Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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El día de la fiesta del Espíritu Santo, pasaron a vista de un gran pueblo de muchos barrios, y en cada barrio su desembocadero al río, adonde había mucha gente; y visto que los navíos se pasaban, se embarcó la gente en sus canoas, y por el d año que se les hacía con las ballestas, y arcabuces se volvieron. Otro día llegaron a otro pueblo, adonde se acabó el señorío de Paguana, y tomaron comida; y entraron en el dominio de otro señor de gente guerrera, cuyo nombre no supieron, y víspera de la Trinidad tomaron puerto en un pueblo, adonde los indios se defendían con grandes pavesas, y a su pesar entraron el pueblo y se proveyeron de comida, y luego por la mano izquierda vieron que entraba un río con el agua negra como la tinta, que en más de veinte leguas, por su fuerza hacía raya en la otra agua, sin mezclarse con ella, y vieron muchos pueblos, aunque no grandes, y entraron en uno, adonde hallaron mucho pescado, aunque fue menester ganar una puerta de una muralla de madera, que cercaba todo el lugar; y siguiendo su camino, pasaron por muy grandes poblaciones, y provincias, proveyéndose de comida; y cuando iban por la una vianda del río, por su anchura no veían la otra. Llegaron a un lugar adonde se tomó un indio, que dijo, que el señorío era de las amazonas, y en él hallaron una casa, adonde había muchas vestiduras de plumas de diversas colores, que vestían los indios para celebrar sus fiestas, y bailar. Pasaron luego por otras muchas poblaciones, estando los indios gritando, y llamando en la ribera, y a siete de junio tomaron tierra en un pueblo, sin resistencia, porque no había sino mujeres, y cargaron de mucho pescado que hallaron, y por las muchas importunaciones de los soldados, por ser víspera de Corpus Christi, acordó de -398- quedar allí; a puesta de sol vinieron los indios del campo, y hallando tales huéspedes, procuraron de los echar con las armas, pero los castellanos resistieron, y los maltrataron, y con todo eso el capitán Orellana quiso que la gente se embarcase, y prosiguió su camino, descubriendo siempre tierras pobladas, hasta topar otra gente más mansa, y pasando adelante descubrieron un gran pueblo, en el cual vieron siete picotas con cabezas de hombres clavados en ella, por lo cual la llamaran la provincias de las picotas; de este pueblo bajaban caminos empedrados con árboles de frutas puestos por los lados; y otro día hallando otro lugar de la misma manera, por la necesidad de comida hubieron de entrar en él, y los indios, por dejarlos desembarcar se escondieron, y cuando los vieron en tierra, los fueron a acometer, yendo delante su señor, o capitán; pero un ballestera le encaró, y derribó, con que todos huyeron, y hubo lugar de tomar comida de maíz, tortugas, patos y papagayos.
Con la buena provisión de mantenimientos que llevaban, se fueran a descansar en una isla, y de una india de buena razón, que aquí tomaron, se entendió, que la tierra adentro había muchos hombres como los castellanos, y dos mujeres blancas, con un señor, que los había llevado el río abajo, y se entendió, que podía ser de los de Diego de Ordás, o Alonso de Herrera, y navegando por poblaciones, sin tocar en ninguna, porque llevaban comida; al cabo de algunos días llegaron a otra gran población, por donde dijo la india, que se había de ir adonde estaban los cristianos; pero como no era su fin aquel, pasaron adelante. Salieron dos indios en una canoa, y estuvieron mirando los bergantines, y aunque los llamaron, no quisieron entrar, y al cabo de cuatro días fueron a tomar un pueblo, adonde los indios no se defendieron, y hallaron maíz, y avena de Castilla, de la cual los indios hacían vino a manera de cerveza, y hallose una bodega de este vino, y buena ropa de algodón, y un adoratorio con armas para la guerra, colgadas, y dos mitras, a manera de las obispales, tejidas de colores; y conforme a su costumbre; se fueron a dormir, -399- desde este pueblo a un monte de la otra banda del río, adonde acudieron muchos indios con canoas a inquietarlos.
A veinte y dos de junio descubrieron muchas poblaciones a la mano izquierda del río, y no pudieron pasar a ellas por la gran corriente. Miércoles siguiente hallaron un pueblo, por medio del cual pasaba un arroyo, y tenía una gran plaza, en él hallaron vitualla, y siempre descubrían lugares, que eran de pescadores, y en doblando una punta del río, descubrieron adelante muchos y muy grandes lugares, que estaban avisados de la ida de estos castellanos, y los salieron a recibir por el agua con mala intención; el capitán Orellana llamaba a los indios, y los ofrecía rescates, y cosillas; pero ellos se burlaban, y adelante había multitud de gente en diversas tropas. El capitán mandó, que los navíos se enderezasen adonde la gente estaba, para buscar comida, pero fue tanta la flechería que tiraron, que habiendo herido a cinco personas, y entre ellas al padre fray Gaspar de Carvajal, el capitán Orellana dio mucha priesa en zabordar con los navíos, y echar la gente en tierra, adonde pelearon los indios animosa, y porfiadamente, sin hacer caso de los muertos, y heridos; afirma el padre Carvajal, que se defendieron tanto estos indios, por ser tributarios de las amazonas, y que él, y los demás vieron diez, o doce de ellas, que andaban pelando delante de los indios, como capitanes, tan animosamente, que los indios no osaban volver las espaldas, y al que huía delante de las castellanos, le mataban a palos. Estas mujeres les parecieron muy altas, membrudas y blancas, con el cabello muy largo, trenzado, revuelto a la cabeza, en cueros, cubiertas sus partes secretas, con sus arcos, y flechas en las manos, de las cuales los castellanos mataron siete o, ocho, que fueron las que vieron, por lo cual huyeron los indios. Esto de las amazonas lo refiero, como lo hallé en los memoriales de esta jornada, reservando el crédito al albedrío de cada uno, pues no hallo, para ser estas mujeres amazonas, sino el nombre que estos castellanos las quisieron dar. Y porque acudía mucha -400- gente de los otros pueblos en su ayuda, se embarcaron con diligencia, y se alargaron, juzgando, que hasta aquel día tenían andadas mil e cuatrocientas leguas, sin saber lo que había hasta la mar, y aquí se tomó un indio trompeta de hasta treinta años, que refería muchas cosas de la tierra adentro; y cuanto a las amazonas, muchos juzgaron, que el capitán Orellana no debiera dar este nombre a aquellas mujeres que peleaban, ni con tan flacos fundamentos afirmar, que había amazonas, porque en las Indias no fue cosa nueva pelear las mujeres, y desembrazar sus arcos, como se vio en algunas islas de Barlovento, y Cartagena, y su comarca, adonde se mostraron tan animosas como los hombres.
Capítulo V
Del fin del descubrimiento del río de Orellana.
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