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Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte


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Llegados cerca de la mar hicieron sus jarcias, y cordeles de yerbas, y velas de las mantas en que dormían, y en esto tardaron catorce días, no comiendo sino lo que cada uno mariscaba, y mal proveídos salieron de este asiento a ocho de agosto del año de 1541, fueron a la vela guardando las mareas, llevando por rejones unas piedras, que muchas veces, cuando volvía la marea, volvían a tras; pero quiso Dios sacarlos de estos peligros, porque caminando por tierra poblada, los indios los daban maíz, y raíces, y los trataban bien; metieron agua en sus bergantines, en cántaros, y tinajas, y cada uno el maíz que tenía tostado, y raíces, y de esta manera se apercibieron para la mar, adonde la ventura los quisiese echar, sin piloto, ni aguja, ni otra cosa para poder entender la navegación ni sabían por qué parte, ni rumbo, habían de echar. Afirmaron los dos padres religiosos, que en este viaje se hallaron, que toda la gente de este río es de mucha razón, y de buenos ingenios, lo cual parecía así, por las obras que hacen de bulto, dibujos y pinturas de todas colores muy vivas. Salieron de la boca del río por entre dos islas que había, de la una a la otra cuatro leguas. Parecioles, según juzgaron desde arriba, que la boca del río tendría cincuenta leguas, y que metía el agua dulce en la mar más de veinte leguas, y que -405- crece y mengua cinco, y seis brazas. Y salieron a veinte y seis de agosto del año de 1541, con tan buen tiempo; que ni por el río, ni por la mar tuvieron aguaceros; navegaban por la mar a vista de tierra de día y de noche, guardándose de ella, y vieron muchos ríos que entraban en la mar, y habiéndose apartado el barco pequeño del grande una noche, nunca más le pudieron ver, y al cabo de nueve días de navegación, se metieron en el golfo de Paria; y aunque remaron siete días no podían salir, y su comida no era sino fruta, a manera de ciruelas que llaman hogos, y con este trabajo los sacó Dios por las Bocas del Grago, y al cabo de dos días que salieron de aquella cárcel, sin saber adonde estaban, ni adonde iban, ni lo que de ellos había de ser, aportaron a la isla de Cubagua a once de septiembre, habiendo dos días que había llegado el bergantín pequeño. En Cubagua fueron muy bien recibido, y regalados, y desde allí acordó el capitán Orellana de venir a dar cuenta al Rey de tan gran descubrimiento, certificando, que no era el río Marañón, según dijeron los de Cubagua, y muchos le llaman, el Dorado; y según el padre Carvajal refiere, navegaron por él mil y ochocientas leguas, contando las vueltas que hace.

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