos a solicitarle destierro para Valdivia, el cual no se practicó porque, al estar entendiendo en ello y esperando ocasión para enviarlo, recibieron la noticia primera de que estaba provisto en plaza de oidor para la Audiencia de Panamá. No llegó a cumplirse porque la alta providencia de Dios lo dispuso de modo que, aunque la gracia le estuvo concedida, se ofrecieron tales accidentes que trastornaron la suerte de éste; pero la del otro corrió, siendo así que entre la conducta de los dos no se reconocía diferencia. Considérese ahora qué gobierno, qué justicia, qué tranquilidad, ni qué paz puede haber en unas partes donde los jueces son reos.
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