Skip to content

Хорхе Хуан и Антонио де Ульоа. Секретные сведения об Америке. Jorge Juan y Antonio de Ulloa. NOTICIAS SECRETAS DE AMERICA


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...



100. Si la gente de aquel país, no reconociendo la fuerza de la obediencia en la milicia, ni teniendo disciplina, que es la que puede infundirla, no ha dado motivo para que se desconfíe de su lealtad, con mucha menos razón puede haberlo cuando sepa la subordinación que ha de tener a sus superiores. [Al dejar de] ignorar la gravedad del delito y estando hecho a verlo castigar con severidad y rectitud, huirá de cometerlo [con mayor razón] que cuando sólo lo conoce por cosa leve, y hallándose instruidos en que, como soldados, son la confianza del monarca y la defensa de sus derechos, mirarán con más formalidad su ejercicio que cuando les parece que todo él consiste en tomar el fusil y en hacer una centinela, sin poder penetrar perfectamente la seriedad y solidez de su ministerio; y, últimamente, sabiendo obedecer, sabrá respetar, sabrá temer y sabrá cumplir con su obligación, que es lo que ahora ignoran aquellas gentes, y lo que les falta para ser buenos soldados, porque soldados ya lo son y lo han sido, aunque malos. Con que toda esta nueva disposición sólo se reduce a darles disciplina y a que, con ella, guarnezcan las plazas que están guarneciendo sin tenerla.

101. Si el disciplinar gente del Perú y el guarnecer con ella las plazas del Perú fuese cosa peligrosa, contra su seguridad, debería suceder lo mismo en todos los reinos y repúblicas del mundo, porque la misma gente de cada uno, disciplinada, es la que los defiende y la que sujeta a sus propios compatriotas cuando, alterados sus ánimos, quieren contravenir a la obediencia del príncipe. De modo que un hombre, hecho soldado, se transforma en un hombre que ni a extraños ni a patricios, y aun hasta sus mismos dependientes, trata con otro modo que con el que le ordenan sus superiores; si éstos le disponen que los mire como amigos, lo es fino, y si como a enemigos, no pueden tener otro mayor, porque con la obediencia rompe los vínculos del cariño y del afecto. Esto les falta a los del Perú, porque no tienen disciplina, y si con ella se les adelanta algo, es a favor de la lealtad que deben guardar al príncipe, obedeciendo con puntualidad y ciegamente las órdenes de sus superiores.

102. Aunque inquieta aquella gente del Perú, aunque belicosos los de algunas provincias, y aunque arrojados los de otras, son todos muy leales, y tanto para su rey, que nunca se les ha sentido la más leve flaqueza en sus inclinaciones que dé a entender sospecha de infidelidad, siendo así que nadie los sujeta. Con que aquellos desórdenes son hijos de la ignorancia más bien que de la malicia, y de ver que nunca llega el caso, o rara vez, en que los refrena el castigo, por lo cual no llega tampoco el de que tengan enmienda. Aquellas gentes se reconocen vasallos de los reyes de España y, aunque mestizos, se honran con ser españoles y salir de indios; de tal modo que, no obstante participar tanto de uno como de otro, son acérrimos enemigos de los indios, que son su propia sangre. Con que por ninguna parte debe hacer motivo de recelo capaz de embarazar esta disposición si, por otra parte, no tiene objeciones de otra especie que la puedan embarazar, las cuales [no serán de mucha importancia para que] se hayan ocultado a los alcances de nuestra comprensión.

103. La tropa formada con esta gente, aunque en el color no fuese toda igual y alguna pareciese más morena que los españoles, no dejaría de ser tan lucida y buena como la mejor de Europa, porque los mestizos son regularmente bien hechos, fornidos y altos, algunos tanto que exceden a los hombres regulares, y es propia para la guerra, porque se crían en sus países acostumbrados a trajinar de unas partes a otras, hechos a andar descalzos, regularmente con mucho desabrigo y mal comidos. Con que ningún trabajo se les hará extraño en la guerra, ni la alta de conveniencias será para ellos incomodidad.

SESION SEGUNDA

Hácese presente la escasez de armas que generalmente se
padece en todo el Perú y lo tocante a municiones de guerra

1. En esta sesión no tocaremos nada sobre las plazas situadas en la América Meridional que corresponden al mar del Norte, así porque con la frecuencia de embarcaciones que van de Europa a ellas no son las armas tan escasas, como porque en este particular no tenemos las más prolijas y ciertas noticias. Y así, pasando con nuestra relación directamente al reino del Perú, nos detendremos en puntualizarla, con las circunstancias que se requieren para que se pueda comprender su actual estado en el particular de cada especie, con la formalidad que recomienda la importancia del asunto.

2. Es tan común la falta de armas de todas especies en el Perú, que no es comprensible su escasez, a menos de haberlo experimentado, en las ocasiones en que se hace forzoso echar mano de ellas para ocurrir a las urgencias. Y a no haberse ofrecido tanto motivo como el de pasar a aquellos mares escuadra enemiga y a haberse de poner en defensa todas las ciudades y demás poblaciones, no hubiera sido fácil concebir la raridad de las que actualmente hay en todos aquellos reinos, ni podríamos atrevernos a juzgarlo, porque se hace inverosímil su corto número y calidad en una providencia tan indispensable para la defensa. En los fines del año de 1740 se pusieron en el mejor estado posible, para resistir la invasión de ingleses que se esperaba, todas aquellas costas y pueblos, para lo cual [las autoridades] alistaron la gente perteneciente a sus jurisdicciones y arreglaron las compañías, pero zozobraron todas las disposiciones al querer juntar armas de chispa y de corte para proveerlas a todas. En Guayaquil, viendo que no tenían otro recurso ni medio de conseguirlas sino el de enviar a comprarlas al reino de Nueva España, arbitraron por el cabildo, no obstante la rigurosa prohibición para que vayan navíos con cualquier pretexto a los puertos de aquel reino, en dar registro y comisión “por conviene” a uno, para que fuese a ellos y comprase el número necesario de armas de chispa, a fin de armar con ellas las compañías de infantería y caballería. Pero no se logró el fin, porque la embarcación se perdió en aquellas costas, y el que fue con el encargo no las encontró de venta, aunque pasó su diligencia a México. Y así se volvió sin ellas, y las milicias se quedaron como se estaban: armadas con lanzas y machetes de monte, que eran las que acostumbraban las de a caballo, y los de infantería, unos con lanzas, a manera de alabardas, y otros con arcabuces de mecha, que son las únicas [armas de fuego] de que se conservan algunas, pero aun de éstas tan pocas y en tan mal estado, que sólo sirven de formalidad a la vista, o de espanto a los que las ven de lejos.

3. La única compañía que tenía armas y se hallaba en buena disposición era la de forasteros, porque componiéndose toda de europeos, que son los que trafican, a ninguno le falta a lo menos escopeta, que llevan siempre consigo más por el gusto de cazar en los lugares donde hacen posada, que por la necesidad de ella para defenderse o guardar su hacienda. Y como en todas las ciudades y poblaciones grandes de aquellos reinos hay el mismo régimen de formar entre los forasteros una compañía, en todo [el territorio] es la única que se hallaba proveída de armas.

4. Las poblaciones desde Guayaquil hasta Lima estaban sobre este particular en un estado tan malo que en los cuerpos de guardia de cada una, donde se juntaban las milicias y se guardaban las armas, sólo se veían pedazos de palo con espigas de hierro atadas a la punta, queriendo ser lanzas; cañones viejos de escopetas y arcabuces antiguos sin llaves ni más cajas que un pedazo de palo contra el cual estaban amarrados con un cordel, de suerte que algunas veces los vimos. disparar teniéndolo uno y apuntado, mientras que otro le ponía fuego. Por este tenor estaba todo, de suerte que, aunque había gente, no podía hacer nada cuando llegase el caso de salir a función por falta de armas. No se ha de entender que era esto sólo en los pueblos pequeños, donde debía parecer menos extraño, sino en las ciudades y lugares grandes, como Piura, Lambayeque, Trujillo y las demás. Pues en Trujillo consistía el cuerpo de guardia principal, que estaba en las casas del Cabildo y Caja Real, haciendo frente a una de las fachadas de la plaza, en dos cañoncitos de a libra de calibre, de bronce, y hasta 10 ó 12 cañones de escopetas viejas y arcabuces antiguos, atados a pedazos de palo en la forma que queda dicho, y lo demás se reducía a lanzas, unas mal dispuestas, otras algo mejor, y, por la mayor parte, a palos largos, en la forma que se cortan del monte, con un pedazo de hierro agudo al extremo.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts