Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84


Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (30 votes, average: 3.17 out of 5)
Loading ... Loading ...
| 728 views

Llegado que fue Gonzalo Pizarro adonde había aquellos árboles que de sí echaban la canela que decimos, tomó ciertos indios por guías, e preguntoles adonde había valles e llanadas que tuviesen muchos de aquellos árboles que tenían canela; respondieron que ellos no sabían más de aquellos, ni en otra tierra los habían visto. -198- También quisieron saber de estos indios la tierra de adelante e si los montes se acababan, e si darían presto en tierra llana y en provincias que fuesen muy pobladas; también respondieron que ellos no sabían nenguna cosa, porque estaban tan arredrados de otras gentes, que, si no eran algunas que habitaban entre aquellos espesos montes, no tenían otra noticia, que fuesen adelante y por ventura habría algunos indios de sus comarcas que los encaminasen e guiasen a la parte que dellos deseaban. Gonzalo Pizarro se enojó en ver que los indios no le daban respuesta nenguna que fuese conforme a lo que deseaba, e tornando a preguntarles otras algunas cosas a todo decían que no, por lo cual Gonzalo Pizarro mandó que, puestas unas cañas atravesadas con unos palos a manera de horquetas, tan anchas como tres pies e tan largos como siete, algo ralas, que fuesen puestos en ellas aquellos indios, y con fuego los atormentasen hasta que confesasen la verdad e no se la tuviesen oculta; e prestamente los inocentes fueron puestos por los crueles españoles en aquellos asientos o barbacoas, e quemaron algunos indios, los cuales, como no sabían lo que les decían, ni tampoco hallaban causa justa por donde con tanta crueldad les diesen aquellas muertes, dando grandes aullidos decían con voces bárbaras e muy entonadas: «¿Cómo nos matáis con tan poca razón, pues nosotros jamás os vimos ni nuestros padres enojaron a los vuestros? ¿Queréis que os mintamos e digamos lo que no sabemos?» E diciendo muchas palabras lastimosas, el fuego penetraba e consumía los cuerpos suyos. Y el carnicero de Gonzalo Pizarro, no solamente no se contentó de quemar indios sin tener culpa nenguna, más mandó que fuesen lanzados otros de aquellos indios, sin culpa, a los perros, los cuales los despedazaban con sus dientes e los comían; y entre estos que aquí quemó y aperreó oí decir hobo algunas mujeres, que es de temer a mayor maldad. Después que Pizarro hobo muerto aquellos indios, deseaba salir a alguna parte e que fuese el camino tal que pudiesen andar los caballos; y los españoles que con él estaban se habían entristecido en ver que no hallaban entrada para la tierra que ellos deseaban ver, y que los -199- indios no les diesen noticia de nenguna cosa. E partiéndose de allí anduvieron hasta que llegaron a un río que hacía pequeña playa de un arenal muy llano, y allí mandó Gonzalo Pizarro asentar el real aquella noche para dormir; la cual llovió tanto en el nacimiento del río, que vino una tan grande avenida, que, si no fuera por los que tenían cargo de velar, fueran ahogados algunos de ellos con la reciedura del agua. Como oyeron el estruendo e las voces que dieron las velas, Gonzalo Pizarro y los que con él estaban, todos se levantaron e tomaron sus armas, pensando que eran indios que venían de guerra contra ellos; y sabido lo que era se pusieron encima de unas barrancas que están cerca de allí, y aunque se dieron prisa hobieron de perder parte del fardaje que llevaban; e como se vieron desviados de donde habían dejado su real, e que a todas partes no había sino montañas e sierras ásperas, determinaron de volver atrás y ver si pudiesen hallar otro camino que los pudiese llevar al camino que deseaban.

Capítulo XX
De cómo Gonzalo Pizarro salió de aquel río e anduvo descubriendo por aquellas montañas y sierras sin topar poblado que fuese mucho, y de cómo se juntó todo el real en una puente de un brazo del Mar Dulce.

Muy congojado estaba Pizarro en ver que no podía dar en nenguna provincia fértil e abundante, y fuera de tanta montaña como por allí había, e pesábale muchas veces en haber entrado en aquel descubrimiento, pues desde el Cuzco o desde más arriba si él quisiera descubrir -200- lo pudiera hacer con mejor noticia que llevaba; y esto no lo daba a entender a los que con él estaban, antes les ponía mucho ánimo, e por consejo de todos ellos determinaron de volver hacía donde primero habían venido. Y luego aquel mesmo día partieron de allí y volvieron hacia el pueblo de Zumaque, y llegaron cuatro leguas de él. Gonzalo Pizarro no quiso llegasen a él, antes mandó que fuesen derechos al pueblo de Ampua, e antes que llegasen a él hallaron un río tan grande que no lo pudieron vadear, y los indios tenían canoas a sus riberas e los cristianos pudieron ver a algunos por las orillas del río, e los llamaban diciendo que viniesen de paz que no tuviesen temor nenguno. El cacique de ellos, que había por nombre Delicola, determinó de ir a ver a aquella gente que por su tierra había entrado, e con cantidad de quince o veinte indios fue para ellos; y como Gonzalo Pizarro lo vio y supo que él era el señor de aquel río en que estaba, se holgó e le hacía mucha honra dándole algunos peines e cuchillos, que ellos tenían en mucho, e preguntole que le dijese si hallaría alguna tierra que fuese buena, de que ellos toviesen noticia, para que él pudiese ir. El cacique se había arrepentido por haber salido de paz, y coma ya tenía noticia de la muerte que había dado a muchos indios, porque no les habían querido dar alegres nuevas de lo que les preguntaban, determinó, aunque fuese mentira, de les decir que adelante había grandes poblados e regiones muy ricas, llenas de señores muy poderosos. Gonzalo Pizarro y los españoles, como aquello vieron, estaban muy alegres y contentos de oírlo, creyendo que toda ello era verdad; e mandó Gonzalo Pizarro que sin dar a entender que miraban por el cacique, que tuviese cuidado los españoles de le velar y mirar de tal manera que no se les pudiese huir, e ansí lo hacían, y el cacique bien lo barruntaba más también disimulaba sin mostrar ningún recatamiento. Y porque por aquella parte el río iba grande y las canoas no estaban allí, pasaron adelante con voluntad de ir a ver lo que decía aquel indio si era verdad o no, y llegaron a una angostura que hacía el río, adonde hicieron una puente e por allí pasaron.
-201-
Los bárbaros montañeses, como supieron la estada de los cristianos en aquella tierra, apellidáronse muchos de ellos, y tomando sus armas se pusieron de la otra parte del río, adonde hicieron sus albarradas e fuertes para se defender de ellos; y como aquello vido Gonzalo Pizarro, mandó a algunos arcabuceros que con él estaban que soltasen los arcabuces e procurasen de matar algunos de ellos, y ansí lo hicieron, e mataron seis o siete indios, y los demás viendo las muertes tan súpitas y prestas de sus compañeros, comenzaron de huir, dando muy grandísima grita. Pasados los cristianos de la otra parte del río anduvieron hasta que llegaron adonde no había montañas sino unas llanadas rasas, pero luego se veía el monte que por todas partes las cercaba, e hallaron algunas poblaciones e muy poca comida, los indios todos de una manera e traje; e determinó Gonzalo Pizarro de enviar a llamar a los españoles que estaban en Zumaque con el Real que allí llegó. E fueron dos españoles a ello, e, llegados a Zumaque, don Antonio y el capitán Orellana se vinieron a juntar con Gonzalo Pizarro en la parte desde donde habían ido a llamarlos; y después que todos los españoles estovieron juntos, Gonzalo Pizarro mandó a su Maestre de campo, don Antonio de Rivera que fuese con alguna gente a descubrir lo que adelante pareciese. Don Antonio se partió llevando consigo cincuenta españoles, e anduvo descubriendo hasta veinte leguas por aquellas montañas, y dio en un pueblo que se dice del Barco pequeño, e hallaron algún bastimento, que dio aviso de ello a Gonzalo Pizarro, e con todo el campo fue hasta él, y el cacique vino de paz y dio noticia de lo de adelante; e turbándose mucho en ver los caballos de tantos cristianos, quiso echarse al río por huir de la presencia de ellos y como Sancho de Caravajal sintió que quería huirse le echó mano e le llevó a Gonzalo Pizarro, el cual luego le mandó echar en una cadena a él y a otros dos caciques que le habían salido primero de paz. Y a aquel que dijimos que había dado la noticia de la tierra de adelante tenían cuidado de lo mirar, y hasta entonces no le habían echado en prisiones; e como los indios vieron que habiendo su cacique ido a los españoles -202- de paz y como amigo le habían prendido, indignáronse de ello, e tomando sus armas se metieron en cantidad de cuarenta canoas que había, e vinieron derecho a la parte donde vieron que estaba el cacique, el cual arremetió para ellos para que le amparasen. Más los españoles que vieron venir las canoas e oyeron el estruendo de los indios, salieron a ellos con sus armas y desbaratáronlos y Gonzalo Pizarro mandó que al cacique Delicola se echasen prisiones, que él con sus tratos era parte a que se pusiesen los indios en armas contra ellos, e lo echaron luego en la cadena con los otros

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84


  • No related posts

  • Leave a Comment

    You must be logged in to post a comment.


    Copyright by Blok.NOT 2005 - 2008

    XML-Sitemap