En aquella relación que he dicho que escribió fray Gaspar de Carvajal, que está puesta en el capítulo XXIV del último libro destas historias de Indias entre otras cosas notables dice que hay señorío de mujeres que viven por sí sin varones, e militan en la guerra, e son poderosas e ricas e poseen grandes provincias. Ya en -260- algunas partes de aquesta General historia de Indias, se ha fecho memoria de algunas regiones, donde las mujeres son absolutas señoras, e gobiernan sus Estados, e los tienen en justicia, y ejercitan las armas, cuando conviene, así como aquella reina llamada Orocomaya, como lo dije y escrebí en el libro XXVI, capítulo X. E asimesmo en lo de la gobernación e conquista de la Nueva Galicia, como queda dicho en el libro XXXIV, capítitulo VIII del señorío de Ziguatan, e allí se pueden llamar amazonas (si a mí me han dicho verdad); pero no se cortan la teta derecha, como lo hacían las que los antiguos llamaron amazonas, según lo testifica Justino, el cual dice que se quemaban la teta derecha, porque no les estorbase al tirar con el arco. Lo uno e lo otro que en estas mis historias se ha tocado de los señoríos de Orocomay e de Ziguatan es poco, a respecto de lo questos que vinieron por el río Marañón dicen que se platica de las questos llaman amazonas. De un indio queste capitán Orellana trujo (que después murió en la isla de Cubagua), tovieron información que en la tierra questas mujeres son señoras, se contienen e incluyen más de trescientas leguas pabladas de mujeres, sin tener hombre consigo: de lo cual todo es reina e señora una sola mujer, que se llama Conori: la cual es muy obedescida e acatada e temida de sus reinos e fuera dellos, en los que le son camarcanos; e tiene subjetas muchas provincias que la obedescen e tienen por señora e la sirven, como sus vasallos e tributarios: los cuales están poblados, así como aquella región, que señorea un gran señor, llamado Rapio. E otra que tiene otro príncipe, que se dice Toronoy. E otra provincia que tiene otro señor que llaman Yaguarayo . E otra que tiene otro, que se dice Topayo. E otra que señorea otro varón Güenyuco. E otra provincia, quella, o el señor, cuya es, se llama Chipayo; e otra provincia que tiene otro señor que se dice Yaguayo.
Todos estos señores o príncipes son grandes señores e señorean mucha tierra, e son subjetos a las amazonas (si amazonas se deben decir) e las sirven e a su reina -261- Conori. Este Estado destas mujeres está en la Tierra Firme, entre el río Marañón y el río de la Plata, cuyo propio nombre es Paranaguazu.
A la mano siniestra de cómo estos españoles e su capitán Francisco de Orellana venían por el río Marañón abajo, dicen que está un gran señor frontero de la tierra de las amazonas, el río enmedio; el cual príncipe se llama Caripuna, el cual sojuzga e tiene mucha tierra; e son subjetos a él otros muchos señores que le obedescen, y es la tierra suya muy rica de plata. Pero porque la claridad e particular inteligencia no se sabe más puntual al presente, quise poner aquí esto, no porque competa a la gobernación de Quito, sino para acuerdo de lo que adelante subsediere e conviniere escrebirse, cuando estas regiones e provincias mejor estén sabidas e vistas, e porque, como dicha es, por estos hidalgos españoles que salieron de Quito se ha sabido e descubierto lo ques dicho. E así para lo mejor entender, consejaría yo al lector que llegando con su lesión hasta aquí, sin proceder adelante, vea el capítulo XXIV desta General historia de Indias, para que quede más satisfecho del descubrimiento deste río Marañón e de lo que en él vieron el capitán Francisco de Orellana e los que con él se hallaron en tan grande e tan nueva e peligrosa navegación. E atendamos en lo demás a lo quel tiempo mostrare e nos diere aviso, para que se aumente la historia del Marañón e también la de Quito, de que especialmente aquí se tracta.
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Capítulo V
En que se tracta el mal subceso e muerte del capitán Francisco de Orellana e de otros muchos, que arrimados a sus palabras perdieron las vidas.
Este capitán Francisco de Orellana fue con cuatrocientos y más hombres y una gentil armada proveído por adelantado e Gobernador del río Marañón; e tocó en las islas de cabo Verde, donde así de enfermedades como por su mal recabdo perdió mucha parte de la gente que llevaba. E coma pudo, non obstante sus trabajos, pasó adelante en busca de aquellas amazonas, quél nunca vido e pregono por España, con que sacó de sentido a cuantos cobdiciosos le siguieron; y al cabo llegó a una de las bocas con quel río Marañón entra en la mar. E allí murió él y la mayor parte de la gente que llevaba; y esos pocos que quedaban, aportaron después perdidos a nuestra Isla Española, como se dijo de suso. E por que este capitán ninguna cosa hizo que sea digna de loársele ni de que merezca gracias, bástenos, lector, esta breve relación del mal evento queste caballero hizo, y que sus malos pensamientos se acabaron, conforme al seso que los movió. E pasemos a otras historias sangrientas e desabridas, quel tiempo nos trae a la memoria e discurso desta mi ocupación.
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Agustín de Zárate
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Biografía de Agustín de Zárate
No fue Agustín de Zárate cronista de Indias, ni recibió, encargo especial alguno para consignar por escrito los sucesos de que tuvo noticia en América, pero su Historia del descubrimiento y conquista del Perú y de las guerras y cosas señaladas en ella, compuesta por impulso irresistible de su espíritu y vocación indudable para la narración histórica, han permitido a las letras castellanas tener, en hora feliz, un monumento de valor perdurable.
El benemérito don Enrique de Vedia que en 1853 ordenó los dos tomos de Historiadores Primitivos de Indias, dentro de la, «Biblioteca de Autores Españoles», con lo que prestó servicio invalorable a la cultura, dijo al hablar de Zárate que era su obra «una de las más bellas desde el punto de vista histórico y quizá la primera de nuestra lengua». De su autor aseveró que merecía ser tenido como «autoridad respetable en alto grado, en cuanto a los sucesos de que trata». Juicioso, conciso e imparcial, llama a Zárate -266- el publicista francés Eyries, que le dedica un importante estudio en la Biografía Universal, publicada por Michaud en París el año de 1828, y a la que hay que acudir siempre, como a una de las fuentes más serias en la materia a que ella está consagrada. Por su parte Guillermo Hickling Prescott, al hablar de Zárate en su Historia de la Conquista del Perú, dice que «su obra ocupa lugar preminente entre las más respetables autoridades, para la historia de aquel tiempo».
No conocemos ni el año ni el lugar de nacimiento de Agustín de Zárate y sólo sabemos por su propio testimonio, que habiendo servido durante quince años el cargo de secretario del Consejo Real de Castilla, en 1543 el emperador Carlos Quinto y el Consejo de Indias dispusieron que pasara al Perú, «a tomar cuentas a los oficiales de la Hacienda real que no las habían rendido en ningún tiempo».
Se embarcó el primero de noviembre de 1543 en San Lucar y llegó en enero de 1544 a nombre de Dios. Como anota Vedia, aunque no tuviéramos otro dato, la importancia de la comisión que traía a América, bastaría para apreciar la inteligencia, el seso y la prudencia de Zárate.
Partió nuestro autor al Perú en compañía del virrey Blasco Núñez Vela, cuando comenzaba la rebelión de Gonzalo Pizarro. Sin perjuicio de atender las funciones de su cargo, en extremo delicadas, iba observando atentamente y consignando por escrito los acontecimientos de esos días. Él mismo nos dice que lo hacía con gran reserva y cautela, porque Francisco de Carvajal había amenazado con la muerte al que se atreviera a relatar sus hazañas, seguramente, dice Zárate, convencido de que sus hechos «eran más dignos de la ley del olvido, que los atenienses llaman amnistía, que no de memoria ni perpetuidad».
Zárate estuvo en el Perú, escribe Porras Barrenechea, antes que Cieza, aunque publicara su obra dos -267- años después. Intervino nuestro autor activamente en los sucesos que relata y por ello su testimonio es muy valioso. Siguió el partido real en la disputa con Pizarro, luego de muerto Blasco Núñez de Vela, que con su carácter impetuoso y su falta de ductilidad y de tino, tantos desastres había provocado. En un momento dado Zárate tuvo que entrevistarse con Gonzalo Pizarro, para cumplir la delicada comisión que le dieron los oidores nombrados por el Virrey. Dice a este resp



















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