9. Ya queda expresada que casi todas las armas que manejan las milicias de La Concepción se reducen a lanzas, para las cuales hay dentro del pequeño fuerte que tiene aquella ciudad una armería muy bien dispuesta. Pero no se encuentran en ella si no es tal o cual arma de fuego, y aunque aquéllas son suficientes para los reencuentros que se ofrecen contra los indios, porque éstos no usan tampoco otras si no es lanzas y flechas, no son bastantes para hacer oposición a las naciones que acostumbran las de fuego, cuya ventaja es considerable a las de aquel país, por lo cual se debe considerar que se disminuyen sensiblemente las fuerzas que pudiera tener La Concepción para los casos en que padezca alguna invasión por las naciones de Europa, por no tener armas correspondientes, ofensivas y defensivas.
10. A proporción de lo que experimentan aquellos reinos por lo respectivo a armas, es en todo lo demás perteneciente a municiones de guerra, porque todo falta. Cuando despachó Quito la tropa que había de socorrer a Guayaquil, ni se hallaban balas, ni prevención de baleros para hacerlas. Y no sé qué providencia se hubiera dado si, entre las muchas que llevaron consigo a aquellos reinos los franceses de la Academia de París, no hubiera sido una dos baleros con moldes de distintos calibres, que fue el único recurso que tuvo entonces el presidente [de Quito]; y el artífice de instrumentos matemáticos que la misma compañía francesa había llevado [Msr. Hugot], fue forzoso se empleara en fundir las que fueron necesarias. A vista de esto ya no se hará extraño que hubiese andado el virrey tan ceñido en los libramientos dados a la tropa para socorrer a Tarma y Jauja.
11. Lo mismo que pasaba en Quito con las balas de fusil, sucedía en Lima con las de artillería, las cuales fue forzoso que se hicieran de bronce, con el crecido costo que se deja considerar, porque aunque se intentó fabricarlas de hierro refundiendo para ello algunos cañones viejos, no se logró el fin mediante que las que se hacían sacaban tan poca resistencia que se desbarataban con el golpe del martillo, sin aplicar demasiada fuerza; y aunque el coste de las de bronce es muy crecido, sería soportable para la necesidad si, con el motivo de ser un metal propio para muchas obras, no hubiera un fraude considerable en ellas, por las muchas que se roban aún después de almacenadas y entregadas con la mayor formalidad y exactitud.
12. Las compañías de granaderos, y con particularidad los armamentos que se disponen para los navíos, no pueden usar de otras granadas que las de vidrio, por falta de las de hierro. Y a este respecto se arbitra allí en otras cosas de que se carece, supliéndose como se puede, porque no yendo de España, no lo hay en el país, y es lo principal el que falta la materia, pues todas las cosas que piden ser de hierro fundido no se pueden hacer si no es en donde se trabajan minas de él. Allí se pudiera dar cultivo a las que hay de este metal, aunque no fuera con otra mira que la de proveer de balas todas aquellas plazas, hacer artillería para guarnecer los puertos y parajes que necesitan algún género de fortificación para su defensa, y bombas para aquellos donde las armadas marítimas pueden llegar a batir las fortificaciones, de cuya providencia carecen todas, porque en ninguna de ellas hay morteros, ni se conoce su uso.
13. Lo único de que aquel reino está abastecido con mayor providencia es de pólvora, porque hay fábrica de ella en la jurisdicción de Quito y en Lima. La de Quito está en el asiento de Latacunga, y se puede hacer en cantidad como se quisiere, pero al presente es poca la que se fabrica, siendo la causa el que no se suministra de allí a otra parte más que a Guayaquil. Pero pudiera acrecentarse y proveerse de ella a Panamá, mediante que, por el nuevo camino de Esmeraldas, será fácil y pronta su conducción.
14. La fábrica de Lima, que es mucho más considerable, pertenece en propiedad a un particular de aquella ciudad, y de éste se toma la necesaria para el servicio del rey. De allí se proveen El Callao, Panamá, Valparaíso, La Concepción y Valdivia, en cuyos parajes suele llegar a escasear tanto, en ocasiones, que, habiendo llegado yo a La Concepción con el navío que mandaba, haciendo el corso en aquellas costas, a principios de mayo del año de 1743, para dejar en la plaza un destacamento de tropa del regimiento de Portugal destinado a guarnecerla, me representó el gobernador de ella la escasez que padecía, que era tanta que aún le faltaba para corresponder a ningún saludo, y en consecuencia de ello le socorrí con 16 quintales, que eran los que podía suministrarle; los ocho de ellos [de los] que se habían embarcado para dejarlos en Valdivia y no llegó el caso de que se cumpliera, y los otros ocho de la [pólvora] de mi navío.
15. Los parajes húmedos y cálidos, como Guayaquil y Panamá, deben ser socorridos frecuentemente de esta munición, porque la cualidad del temperamento la echa a perder en poco tiempo, no obstante las precauciones que se tienen para reservarla de la humedad.
16. Por todo lo que queda dicho, se vendrá en conocimiento de la general falta de armas y municiones de guerra que hay en todos aquellos reinos, y que para proveerse de las necesarias no tienen más recurso que el de España. Por lo cual sería conveniente (a nuestro parecer) que por una vez se les suministrasen las precisas a costa de la Real Hacienda, y que se diesen tales disposiciones que, mediante ellas, se mantuviesen existentes siempre y en buen estado de servicio, porque sin esta circunstancia no se conseguiría el fin de encontrarlas en la ocasión de haberlas menester, por el sumo descuido con que miran estas cosas los gobernadores, corregidores, oficiales reales y otros ministros que debieran celar en ello. Y para que, según los parajes y capacidad de los que las necesitan, se pueda hacer la asignación y dar las órdenes más conducentes a su subsistencia, hemos juzgado al propósito el manifestar nuestro sentir, arreglado al conocimiento que tenemos de aquellas partes y al celo con que desearíamos que estuviesen en un estado tal que no tuviesen que temer aquellas costas de las empresas que maquina contra ellas la ambición y la malicia de los enemigos de Su Majestad, que ya que no basta su poder a apropiarse alguna parte de aquellos dilatados países, logra hacer considerables robos en sus poblaciones y destruirlas siempre que las diferencias de los monarcas les ofrecen la oportunidad para ello.
17. Las ciudades y poblaciones grandes que están en las serranías, no necesitan tanta providencia de armas como las que están vecinas a la marina, que es donde ejecutan sus hostilidades los piratas y corsarios. No obstante, siempre convendría que hubiese en ellas algún número determinado de armas, existentes tanto para socorrer a las poblaciones de la costa cuando lo necesitasen, cuanto para contener a los infieles que están en sus cercanías, y aun para hacer entrada en aquellas tierras que ocupan, cuando y como conviene, a fin de sujetarlos, reducirlos y poder auxiliar a los misioneros. Quito necesita tener esta providencia más que otra ciudad de las [serranas] porque toda la parte del Oriente confinante a aquella provincia es habitada de indios gentiles, y en la del Occidente tiene los dos puertos considerables de Atacames y Guayaquil, que debe socorrer en caso de invasión, porque en toda ella no hay más defensa que la de mantener bien guardadas estas dos puertas; tan esencial es uno y otro [puerto], cuanto que perdido el primero peligra la ciudad y aun la provincia entera, y perdido el segundo, no sólo hay el mismo peligro, sino que también se pierde un astillero tan admirable como aquél,
y unas montañas tan ricas de maderas como las que tiene en su jurisdicción. Por esto convendría que se le asignasen a Quito las armas correspondientes para poner en campaña 1.000 hombres, los 500 de infantería y otros 500 de caballería, número suficiente para toda aquella provincia. Pero fuera de éstas, se le deberían asignar a Guayaquil en particular las correspondientes para poder armar 500 hombres de sus patricios, los 300 de infantería y los 200 de caballería.
18. Atacarnes tendría bastante por ahora con las armas necesarias para 200 hombres: 100 de cada especie.
19. Piura necesita 400 por mitad; las 300 se deberían guardar en la ciudad capita, y los 100, por mitad, mantenerse siempre en Paita.
20. Lambayeque otras tantas, también por mitad.
21. Trujillo sería conveniente que tuviese otras 400 en la misma conformidad.
22. Guarmey tendría suficiente con 200 armas para 200 hombres, y otras tantas Chancay, y lo mismo cada uno de los siguientes [lugares]. Mas para que se vea lo que todos suman, volveremos a referir los antecedentes y se irán poniendo por su orden.
Armas para [Armas] para
infantería caballería
Quito 500 500
Guayaquil 300 200
Atacames 100 100
Piura 200 200
Lambayeque 200 200
Trujillo 200 200
Guarmey 100 100
Chancay 100 100
Pisco 100 100
Nasca 100 100
Ilo 50 150
Arica 100 50
Coquimbo 200 200
Valparaíso 400 200
La Concepción 300 300
Valdivia 600 300
Chiloé 300 000
3.850 3.000

















