Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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Después desto, se tuvo noticia en el Perú que en la tierra de Quito, hacia la parte del oriente, había un descubrimiento de una tierra muy rica y donde se criaba abundancia de canela, por lo cual se llamó vulgarmente la tierra de la canela. Y para la conquistar y poblar determinó el Marqués enviar a Gonzalo Pizarro, su hermano; y porque la salida se había de hacer desde la provincia de Quito, y allí habían de acudir y proveerse de las cosas necesarias, renunció la gobernación de Quito en Gonzalo Pizarro, en confianza que Su Majestad le haría merced della; y así, se partió para allá Gonzalo Pizarro con mucha gente que para este descubrimiento llevaba, y en el camino le convino pelear con los indios de la provincia de Guanuco, que le salieron de guerra, y le pusieron en tanto aprieto, que fue necesario que el Marqués enviase en su socorro a Francisco de Chaves; y así llegó Gonzalo Pizarro a Quito. Y en este tiempo el Marqués envió a Gómez de Alvarado a conquistar y poblar la provincia de Guanuco, porque della habían ido ciertos caciques llamados los conchucos, con mucha gente de guerra, sobre la ciudad de Trujillo, y mataban cuantos españoles podían, y aun robaban y hacían mucho daño en los mismos indios sus comarcanos, y los que mataban y lo que robaban lo ofrescían todo a un ídolo que consigo traían, que llamaban la Cataquilla. Y así anduvieron hasta que de la ciudad de Trujillo salió Miguel de la Serna, vecino della, con la gente que pudo sacar, y juntándose con Francisco de Chaves, pelearon con los indios hasta que los vencieron y desbarataron.
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Capítulo II
De cómo Gonzalo Pizarro partió de Quito y llegó a la Canela, y de lo que acaesció en el camino.
Habiendo aderezado Gonzalo Pizarro las cosas necesarias para su viaje, partió de Quito, llevando consigo quinientos españoles bien aderezados, los ciento de caballo con dobladura, y más de cuatro mil indios amigos, y tres mil cabezas de ovejas y puercos. Y después que pasó una población que se llamaba Inga, llegó a la tierra de los quijos, que es la última que conquistó Guaynacaba hacía la parte del septentrión, donde los indios le salieron de guerra, y en una noche desaparecieron todos, que nunca más ninguno pudieron haber. Y después de haber allí reposado algunos días en las poblaciones de los indios, sobrevino un tan gran terremoto con temblor y tempestad de agua y relámpagos y rayos y grandes truenos, que, abriéndose la tierra por muchas partes, se hundieron más de quinientas casas; y tanto cresció un río que allí había, que no podían pasar a buscar comida, a cuya causa padescieron gran necesidad de hambre. Y después de partidos destas poblaciones, pasó unas cordilleras de sierras altas y frías, donde muchos de los indios de su compañía se quedaron helados. Y a causa de ser aquella tierra falta de comida, no paró hasta una provincia llamada Zumaco, que está en las faldas de un alto volcán, donde, por haber mucha comida, reposó la gente, en tanto que Gonzalo Pizarro, con algunos dellos, entró por aquellas montañas espesas a buscar camino; y como no le halló se fue a un pueblo que llamaron de la Coca, y de allí envió por toda la gente que había dejado en Zumaco, y en dos meses que por allí anduvieron, siempre les llovió de día y de noche, sin que les diese el agua lugar de enjugar la ropa que traían vestida. Y en esta provincia de Zumaco, y en cincuenta leguas al derredor, hay la canela de que llevaban noticia, que son unos grandes árboles con hojas como de laurel, y la fruta -297- son unos racimos de fruta menuda que se crían en unos capullos; y aunque esta fruta y las hojas y corteza y raíces del árbol tienen sabor y olor y sustancia de canela, pero la más perfecta es aquellos capullos que son de hechura (aunque mayores) de los capullos de bellotas de alcornoque; y aunque en toda la tierra hay muchos deste género de árboles silvestres que nascen y fructifican sin ninguna labor, los indios tienen muchos dellos en sus heredades y los labran, y así nasce dellos más fina canela que de los otros; y tiénenla ellos en mucho, porque la rescatan en las tierras comarcanas por los mantenimientos y ropa y todas las otras cosas que han menester para su sustentación.
Capítulo III
De los pueblos y tierras que pasó Gonzalo Pizarro hasta que llegó a la tierra donde hizo un bergantín.
Pues dejando Gonzalo Pizarro en esta tierra de Zumaco la mayor parte de la gente, se adelantó con los que más sanos y recios estaban, descubriendo el camino según los indios le guiaban, y algunas veces por los echar pie sus tierras les daban noticias fingidas de lo de adelante, engañándolos, como lo hicieron los de Zumaco, que le dijeron que más adelante estaba una tierra de gran población y comida, lo cual halló ser falso, porque era tierra mal poblada, y tan estéril, que en ninguna parte della se podía sustentar, hasta que llegó a aquellos pueblos de la Coca, que era junto a un gran río, donde paró mes y medio, aguardando la gente que en Zumaco había dejado, porque en esta tierra les vino de paz el -298- señor della. Y de allí caminaron todos juntos el río abajo, hasta hallar un saltadero que en el río había de más de docientos estados, por donde el agua se derriba con tan gran ruido, que se oía más de seis leguas, y dende a ciertas jornadas se recogía el agua del río en una tan pequeña angostura, que no había de una orilla a otra más de veinte pies, y era tanta la altura desde las peñas hasta llegar al agua, como la del saltadero que hemos dicho, y de una parte y de otra era peña tajada, y en cincuenta leguas de camino no hallaron por donde pasar sino por allí, que les defendían los indios el paso, hasta que, habiéndolo ganado los arcabuceros, hicieron un puente de madera, por donde seguramente pasaron todos. Y así, fueron caminando por una montaña hasta la tierra que llamaron de Guema, que era algo rasa y de muchas ciénagas y de algunos ríos, donde había tanta falta de comida, que no comía la gente sino frutas silvestres, hasta que llegaron a otra tierra donde había alguna comida y era medianamente poblada. Y los indios andaban vestidos de algodón, y en todas las otras tierras que habían pasado andaban en cueros, o por el demasiado calor que a la continua había, o porque no alcanzan ropa; solamente traían atados los prepucios con unas cuerdas de algodón por entre las piernas (que se iban a atar a unas cintas que traen ceñidas por los lomos), y las mujeres traían pañetes, sin otro ningún vestido. Y allí hizo Gonzalo Pizarro un bergantín para pasar a la otra parte del río a buscar comida y para llevar por el río abajo la ropa y otros fardajes y a los enfermos, y aun para caminar él por el río, porque en las más partes, a causa de ser la tierra tan anegada, que aun con machetes y hachas no podían hacer el camino. Y en hacer este bergantín pasaron muy gran trabajo, porque hubieron de cimentar fraguas para el herraje, en lo cual se aprovecharon de las herraduras de los caballos muertos, porque ya no había otro hierro, y hicieron hornos para el carbón. Y en todos estos trabajos hacía Gonzalo Pizarro que trabajasen; desde el mayor hasta el menor, y él por su persona era el primero que echaba mano de la hacha y del martillo; y en lugar de brea se aprovecharon -299- de una goma que allí distilan los árboles, y por estopa usaron de las mantas viejas de los indios y de las camisas de los españoles, que estaban podridas de las muchas aguas, contribuyendo cada uno según podía. Y así, finalmente, dieron cabo en la obra y echaron el bergantín al agua, metiendo en él todo el fardaje; y juntamente con él hicieron ciertas canoas, que llevaban con el bergantín.
Capítulo IV
De cómo Francisco de Orellana se alzó y fue con el Bergantín, y de los trabajos que sucedieron a causa desto.
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