19. Las fortalezas del Callao consistían en una muralla sencilla de piedra, guarnecida de bastiones o baluartes nada regulares, sin ningún foso, porque la calidad del terreno no lo permitía a causa de que, componiéndose todo él de guijarrería suelta y algún poco de tierra y arena por encima, luego que se cava cosa de tres o cuatro pies de profundidad, y en parajes mucho menos, se da en agua, y el suelo es de ninguna subsistencia. La artillería que coronaba estas murallas era toda de bronce, pero tan cansada que, en lugar de oídos, tenía agujeros de cerca de dos pulgadas de diámetro, de modo que al tiempo de hacer salva con ella dejaba de percibirse el estruendo de algunos tiros dentro del mismo Callao, porque la pólvora salía inflamada or los mismos fogones. Y de esta suerte estaba cuando legamos a Lima llamados de aquel virrey en el año de 40, el cual reparó este grave defecto haciendo que se echasen granos de hierro en todos. Y fue el primero de los encargos que en aquella ocasión nos hizo el virrey, el de reconocer si esta obra se ejecutaba con la precisión y acierto que se requería, en cuya forma lo practicamos, y vimos que se hacía con tanta perfección que no encontramos defecto en ella. Los granos tenían cerca de tres pulgadas de diámetro, y algunos menos, según lo requería la abertura que había hecho el fuego en el oído; entraban tan a fuerza de torno, que muchas veces se torció el que entraba antes de llegar a su lugar, y era menester volver a sacarlo para meter otro; después que quedaba ajustado se unía por la superficie cóncava, o alma del cañón, tan bien que, no formando más que un cuerpo con ella, parecía que se había limado por dentro para igualarlo. Con esta providencia volvió a quedar corriente toda aquella artillería, sin la cual, además de que hubiera sido de un costo exorbitante el refundirla, habría sido necesario mucho tiempo para ponerla en estado de servicio, cuando en la coyuntura lo que importaba más era la brevedad, por tenerse ya el aviso de que la escuadra de Anson estaba inmediata a entrar en aquellos mares, y [porque] allí se podía adelantar menos que en otro paraje la refundición, porque no hay casa determinadamente para ella.
20. Lo más particular en este asunto, y que se hace digno de notar, es el que se hubiese encontrado en aquellos parajes quién ejecutase esta obra con la formalidad que necesitaba, y más que esto, el que lo fuese un platero mestizo, cuyo nombre no merece quedar confundido en el olvido, el cual, sin haber salido de Lima, ni ser de profesión artillero, se ofreció a [hacer aquello para] lo que los mismos a quienes les pertenecía no encontraban recurso. Llámase este mestizo Francisco de Villachica, y por un precio tan moderado para aquellos reinos como el de 130 pesos, y algunos por menos, a proporción de los calibres, ajustó con el virrey cada grano, y los dejó en tan buen estado como el que hubieran adquirido refundiéndose.
21. La artillería del Callao se puso corriente entonces, y en estado de servicio, porque la urgencia lo pedía con instancia; pero no se hubiera atendido a ella si la evidente noticia de que pasaba a aquella mar una escuadra enemiga, no hubiera hecho atener a su reparo, con que si repentinamente hubiesen entrado en el mar del Sur algunos piratas o corsarios de fuerzas, como en varias ocasiones ha sucedido, absolutamente no tendría con qué defenderse aquella plaza, no habiendo en ella ningún cañón en estado de hacer fuego, porque el tiro que se hacía con ellos apenas tenía actividad para sacar el taco del cañón y dejarlo cae
allí inmediato; esto puede parecer exageración, pero varias veces lo notamos con no poca admiración.
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22. A1 mismo respecto que la artillería estaban sus afustes, pues había muchos tales que era menester ayudarlos con puntales para que pudiesen soportar el peso del cañón [afustes] tan consumidos con el tiempo que estaban incapaces de hacer un solo tiro, algunos con una sola rueda muy descuadernada y mantenido el eje por la otra parte con una banqueta, otros con la mitad de las gualderas desechas, y los menos malos sin los herrajes correspondientes o tan gastados que los pernos de traviesa parecían hilos. El mismo motivo que hubo para reparar la artillería obligó a que se fabricasen cureñas para toda la muralla, y aunque se empezó esta obra en aquel mismo año [de 1740], aún no estaba concluida en el de 1744, que dejamos los reinos del Perú.
23. La inmediata presencia del virrey, con que logra aquella plaza el ser visitada de continuo por él, parece que debería contener el fraude de la guarnición y que no fuese como en aquellas que se hallan distantes de su vista, pero no sucede así, porque si lo hay grande en éstas, no es menor el que se experimenta en El Callao. Tiene éste por dotación siete compañías de a 100 hombres de infantería, y otra de artillería que se compone de un teniente general de artillería, un capitán, dos condestables principales, 10 ordinarios, dos ayudantes y 70 artilleros. Esta dotación es la suficiente para guarnecer aquella plaza, porque aunque de ella se destaca la guarnición de Valdivia, que consiste en una compañía que se remuda anualmente, y asimismo la tropa que llevan los navíos de guerra siempre que salen armados, como se agregan después las milicias y tropa que se levanta de nuevo según lo pide la ocasión, es muy correspondiente el número que le queda para que, acompañado del que se le introduce, no tenga nada que temer. Pero es tanto el fraude, que pudiera tomarse a buen partido que estuviera existente la cuarta parte, siendo así que para el rey lo está toda, porque en las revistas parecen completas las compañías, y esto se hace con tal arte que, aunque el virrey asista a ellas, no le es fácil conocer la falta.
24. Aunque El Callao tiene un gobernador particular, no asiste éste en la plaza si no es cuando la urgencia de la ocasión le obliga a ello, porque siendo al mismo tiempo cabo principal de las armas de todo el Perú, le precisa la asistencia de este empleo a tener la suya en Lima de continuo, y en su lugar gobierna El Callao un maestre de campo, que viene a ser como el teniente de rey de la plaza; al cargo del que ocupa este empleo están las compañías de infantería, y corre con la de artilleros el teniente general de la artillería. Lo que sucede en unas y otras es que ocurren de Lima todos aquellos oficiales, y aun maestros, que trabajan en los oficios mecánicos de la ciudad, como plateros, pintores, escultores, zapateros, sastres y otros semejantes, a sentar plaza, bien sea en la artillería o bien en la infantería, no con el fin de servirla, sino con el de gozar del fuero militar y verse libres por este medio de las persecuciones de los alguaciles de justicia o de algunas pequeñas pensiones de otros jueces; para esto hacen el convenio de dejar todo el sueldo al oficial principal a quien corresponden, y quedan éstos con el título de soldados o artilleros privilegiados. Llega el caso de hacerse la revista y, concurriendo todos al Callao, se presentan las compañías tan completas que nunca falta un hombre, siendo así que los que verdaderamente tienen de servicio no exceden de 25 a 30 hombres, y todo el resto es ingreso de los que cometen el fraude. Es éste tan considerable que siendo a razón de 15 pesos por mes el prest de cada soldado de infantería, se puede juzgar por él a lo que subirá la suma que resulta, aun cuando no se supusiera más que la mitad de la tropa. Los artilleros, aunque muchos menos en número, tienen prest más crecido, y ha llegado a tanto el abuso en esta compañía, que se experimenta allí al contrario de lo que sucede en Europa, y es que aun aquellos que solicitan serlo y servir la plaza, a más de haber de dar ellos un tanto por la entrada al teniente general por modo de regalo, hay ajuste entre los dos, y se convienen en lo que el condestable o artillero ha de ceder mensualmente al teniente general, del prest que el rey les da; este ajuste se hace conforme la ocasión y pretendientes a la plaza vaca, ya a la mitad, o ya a la tercera o cuarta parte. Esto que decimos no ha sido sólo informe que nos hayan dado en aquel reino, sino lo que hemos tocado y visto, a fuerza de experiencia, en el mismo Callao y Lima.
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