Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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Aquí este capitán e sus consortes publicaban que venían pobres, e que no fue en su mano volver al dicho -255- Gonzalo Pizarro, aunque quisieran, por la velocidad del río e por las caras que más largamente se declararán en la relación del fraile. Por manera que como quiera que lo pasase le fue forzado al Pizarro, desque se vido perdido, dar la vuelta para Quito; e hasta verse allí, por la falta de no hallar bastimento, se comieron más de cient caballos e muchas perros que llevaban; e así tornó a la cibdad de Sanct Francisco. Y escriben asimesmo que se decía que Gonzalo Pizarro dejaba poblado en alguna parte, e que fingía necesidades para recoger gente e caballos; e que su vuelta a Quito era por saber qué tal estaba la tierra, y entender las cosas del presidente Vaca de Castro e de don Diego de Almagro; pero túvose por más cierto queste capitán Gonzalo Pizarro volvió perdido, porque de doscientos e treinta hombres, que llevó, no tornaron sino ciento, maltractados y enfermos los más; y esos e los que con Francisco de Orellana escaparon por el río se tienen por vivos, e todos los demás por muertos, que según la verdad fueron más de ochenta e siete; porque en el barco entraron con el Orellana más de los questos compañeros han dicho, cuyos nombres no me acuerdo.
Visto este siniestro; que se siguió a Gonzalo Pizarro, escriben asimesmo que se daba mucha priesa el capitán Sebastián de Benalcázar en se armar e proveer para ir en busca del Dorado: lo que en ello subcediere el tiempo lo dirá, para que se acomule y escriba donde especialmente se tracta de aquella su gobernación de Benalcázar; e para allí se quede e tornemos a nuestra historia de Quito e a la relación queste capitán Francisco de Orellana e sus consortes dan de aquellas tierras.
-256-
Capítulo III
En que se da la relación de la calidad de la tierra e gente de la provincia de Quito, e que cosa son los árboles de la canela quel capitán Gonzalo Pizarro e los españoles vieron, e de la grandeza del río Marañón, e de las islas muchas que en el hay.
La tierra de Quito es fértil e muy poblada, e la gente natural de aquella provincia es sus comarcas belicosa e de buena dispusición, e la cibdad de Sanct Francisco, ques el principal pueblo de cristianos en aquella gobernación, está en algo menos de cuatro grados de la otra parte de la línea equinocial.
En sus batallas e guerras usan los indios traer banderas, y escuadras bien ordenadas, e muchas trompetas e gaitas o ciertos instrumentos musicales, que suenan muy al propósito como gaitas e atambores e rabeles; e sus personas con hermosos penachos: pelean con varas y estoricas e lanzas de treinta palmos e con piedras e hondas.
Supe deste capitán Orellana e sus consortes que la tierra de los árboles de la canela está de Quito septenta leguas al Oriente, e al Poniente de Quito está la Mar del Sur e la isla de la Puna cinquenta leguas, poco más o menos. La hoja destos árboles es muy buena especia, y el vasillo de la bellota que echa por fructo; pero ni la bellota ni la corteza del árbol no es tan buena. Son árboles tan altos como olivos, e la hoja como de laurel, algo más ancha: la color de la hoja es más verde que la del olivo, e vuelve sobre color amarilla. Los árboles que los españoles vieron en este viaje de Gonzalo Pizarro, fueron pocos e bien lejos unos de otros, en sierra estéril e fragosa; de la cual especia quedaron, muy satisfechos cuanto al sabor e bondad della, de muy fina canela, puesto que de otra hechura que la que hasta aquí suele llevarse a España e Italia de Levante e usa por el mundo. -257- La forma de aquesta, digo de aquellos vasillos del fructo, ques lo mejor della, ya yo lo escribí en el Libro IX, capítulo XXXI, y aun debujé la forma dellos. Pero muy descontentos los dejó a estos milites la poca cantidad que hallaron desta canela, e de aquí resultó que algunos han dicho ques muy poquita, e otros dicen lo contrario, porque se lleva a muchas partes e provincias; pero mucha o poca el tiempo lo mostrará, como mostró el oro en esta nuestra Isla Española, donde pasaron algunos años después que los españoles acá vinieron, que no hallaron sino poco oro, e después se descubrieron e hay muchas minas riquísimas y en muchas partes de la isla, e se han sacado innumerables millares de pesos de oro o nunca se agotará ni acabará hasta la fin del mundo; y con esto podría ser que también acaezca en la abundancia de aquesta canela.
De la grandeza del río Marañón me certificaron el capitán Francisco de Orellana e sus consortes, que aquí vinieron, que mil e doscientas leguas antes que allegue a la mar trae de anchura dos e tres leguas en partes; e así como venían por él abajo, siempre se ensancha e aumenta su latitud, a de causa de otras muchas aguas e ríos que de una e otra parte en ambas sus castas se lanzan en él; e que septecientas leguas antes de llegar a la mar tiene la latitud diez leguas e más. E de ahí adelante cresce su anchura más e más hasta la mar, donde entra por muchas bocas, haciendo muchas islas, el número de las cuales ni destas islas estos descubridores no supieron ni pudieron por entonces comprender. Pero todos afirman que en las bocas todas hasta la costa firme al Oriente e Poniente, lo que queda enmedio se puede decir ques el río, e son cuarenta leguas o más de boca e agua dulce, y ésta entra rompiendo la salada; e apartados de la costa más de otras veinte e cinco leguas se coge agua dulce de la que sale del dicho río.
Hallaron e vieron innumerables islas pobladas e llenas de gente de diversas armas, e unas que pelean con varas y estoricas e macanas, y en otras con arcos e flechas; pero los flecheros no tienen hierba hasta los que -258- están doscientas leguas de la mar, porque de allí abajo tiran con ella e la usan de diabólica e pésima ponzoña.
Todas aquellas gentes son idólatras, e adoran el sol, e ofrécenle palomas e tórtolas e chicha, ques el vino que beben fecho de maíz e de cazabi e otros sus brebajes: e pónenlo delante sus ídolos, que son unas estatuas e personajes de grandes estaturas. Sacrifican de sus enemigos algunos de los que toman en la guerra desta manera: córtanles las manos por las muñecas e a otros por los cobdos, e así los tienen hasta que se mueren; e después de muertos ásanlos en barbacoas o parrillas, e hácenlos polvos y échanlos al viento; e también de sus prisioneros reservan algunos, para se servir dellos por esclavos. No comen carne humana en todo el dicho río hasta los flecheros de la hierba, que son caribes e la comen muy de grado.
Cuando se mueren los naturales (en las provincias más arriba de los flecheras) amortájanlos en mantas de algodón, y entiérranlos en sus mesuras casas. Son gente bien proveída, e guardan los bastimentos para entretanto que cogen, e tien[en] otros en cámaras altas o barbacoas levantadas sobre tierra un estado e como les place que sean altas; e tienen allí su maíz e bizcocho, que hacen de maíz e de cazabi revuelto o junto de una pasta, e mucho pescado asado, e muchos manatís, e carne de venado.
En sus casas son ataviados, e tienen esteras muy gentiles de palma e mucha loza e muy buena. Duermen en hamacas: las casas están muy barridas e limpias e son de madera e cubierta de paja. Esto de las casas es en la costa o cerca de la mar; y en algunas partes el río arriba son de piedra: las puertas de las casas las tienen hacia donde sale el sol, por algún respecto cerimonioso.
La tierra de Quito es fértil de los mantenimientos ya dichos e asimesmo de todas las fructas que se saben de la Tierra Firme; y es sana e de buenos aires e buenas aguas e templada, e los indios bien dispuestos e de mejor color o no tan loros como los de la costa de la Mar -259- del Norte. Hay muchas e buenas hierbas e algunas como las de nuestra España; e las questos españoles compañeros de Orellana y él dicen que han visto son hierba mora, hervena, verdolagas, albahacas; mastuerzo, cerrajas, cardos de comer, poleo e zarzamoras; e otras muchas se cree questos no conocen e quel tiempo las manifestará. De los animales dicen que hay muchos ciervos, e gamas, e vacas, beoris, e osos hormigueros, e conejos, e pericos ligeros, e tigres; e leones, e todos los otros que son comunes en la Tierra Firme, domésticos e salvajes (así como de aquellas, ovejas grandes del Perú e de las otras menores), y encubertados, e zorrillas de las que hieden, e churchas, e de los perros de la tierra, que no ladran.
Capítulo IV
En el cual se tracta del señorío de la reina Conori e de las amazonas, si amazonas se deben decir, e de su estado e mucha potencia e gran señorío, e de los señores e príncipes que le son subjetos a la dicha reina; e del gran príncipe llamado Caripuna, en cuyo señorío dicen que hay mucha abundancia de plata e de otras cosas, con que se da fin a la relación de los descubridores, que navegaron el río Marañón con el capitán Francisco de Orellana.
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