Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84
Email This Post
|
Print It
|
| 752 views
Llegado el indio, puntualmente hizo su embajada: y viendo Yrruminavi, que muchos se inclinaban a la paz, mandó llamar a todos los que le pudieron oír, y mostrando mucha indignación, en voz alta, y clara, dijo: «Estas cautelas de nuestros enemigos, no van encaminadas, sino a sacarnos el tesoro, que ellos piensan, que está en el Quito, para en apoderándose de ello, hacer lo mismo de nuestras mujeres, e hijos, e privarnos absolutamente de la libertad, como la experiencia de Caxamalca lo ha demostrado, a donde no contentos con esto, en haciendo sacado de Atahualpa lo que tenía, hasta sacrílegamente despojar los templos, le privaron de la vida. Estas cosas nos muestran, que por nosotros ha de pasar lo mismo, con tantas afrentas, y deshonras, que antes que verlas, no quisiéramos ser nacidos; y pues que nuestras muertes han de ser a sus manos, padeciendo tan cruel, y terrible servidumbre, viendo con nuestros ojos nuestra infamia, cumpliendo sus deseos, obedeciendo a sus desatinos, y ejecutando, como en esclavos, sus tiranías, mejor es que muramos luego por sus manos, con sus armas, y debajo de sus caballos, quedándonos a lo menos este contento, de haber (por la defensa de nuestros dioses, de la patria, y de la libertad) hecho nuestro deber, como honrados y valientes». Todos loaron su consejo, llamándole Atundapo, que es nombre de gran Señor; -339- y con grande ira mataron al mensajero, y le rompieron la cruz, habiendo sido costumbre en el Perú de los castellanos, cuando enviaban a los indios mensajeros, darles una cruz, porque con esta santísima señal, se han visto en las Indias grandísimos efectos.
El número de volcanes, que al en las Indias, es grandísimo, y cosa monstruosa, y contra todo curso natural, que echen de sí tanta materia, algunos tienen opinión, que estos volcanes van gastando la materia interior, y que tendrán fin, en habiéndola gastado; y en verificación de esto, se ven algunos cerros, de donde se saca piedra quemada, y liviana, aunque recia, y buena para edificios. Contra esta opinión, se dice, que no se puede creer, que sea lo mismo en todos los volcanes, pues la materia que echan, es casi infinita, y que junta no la pueden tener en sus entrañas; allende de que hay volcanes, que en infinitos años se están en un ser, y que con la misma igual echan fuego, humo, y ceniza; y los que mejor lo sienten, dicen, que como hay en la tierra lugares, que tienen virtud de atraer a si materia vaporosa, y convertirla en agua, que son las fuentes, que siempre manan, porque atraen así la materia del agua; también hay lugares, que tienen propiedad de atraer a sí exhalaciones secas, y cálidas, que convirtiéndose en fuego, y humo, con la fuerza, echan también otra materia gruesa, que se resuelve en ceniza, o en piedra pómez, o semejante; y esta lo aprueba el ver, que a tiempos echan fuego, y a tiempos humo, y no siempre, porque es según lo que ha podido atraer, y digerir, como las fuentes, que en verano menguan, y en invierno crecen, y así los volcanes echan más, y menos fuego, en diversos tiempos.
Están los aposentos de en la provincia de los Puruaes, que es de buena gente, que andan vestidos hombres, y mujeres, y tienen las costumbres de sus comarcanos, llevando las señales dichas en las cabezas, para ser conocidos, y traen por la mayor parte los cabellos muy largos, y se los entrenzan bien menudamente. En la religión, sacrificios, y sepulturas, guardan lo que los otros del Perú, salvo, que algunos las hacen en sus casas, -340- y heredan los señoríos el hijo de la hermana, y no del hermano; algunos de estos confinan con el río de Marañón, y con la sierra de Tinguragua, y aunque tienen lengua propia, hablan la general del Cuzco.
Los famosos aposentos de Tomebamba están situados en la provincia de los Cañaris, y eran de los más ricos del Perú, con los mayores, y más primos edificios, a su Poniente está la provincia de Guanca Vilcas, términos de la ciudad de Guayaquil, y Puerto Viejo, y a su Levante, el gran río de Marañón; están los aposentos de Tomebamba asentados, a donde se juntan dos pequeños Ríos en un llano, de doce leguas de contorno, en tierra fría, y bastecida de mucha Caza. El Templo del Sol era labrado de grandes piedras, algunas negras, y otras jaspeadas, en las portadas había finísimas piedras de esmeraldas, y las paredes, por de dentro, estaban chapadas de oro, y entalladas muchas figuras. La cobertura era de paja, tan compuesta, y asentada, que no la gastando el fuego, duraba muchos años. Las mamaconas, vírgenes para el servicio del templo, eran más de docientas, y todo lo gobernaba un mayordomo del Inga, y proveía de lo que era menester; y junto a los templos, y palacios del Inga había aposentos, con las municiones, y bastimento, que eran los depósitos, y a donde se aposentaba la gente de guerra. Los naturales de esta provincia, que son los Cañaris, es gente de buen cuerpo, y rostro; traen los cabellos muy largos, revueltos a la cabeza, y con una corona redonda de palo, delgada, como aro de cedazo, se conoce ser Cañaris; y las mujeres, también en la compostura de los cabellos son conocidas. Visten como los maridos, y traen en los pies hojotas ellos, y ellas, y son hermosas, y para mucho, porque labran la tierra, y la cultivan, y los maridos suelen estar en casa hilando, y aderezando sus armas, y haciendo otros oficios afeminadas. Y después que Atahualpa usó con ellos aquella gran crueldad, que se ha referido, quedaron en aquella provincia quince veces más mujeres, que hombres. Es fértil de todo, el hijo de la mujer principal, es el heredero. Su religión es, como la de los otros, y usan lo mismo con los muertos. Eran grandes agoreros, y hechiceros, y ya son -341- todos cristianos. Hay en esta provincia ricas minas de oro, en ella se siembra trigo, y cebada, y se dan las frutas de castilla, y de la tierra las hay buenas, y desde San Francisco del Quito, a esa provincia, o a los palacios de Tomebamba, al cincuenta y cinco leguas; y dejando aquí la jornada de Sebastián de Benalcázar, se volverá a don Francisco Pizarro.
Libro Sexto
Capítulo I
Que el adelantado don Pedro de Alvarado va con su armada, la vuelta del Perú, y desembarca la gente en la bahía de los Caraques, y se resuelve de ir al Quito.
Vuelta la orden del Rey, que tanto había esperado don Pedro de Alvarado, y solicitado el obispo don Sebastián Ramírez, para que no impidiese a don Francisco Pizarro sus descubrimientos, aunque, como queda referido, el Rey mandaba, que el adelantado enviase sus navíos a Poniente, o navegase a las Islas de la Especería, conforme a la instrucción, que dio desde el principio, ordenando, que no entrase en ninguna parte descubierta por otros, ni que estuviese dada en gobernación, como ya eran mayores las nuevas de las riquezas del Perú, y ya se veían efectivamente grandes muestras de ellas, no se quiso apartar de su primero propósito, pareciéndole tan bien, que daba en ello mucho contento a la gente que lo deseaba; y entretanto que el armada acababa de aprestarse, envió a García Holguín, caballero de Cáceres, en un navío, para que tomase lengua de lo que había, y de lo que era la tierra, y halló tan grandes corrientes, y los -344- vientos tan contrarios, que no pudo pasar de Puerto Viejo, adonde entendió, que el adelantado don Francisco Pizarro andaba en la sierra, y tuvo grandes avisos de la riqueza, y prosperidad de la tierra.
Volvió García Holguín con este aviso, y halló, que el adelantado don Pedro de Alvarado estaba ya en el puerto de la posesión, y que tenía consigo al piloto Juan Fernández, de quien se dijo, que había andado con Sebastián de Belalcázar, y que fue uno de los que se volvieron de Caxamalca, el cual le había informado, que se tenía entendido, que en el Quito había grandes riquezas, y que aquella provincia no estaba ocupada por don Francisco Pizarro, ni caía en su distrito, con que se le había acrecentado la voluntad de hacer su jornada por aquella parte. Y ya se hallaba don Pedro de Alvarado con quinientos soldados muy bien armados, que llevaban docientos y veinte y siete caballos; y aunque había hecho diligencia por navíos, hasta enviar a Guatemala a comprar uno del Almoneda de Pedrarias, que allí se hacía, tuvo mucha falta de embarcación, porque se dejaron de embarcar más de otros docientos hombres; y los principales, que iban en esta armada, eran Gómez de Alvarado, y Diego de Alvarado, hermanos del adelantado, Garcilaso de la Vega, don Juan Enríquez de Guzmán, Luis de Moscoso, Lope de Idiaquez, Alonso de Alvarado; Gómez de Alvarado, de Zafra, Alonso de Alvarado Palomas, el capitán Benavides, Pedro de Añasco, Antonio Ruiz de Guevara, Francisco de Morales, Juan de Saavedra, Francisco Calderón, Miguel de la Serna, Francisco García de Tobar, Juan de Ampudia, Pedro de Puelles, Gómez de Estacio, García Holguín, Sancho de la Carrera, Pedro de Villarreal, el licenciado Caldera, Pedro de Villarreal, Diego Pacheco, Christóval de Aiala, Lope Ortiz de Aguilera, Juan de Rada, natural de Navarra, hombre de ingenio no vulgar, y otros muchos caballeros, y personas de cuenta, cuyos nombres no se hallan
Related posts
Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84











About



Leave a Comment
You must be logged in to post a comment.