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Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA


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25. Un reparo que se puede ofrecer consiste en averiguar el modo que tienen para componerse habiendo de enviar completos los destacamentos que se remiten a Valdivia. Pero esto tiene tantas salidas que no les sirve de embarazo, y así, cuando se llega el tiempo de enviarlos, se recluta otra tanta gente como la que va, y muchas veces suelen ser los mismos recién reclutados los que componen el destacamento completo, sin que en él se incluya algún soldado disciplinado, y así no hay motivo para que se altere el orden regular en El Callao. Pero aunque se logre el enviar a Valdivia el destacamento completo, salga éste así del Callao y entre del mismo modo en su destino, apenas llega, empieza a conceder licencias aquel gobernador, con tanta prontitud que hemos visto volver algunos en el mismo navío que los llevó, y sólo reserva a aquellos que son muy precisos para la plaza. De tal suerte que, sin haber muerto en Valdivia, son tan cortos los que retornan al remudarse el destacamento que, por lo regular, se reducen a los oficiales, sargentos, cabos y algunos pocos soldados.

26. Este fraude de las guarniciones es una dolencia tan envejecida en aquellos reinos, que se practica en ellos con tanta libertad y desahogo como si fuera precepto de las ordenanzas militares el que se ejecutara, y está tan cundido el vicio entre los que mandan y los que debían celarlo, que con dificultad se podría reformar sin tomar para ello tales providencias que no quedase raíz de este desorden capaz de volver a inficionar a los que nuevamente van de España a ocupar aquellos empleos.

27. Volviendo a la plaza del Callao para concluir con sus noticias, era su fundación, antes que el efecto de este último terremoto la hubiese del todo aniquilado, tal que continuamente padecía con los embates del mar. Esto sucedía por aquella parte que correspondía a la marina, por la cual tenía ya robado el batidero de las aguas una gran porción de lo que antiguamente fue plaza, y cada vez iba robando de nuevo, en cuya oposición era forzoso mantener estacadas y redientes, a fin de que con ellos se guareciese del peligro. En esta fábrica y manutención se embebían crecidas sumas de dinero de la Hacienda Real, y nunca bastaban para conseguir el fin, porque todo cuanto se trabajaba en el verano, lo desbarataba y deshacía la resaca del invierno, y era menester volver a empezar de nuevo y trabajar continuamente sin ningún fruto; en esto se consumía la gran cantidad de mangles que se lleva de Guayaquil anualmente por cuenta del rey, que es en lo que pagan el tributo todos aquellos indios pertenecientes a la jurisdicción de este corregimiento, y vecinos a los parajes donde se hacen los cortes. Cuyo expendio se podría evitar dándole a la plaza otra nueva situación en tal paraje que, aunque distase de la playa alguna cosa, no le faltasen las ventajas que tenía en el que ocupaba de cubrir el puerto con sus fuegos, y se quitaba la ocasión de que, además de lo que legítimamente se consumía en estas continuas obras, que nunca cesaban, se evitase la pérdida de lo que se extraviaba, tanto en mangles como en jornales, lo cual podía montar sumas muy considerables.

28. El único perjuicio que puede resultar de retirar alguna cosa hacia adentro la plaza del Callao, apartándola de la playa, es para el comercio, porque estando allí las bodegas o almacenes en donde se reciben todos los frutos y géneros que desembarcan, bastaban los negros esclavos para conducirlos desde los muelles a su destino. Pero si se aparta de allí, será forzoso hacerlo en carros o recuas, y todo consistirá en un poco más de trabajo, pero no en atraso ni pérdida, porque cada bodega tiene recuas de mulas propias para hacer las conducciones a Lima, y con estas mismas la podrán hacer desde el muelle al paraje en donde se situase la plaza nuevamente.

29. La plaza de Valparaíso, aunque consistía sólo en un fuerte grande construido sobre una eminencia que se señorea de todo el puerto y, principalmente, del fondeadero de los navíos, es la única que se hallaba en buen estado y disciplina. Mucha parte de su obra es moderna, hecha por el celo del presidente que entonces mandaba el reino de , el teniente general de los ejércitos don José Manso; su artillería y afustes estaban en un estado muy bueno; la guarnición que entonces tenía era, la mayor parte, del segundo batallón del regimiento de Portugal, que se había enviado a aquel reino a solicitud del mismo presidente y a efectos de las representaciones que tenía interpuestas, hecho cargo de que la tropa reglada del propio país no sirve con la puntualidad que la disciplinada en el ejército, pero no obstante esto, tenía una pequeña guarnición de tropa de las milicias de aquel reino, al sueldo, y además de ésta tienen aquellas fortalezas el recurso de las milicias que componen los vecindarios de las poblaciones y campañas circunvecinas, para ocurrir a las armas en caso necesario. Por tanto, la guarnición, como asimismo la fortaleza, son muy suficientes para defender aquel puerto y tener a cubierto la población que, según se ha dicho en la segunda parte de la del Viaje, es muy reducida y sólo sirve de escala para el comercio de frutos que pasa de aquel reino al Callao, pero siendo de grande entidad aquel puerto por el crecido tráfico que, con este fin, se hace en él bajando a sus almacenes todos los [frutos] que se cogen en las campañas de Santiago para embarcarse, con madura reflexión puso todo su conato el presidente en fortalecerlo bien, conociendo la mucha necesidad que tenía de estar en el mejor estado de defensa que puede permitir la mala disposición del terreno.

30. Pasando, pues, a la tercera plaza de armas de las que regulamos como tales en aquellas costas del Perú, será preciso entrar a reconocer la de La Concepción. Esta no tiene más que un fuerte, situado a la parte de la marina, que defiende o hace frente a uno de los dos fondeaderos que hay en aquella bahía, nombrado el puerto de Cerrillo Verde, el cual está tan inmediato a la ciudad que dista de ella poco más de media legua. El fuerte consiste en una batería sencilla, muy reducida y dominada de varias alturas que circundan el todo de la población, de modo que haciendo desembarco en Talcaguano, que es el puerto principal y dista de La Concepción cosa de dos leguas y media o poco más, se puede entrar en la ciudad sin que la batería o fuerte lo estorbe, atento a ser aquélla abierta por todas partes. Su principal defensa consiste en el crecido número de milicias que, en poco tiempo, se pueden juntar en ella, porque todos los vecinos que habitan en las campañas de su pertenencia están alistados, formando distintas compañías, y con el más leve rumor, bien sea de indios, porque los de Arauco, aunque se hallen de paz, suelen quebrantarla repentinamente, o bien sea de piratas o corsarios que intenten atacarla o sorprenderla para practicar en ella sus comunes hostilidades, se juntan todas y acuden inmediatamente a su defensa.

31. La mayor parte o casi todas estas milicias son de caballería, proviniendo esto de que toda aquella gente está tan habituada a andar a caballo que es cosa rara verlos a pie ni en los campos ni en la ciudad, aunque sea muy corto el tránsito que hayan de hacer, y de que es tanta la abundancia de caballos que cría y tiene aquel reino, que no hay hombre, por pobre que sea, a quien le falten uno o dos, logrando la oportunidad de su cómodo precio y la de su manutención, que no les cuesta nada porque la lozana fertilidad de los campos se los mantiene. Pero aunque estas milicias componen un cuerpo de tropas bíen crecido, padecen la falta de no usar todos armas de fuego, sino lanzas largas con medias lunas de acero en el un extremo, y aunque son diestros en su manejo y sumamente prontos en el de los caballos, no se pueden juzgar capaces de hacer resistencia formal a algún cuerpo de tropas regladas que se les presentara con la ventaja de armas de fuego.

32. Son dependientes de La Concepción los fuertes que están en las fronteras de Arauco y Tucapel, los cuales son también muy reducidos, porque no necesitan ni de gran capacidad, ni de mucha obra de fortificación, ni de grandes fuerzas para el fin que tienen, que es el de contener a los [indios] infieles.

33. En La Concepción no milita la misma paridad [que en los fuertes de la frontera], porque aquélla es una bahía admirable por sí, el territorio abundante de muchas minas, como se dirá en su lugar, y fértil con arrogante vicio, según queda expresado en la descripción que se ha dado en el segundo tomo de la de este viaje, cuyas inestimables circunstancias están tan especulizadas por los franceses como la poca dificultad que puede haber en apoderarse de ella. Con que es muy dable, según los buenos deseos que las naciones extrañas han tenido en todos tiempos de hacer colonias en aquellas partes, que si se les proporciona la ocasión, no la desprecien, y una vez que lo consigan no será tan fácil desalojarlos, atento el estado en que al presente se hallan aquellos reinos.

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