Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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En habiendo Guaynacaba ocupado a Túmbez, envió a mandar a Tumbála, señor de la Puná, que le obedeciese y contribuyese; y pesándole de trocar la preciada libertad, por tan terrible yugo, pues no solo se había de contribuir con las haciendas, sino con las mujeres, e hijas, y tener en casa extranjeros, y consentir fortaleza, se hubo de acomodar con la necesidad, aunque con fin de cobrar la libertad lo más antes que pudiese; para lo cual comenzó sus pláticas secretas con los amigos, y vecinos. Pasó en este tiempo Guaynacaba a la Puná, adonde fue muy servido. Poco tiempo después, hechos grandes sacrificios, deseando también muchos de la Tierra Firme vivir como sus pasados, y como siempre es el dominio extranjero muy grave, y pesado, hicieron su confederación con los de la Puná, y mataron a los del presidio, y robaron quanta era de los orejones. Este caso sintió mucho Guaynacaba; y no lo queriendo dilatar, envió ejército contra esta gente, que mató, con diversos géneros de muertes, muchos millares de hombres, empalados, ahogados, ahorcados, y de otras maneras; y acabando el castigo, mandó Guaynacaba, que los hombres que tenía destinados para ordenar las cosas para eterna memoria compusiesen cantares y romances, y los hiciesen aprender, para que se cantasen en tiempos de tristeza; y mandó que por el río de Guayaquil (que es muy grande) se hiciese una calzada, que no se acabó; y esta se llamó el paso de Guaynacaba; y cuanto a la naturaleza de la tierra, usos y costumbres; es como en las demás partes, de que se ha tratado.
La Isla de Puná, que está muy cerca de Túmbez, tendrá más de diez leguas de contorno, hubo en ella antiguamente más de doce mil indios guerreros, y eran ricos, porque hacían sal, y la vendían a Guayaquil, y pasaba al Quito, hasta Cali, y contrataban algodón, con que estaban ricos; y por causas livianas tenían guerras con sus comarcanos, y cruelmente se mataban, y robaban; y Topa Inga no los sojuzgó enteramente, hasta que lo hizo Guaynacaba. Es gente de mediano cuerpo, y morena; andan vestidos ellos, y sus mujeres, y traen grandes -367- vueltas de Chaquira por el cuerpo, y otras joyas, por andar galanes. Hay en esta isla grandes florestas, frutas, y mantenimientos, aves de todos géneros, no tiene agua dulce, y el invierno se sustenta de agua llovediza, y para el verano no tienen sino un pozo solo, y el ganado no bebe sino de tres a cuatro días, porque haya para todos, y tiene muchos venados, que con los salitrales engordan, y la ternera es tan buena como la de Panamá, y los cabritos mejores que en otra parte; van a sembrar a la Tierra Firme, y por agua dulce tienen buen puerto para dar monte, y limpia playa; y cuando Atahualpa se declaró contra su hermano Guascar, con grandes diligencias que hizo, procuró llevar a su devoción a los de la Puná, porque las provincias del Tito, que los castellanos dicen Quito, no podían pasar sin la sal de aquella isla, que entraba en la tierra, navegada en canoas, y balsas, hasta chimbo, por el río arriba, con la creciente de la mar. El señor de la Puná, acordándose de los malos tratamientos recibidos de los del Cuzco, en tiempo de Guaynacaba, como siempre los forzados y afligidos desean mudanza de gobierno, pensando mejorar con la novedad, sin considerar los daños venideros, porque tampoco querían perder el interés de la contratación, acordó de admitir la confederación, y dar obediencia a Atahualpa, y como Caribes, y corsarios robadores, sin temor de ofensa ninguna, porque tenían fortificada la isla con un muro en las surgideras, a donde las balsas enemigas no podían tomar tierra, con muchos fuertes de tierra, piedras, y madera, salieron a hacer la guerra a todos los de la comarca, a los cuales eran insensísimos; y en esta ocasión permitió Dios que llegasen los castellanos. Eran los señores de esta isla muy llorados, cuando morían, y los enterraban como los otros del Perú con criados, mujeres, y hijas. Eran dados a la religión, y vicios, y tenían oráculos del demonio; tenían los templos en partes ocultas y en las paredes esculpidas cosas espantables, sacrificaban animales y aves, y a veces hombres tomados en guerra. En la Isla de la Plata, que está cerca de esta, tenían un grande y devoto templo, a donde ofrecían muchas cosas de oro, y plata, y ropa: nace -368- en los términos de Guayaquil mucha cantidad de zarza parrilla, que sale como zarza, y por todos sus ramos echa unas pequeñas hojas; y muchos acudieron a beber el agua de este río, hinchados y llagados, que volvieron a sus casas sanos y libres de dolor; en muchas partes de las Indias hay esta raíz, pero la mejor es de Guayaquil y la de la Puná.
Fin del Libro Séptimo.
-369-
Libro Décimo
Capítulo XI
Que continua la relación de las cosas que hay para la vida humana en la provincia de San Francisco del Quito; y lo que han mejorado después de la entrada de los castellanos.
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