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El cuarto centenario de la muerte de Oviedo y Valdez dio ocasión para que los investigadores de temas históricos americanos volvieran sus miradas a esta insigne figura de las letras y las ciencias de España. No es del caso enumerar aquellos estudios, en un trabajo como el presente que es de mera vulgarización. Nos hemos de limitar a señalar dos trabajos, anteriores a la fecha cuatro veces centenaria, pero de valor perdurable. Son ellos: las páginas que escribió don Marcelino Menéndez y Pelayo sobre Oviedo y Valdez, en su estudio Los historiadores de Colón, publicado en la Revista El Centenario que con ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América vio la luz en capital de España, y la que sobre nuestro cronista dio a luz don Ernesto Chinchilla Aguilar, en la notable Revista de de América, órgano del Instituto Panamericano de y , número vigésimo octavo, correspondiente a diciembre del año 1949. Es interesante resumir aquellos dos autorizados trabajos, porque en ellos se contiene lo que en esencia hay que conocer, sobre Oviedo.
Nació este historiador y naturalista español, vástago de una estirpe de hidalgos, en Madrid, hacía el mes de agosto, de 1478 y falleció en Valladolid en 1557, según Amador de los Ríos, el más autorizado de sus biógrafos. Don Julio César García, miembro de la Academia de la de Colombia, en su estudio -225- sobre Oviedo con que ingresó en tan docto cuerpo, anota que la revista Clio, órgano de la Academia Dominicana de la , publicó una partida de defunción, según la cual habría fallecido nuestro autor en Santo Domingo, el día 26 de junio del ya citado año de 1557.
La familia de Oviedo, era oriunda de Asturias. Le crió y educó el duque de Villahermosa, don Alonso de Aragón, y a los trece años entró al servicio del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, como mozo de cámara, lo que le dio ocasión para recibir con él las lecciones de los latinistas, historiadores y moralistas que del palacio real hicieron un centro de estudios en que la misma Reina Isabel aprendió el latín. Oviedo aprovechó de este período, para componer el que llamó: El libro de la cámara real del príncipe Juan y oficios de su casa y servicios ordinarios, hechos y costumbres de su época (1534).
Tenía catorce años de edad en 1492, cuando asistió a la toma de Granada. Conoció y trató a Colón, fue amigo de Diego, Fernando y Luis Colón, así como de Vicente Yanez Pinzón. Murió don Juan en setiembre de 1497 y Oviedo partió a , en donde fue testigo de las hazañas de Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
Marchó al Nuevo Mundo con el título de veedor de las fundiciones de oro de Tierra Firme, en 1514; tenía entonces treinta y seis años de edad. Volvió a España por poco tiempo, en varias ocasiones, como quiera que atravesó el océano doce veces. Contrajo matrimonio por tres ocasiones, porque según él mismo lo dijo no quería tener mancebas, como otros amigos suyos las tenían.
Decidió escribir una natural y general de las Indias, dividida en cincuenta libros, de la que en Sevilla se imprimieron por vez primera diecinueve, en 1535. Estos componen la primera parte de su magna obra. Oviedo logró también imprimir el libro vigésimo -226- en Valladolid. La muerte le impidió publicar los demás, que se guardaron inéditos hasta los años de 1851-1855 en que la Academia de la de Madrid dio a luz la obra completa, en edición magnífica, precedida de un estudio sobre el autor por Amador de los Ríos.
Antes de imprimir la primera parte de la natural y general de las Indias, había ya publicado Oviedo en Toledo, en 1526, el Sumario de la Natural , que es cronológicamente la primera obra escrita con fin determinado sobré la naturaleza de América y sobre su . En este aspecto Oviedo y Valdez tiene primacía sobre todos los otros escritores, pues, en efecto nadie antes de él había tratado de dar a conocer los productos del suelo americano, sus plantas y animales. Es el primer botánico del Nuevo Mundo; el primero de sus observadores y de sus naturalistas. Nadie como él conoció el territorio americano, pues, sus viajes le dieron ocasión para ello. Hemos señalado cómo desde 1514 hasta 1556, atravesó el Océano doce veces. Nada extraño, pues, que su general de las Indias se haya traducido a los principales idiomas conocidos y que se la haya vuelto a reeditar en nuestros días, agotada como se halla la edición de la Academia de Madrid, desde hace muchos años, la misma que alcanza en el mercado precios altos.
Son numerosas las obras inéditas de Oviedo. Así la Biblioteca del Escorial conserva el manuscrito del Catálogo Real de Castilla, escrito en 1532 y en la de la Universidad de Alcalá de Henares se guarda el Memorial de la vida y acciones del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.
Citamos antes el estudio que sobre Oviedo nos diera el insigne polígrafo don Marcelino Menéndez Pelayo. Dijo en efecto este infatigable investigador que la vida de Oviedo, de monstruosa actividad física e intelectual, da la medida de lo que podían y alcanzaban aquellos sublimes aventureros españoles, colocados -227- en el umbral de la moderna. Fue testigo presencial de la toma de Granada; de la expulsión de los judíos; de la entrada triunfal de Colón en Barcelona; de la herida del Rey Católico; de las guerras de ; de los triunfos del Gran Capitán; de la cautividad de Francisco Primero, y todo lo registró y puso por escrito. No siendo bastante para su curiosidad aventurera el espectáculo maravilloso de la Europa del Renacimiento, volvió sus ojos al Nuevo Mundo, pasó doce veces el Océano, conquistó, gobernó, litigó, pobló, administró justicia, disputó con fray Bartolomé de Las Casas, intervino en explotaciones metalúrgicas, tuvo bajo su mando y custodia fortalezas y gentes de armas. Se sentó como regidor en los más antiguos cabildos de América; arrastró las iras de los poderes y hasta el puñal del asesino. Fue gobernador de Cartagena de Indias; alcalde de la fortaleza de Santo Domingo, veedor de las fundiciones de oro del Darién y con todo esto encontró tiempo, en los setenta y nueve años que vivió, para escribir más de veinte volúmenes de , de cosas vistas por él o que sabía por relación de los que en ella intervinieron. Todos los compuso en estilo familiar. Según Menéndez Pelayo, no hay entre los primitivos libros sobre América ninguno tan interesante como la natural y general de las Indias. En su obra acumuló todo género de detalles, sin elección ni discernimiento, lo que permite ahora conocer cosas que habríamos ignorado de otra suerte. Fue el primero que describió la fauna y la flora de regiones nunca imaginables por Plinio y el que fundó en verdad la natural de América.
En punto a la civil, el eminente erudito don Marcelino Menéndez Pelayo dice que hay que distinguir lo que Oviedo pudo ver por sí mismo, durante sus repetidos viajes por el Nuevo Mundo, y lo que supo por relaciones de conquistadores y viajeros, parte esta última que puede contener errores. Y en punto a imparcialidad no hay duda de que escribió con -228- ánimo favorable a los conquistadores, a cuyo número pertenecía, pero tiene en su abono el hecho de haber sido pobre en todo tiempo, cuando todos hacían fortuna a río revuelto.
Logró que llegara al trono de Carlos Quinto la queja de las víctimas de la tiranía cruel de Pedrarias y ciertamente no mereció los terribles dicterios con que le flageló sin piedad alguna, fray Bartolomé de Las Casas, su enemigo. Oviedo no fue hombre de entendimiento superior, pero al menos no escribió su bajo la obsesión de una idea dominante. Dijo Alejandro de Humboldt en su Cosmos: «El fundamento de lo que se llama hoy física del globo, dejando aparte las consideraciones matemáticas, está contenido en la obra del Jesuita José de Acosta, intitulada natural y moral de las Indias, así coma en la de Gonzalo Fernández de Oviedo, que apareció veinte años solamente después de la muerte de Colón.».
Por su parte, don Ernesto Chinchilla Aguilar anota que en la obra de Oviedo, lo puramente histórico llenará las dos terceras partes de su obra total, sin olvidar, desde luego, de anotar fielmente sus observaciones acerca, del suelo, la fauna y la flora

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