Skip to content

Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (30 votes, average: 3.17 out of 5)
Loading ... Loading ...



a de salud.
El 23 de junio de 1554, Juran de Llerena copió de su mano las últimas disposiciones de Pedro de Cieza, para su testamento, pues éste ya no podía escribir, aunque conservaba pleno entendimiento y lucidez de mente. En ese testamento mandó limosnas para los niños de la doctrina cristiana; para las monjas de la Concepción y para otras monjas más; para hospitales e iglesias, en especial para los de su ciudad natal: Llerena.
De la difusión de la Crónica del Perú, sabemos, por el mismo testamento, que en Medina del Campo Juan de Espinosa vendió ciento treinta ejemplares; en Toledo, treinta Juan Sánchez de Andrade, y ocho Diego Gutiérrez de los Ríos en Córdoba. Juan de Cazalla, de Sevilla, se encargó de vender más de cien ejemplares. También se enviaron ejemplares a Honduras y a Santo Domingo.
Ordenó misas rezadas por el alma de los indios, de los sitios y lugares de Indias donde él estuvo.
Ordenó Cieza que todos los manuscritos que él dejaba sobre asuntos de Indias, se depositaran en una arca con llave, en un convento, por el tiempo de quince años, sin que antes pudiera publicarse nada de ellos. Sus albaceas no cumplieron con lo ordenado y su hermano Rodrigo de Cieza realizó muchas gestiones para recaudar esos manuscritos extraviados indebidamente por los albaceas y a lo que parece hasta ahora, en parte definitivamente perdidos.
No hay duda de que quien aprovechó más de los papeles de Cieza fue Antonio de Herrera, nombrado Cronista Real en mayo de 1596, así como lo hizo con la de las Indias de Las Casas, con la Crónica de la Nueva España, de Cervantes de Salazar y con tantas y tantas otras obras, cuya desaparición hace que aquellas famosas Décadas tengan valor excepcional, -49- como repositorio de las cosas ajenas. Los autores despojadas por Herrera, quedan relegados al anonimato y sólo en raras ocasiones la fuente de donde ha tomado sus noticias.
Maticorena Estrada recuerda que la distribución de la obra de Cieza es la siguiente:
Primera parte: La Crónica del Perú.
Segunda parte: Señorío de los incas.
Tercera parte: Descubrimiento y conquista, del Perú.
Cuarta parte: Las Guerras Civiles del Perú.
Esta parte se divide en cinco libros:
Primer Libro: Guerra de las Salinas.
Segundo Libro: Guerra de Chupas.
Tercer Libro: Guerra de Quito.
Todos estos publicados ya.
No se han encontrado aún los libros Cuarto y Quinto de las Guerras Civiles, o sea los de Huarinas y de Jaquijaguana, y los dos Comentarios finales que tampoco se conoce. -El doctor Rafael Loredo ha sostenido que el libro de Huarinas debió quedar a medio hacer y tal vez ocurrió lo propio con el de Jaquijaguana.
La vida de Cieza fue muy corta, oscura y diligente; fecunda y fatigosa, proyectada en una búsqueda interior llena de armonía y de equilibrio; pera contenida por una resignación sencilla y melancólica. Queda determinada la fecha de su viaje a Indias, en junio de 1535. Vemos que la religiosidad es el soporte de su actitud ante los indios; su preocupación se ve colmada con la prematura muerte de su mujer; su vida, acabada por la enfermedad que reiteradamente había tenido. -50-
Conocemos su amistad hacia Bartolomé de Las Casas; su vinculación con Robledo, con Pedro Alonso de Carrasco y Alonso Canalla. Y se precisa también que avecindado en la calle de las Armas, en Sevilla, murió el día 2 de julio de 1554 y fue enterrado en la Iglesia de San Vicente.
En su «Descubrimiento del Río de las Amazonas, según la Relación hasta ahora inédita de fray Gaspar de Carvajal», al hablar de los autores que han escrito del viaje de Orellana, dice don José Toribio Medina:
Pedro Cieza de León, es otro de los historiadores del viaje de Orellana que se halla exactamente en mismo caso que Fernández de Oviedo. Su libro de la Guerra de Chupas, que contiene datos preciosos sobre el camino que anduvo Orellana desde su salida de Guayaquil hasta su reunión con Gonzalo Pizarro, que sería inútil encontrar en otra parte, ha permanecido inédito e ignorado mientras no se publicó la Colección de Documentos para la de España.

Las páginas a las que se refiere el gran polígrafo chileno las insertamos en este libro, pues, tenemos la suerte de poseer un ejemplar de la preciosa obra de Cieza, ahora al alcance de todos los estudiosos.

-[51]-
La Crónica del Perú nuevamente escrita por Pedro de Cieza de Léon
-[52]- -[53]-
Capítulo XXXIX
De los mas pueblos y aposentos que hay desde Carangue hasta llegar a la ciudad de Quito, y de lo que cuentan del hurto que hicieron los del Otabalo a los de Carangue.

Ya conté en el capítulo pasado el mando y grande poder que los ingas, reyes del Cuzco, tuvieron en todo el Perú, y será bien, pues ya algún tanto se declaró aquello, proseguir adelante.
De los reales aposentos de Carangue, por el camino famoso de los ingas, se va hasta llegar al aposento de Otabalo, que no ha sido ni deja de ser muy principal y rico; el cual tiene a una parte y a otra grandes poblaciones de indios naturales. Los que están al Poniente -54- destos aposentos son Poritaco, Collahuazo, los guancas y cayambes, y cerca del río grande del Marañón están los quijos, pueblos derramados, llenos de grandes montañas. Por aquí entró Gonzalo Pizarro a la entrada de La Canela que dicen, con buena copia de españoles y muy lucidos y gran abasto de mantenimiento; y con todo esto, pasó grandísimo trabajo y mucha hambre. En la cuarta parte desta obra daré noticia cumplida deste descubrimiento, y contaré cómo se descubrió por aquella parte el río Grande, y cómo por él salió al mar Océano el capitán Orillana, y la ida que hizo a España, hasta que Su Majestad lo nombró por su gobernador y adelantado de aquellas tierras.
Hacia el norte están las estancias o tierras de labor de Cotocoyambe y las montañas de Yumbo y otras poblaciones muchas, y algunas que no se han descubierto enteramente.
Estos naturales de Otabalo y Carangue se llaman los guamaraconas por lo que dije de las muertes que hizo Guaynacapa en la laguna, donde mató los mas de los hombres de edad; porque, no dejando en estos pueblos sino a los niños, díjoles guamaracona, que quiere decir en nuestra lengua, agora sois muchachos. Son muy enemigos los de Carangue de los de Otabalo; porque cuentan los mas dellos que, como se divulgase por toda la comarca del Quito (en cuyas términos están estos indios) de la entrada de los españoles en el reino y de la prisión de Atabaliba, después de haber recebido grande espanto y admiración, teniendo por cosa de gran maravilla y nunca vista lo que oían de los caballos y de su gran ligereza, creyendo que los hombres que en ellos venían y ellos fuese todo un cuerpo, derramó la fama sobre la venida de los españoles cosas grandes entre estas gentes; y estaban aguardando su venida, creyendo que, pues habían sido poderosos para desbaratar al Inga su señor, que también lo serían para sojuzgarlos a todos ellos. Y en este tiempo dicen que el mayordomo o señor de Carangue tenía gran cantidad de tesoro en sus aposentos, suyo y del Inga. Y Otabalo, que debía de ser cauteloso, -55- mirando agudamente que en semejantes tiempos se han grandes tesoros y cosas preciadas, pues estaba todo perturbado; porque, como dice el pueblo, a río vuelto, etc., llamó a los más de sus indios y principales, entre los cuales escogió y señaló los que le parecieron mas dispuestos y ligeros, y a estos mandó que se vistiesen de sus camisetas y mantas largas, y que tomando varas delgadas y cumplidas, subiesen en los mayores de sus carneros y se pusiesen por los altos y collados de manera que pudiesen ser vistos por los de Carangue, y él con otro mayor número de indios y algunas mujeres, fingiendo gran miedo y mostrando ir temerosos, llegaron al pueblo de Carangue, diciendo cómo venían huyendo de la furia de los españoles, que encima de sus caballos habían dado en sus pueblos, y por escapar de su crueldad habían dejado sus tesoros y haciendas.
Puso, según se dice, grande espanto esta nueva, y tuviéronla por cierta, porque los indios en los carneros parecieron por los altos y laderas, y como estuviesen apartados, creyeron ser verdad lo que Otabalo afirmaba, y sin tiento comenzaron a huir. Otabalo, haciendo muestra de querer hacer lo mismo, se quedó en la rezaga con su gente y dio la vuelta a los aposentos destos indios de Carangue, y robó todo el tesoro que halló, que no fue poco, y vuelto a su pueblo, dende a pocos días fue publicado el engaño.
Entendido el hurto tan extraño, mostraron gran sentimiento los de Carangue, y hubo algunos debates entre unos y otros; mas, como el capitán Sebastián de Belalcázar con las españoles, dende a pocos días que esto pasó, entró en las provincias del Quito, dejaron sus pasiones por entender en defenderse. Y así, Otabalo y los suyos se quedaron con lo que robaron, según dicen muchos indios de aquellas partes, y la enemistad no ha cesado entre ellos

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Post a Comment

You must be logged in to post a comment.