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Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte


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El doctor Daniel Cossio Villegas propuso inmediatamente de aparecidos aquellos capítulos al doctor Loredo, publicar en México sin pérdida de tiempo toda aquella «Tercera Parte» de la Crónica que en hora buena había sido hallada, propuesta que no la aceptó el doctor Loredo, por estimar que debía hacerse en el Perú y no en otra parte aquella publicación. Hasta abril de 1951, o sea en el lapso de seis años, se habían editado los quince primeros capítulos de Cieza. El ritmo de la publicación, como se ve, ha sido por demás lento. Tenemos ya otros capítulos que han visto la luz en Mercurio Peruano, en las siguientes fechas: abril de 1951; agosto de 1953; julio de 1955; febrero de 1956; mayo de 1957 y que en total abrazan cuarenta y ocho capítulos. Se hallan totalmente agotados los números de Mercurio Peruano anteriores a abril de 1951. Volvemos a comprobar la poca suerte de Cieza de León con sus escritos, ya que parecería normal el que se hubiera dado a las prensas lo que se había tenido la fortuna de hallar de tan connotado cronista de Indias.
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El doctor Raúl Porras Barrenechea en Mercurio Peruano de abril de 1951, escribió un «Comentario» a los capítulos de Cieza, en el que expresa que debe estimarse como un fausto suceso histórico la publicación de don Rafael Loredo, de una obra que se tenía como perdida. Cieza sólo alcanzó a publicar en Sevilla, como sabemos, la Primera parte de la Crónica o descripción del Perú, dejando inéditas y acaso truncas las partes segunda, tercera y cuarta de esta obra trascendental, relativa al imperio incaico, al descubrimiento y conquista y a las guerras civiles. Herrera explotó y copió en sus Décadas estas partes, «con alevosía de experto plagiario», dice el doctor Porras. El Señorío de los Incas, lo atribuyó, Prescott a Sarmiento, hasta que Jiménez de la Espada redimió del olvido el manuscrito y lo restituyó a Cieza con su edición española de 1880. De los cinco libros de las Guerras Civiles, anunciados por el propio Cieza, vieron la luz los libros primero y segundo, relativos a la guerra de las Salinas y de Chupas. Jiménez de la Espada publicó en 1871 los cincuenta y tres capítulos de La Guerra de Quito y los restantes, hasta el capítulo doscientos treinta y nueve publicó Serrano y Sanz. Inéditos quedaban: la Tercera parte del descubrimiento y conquista del Perú; los libros cuarto y quinto de las guerras civiles, referentes a las guerras de Huarina y de Jaquijaguana y los dos comentarios ofrecidos por Cieza sobre los acontecimientos del Perú, después de fundada la Audiencia, hasta la salida de la Gasca.
Continúa el doctor Porras y dice que se sabía de la existencia de la Tercera Parte, pues, en 1877 Jiménez de la Espada pudo consultar ampliamente el manuscrito que resultó estar en posesión de don José Sancho Rayón. El librero y bibliógrafo Obadiah Rich, aseveró también haber encontrado en Madrid la segunda y tercera parte de Cieza. A la muerte de José Sancho Rayón, pasó, según parece, el manuscrito de la Tercera parte a la biblioteca del Conde de Heredia Espinola, en Madrid, mas, este señor no le consintió verlo -45- al doctor Porras Barrenechea, durante su estadía en la capital de España -1935 a 1941- pese a las cartas de presentación que para ello había obtenido de connotados personajes. Afortunadamente Jiménez de la Espada poseyó una copia de esa famosa Tercera parte y, según cree el doctor Porras, es la que está permitiendo al doctor Rafael Loredo realizar la publicación en Mercurio Peruano.
Parecería natural que el afortunado editor doctor Loredo dijera de dónde procede el texto que está utilizando y también que la edición se hiciera con la debida rapidez, pues, han pasado ya trece años y aún no vemos el final de la obra, mas, el sino fatal que persigue a Cieza se ha opuesto a ello.
Por lo menos en algo ha estado afortunado el mayor de los cronistas de Indias y es en que un inteligente investigador halló en los Archivos de Sevilla, recientemente, los datos que nos permiten completar la biografía del gran Cieza, de la mejor manera. Nos referimos a dan Miguel Maticorena Estrada que en el Anuario de Estudios Americanos, de Sevilla tomo XII, del año 1955, nos ha dado importantes noticias sobre el cronista, las mismas que vamos a resumir de inmediato, en beneficio de quienes no pueden tener a la mano aquél Anuario.
Entre los años 1535 y 1550, escribe Maticorena Estrada, el itinerario ultramarino de Cieza fue un constante viaje por Cartagena, Popayán, Quito, Lima, el Callao, Cuzco, hasta retornar a Sevilla de donde había salido sin cumplir todavía los trece años de edad.
Sirvió a las órdenes de Alonso de Cáceres y Jorge Robledo y luego a las de Benalcázar. En plena guerra civil acudió al llamamiento del Pacificador la Gasca, peleando como soldado en Jaquijaguana. Había estado en la fundación de Ancerma y en la de Cartago, ciudad ésta en donde comenzó a escribir la «Primera Parte» de su obra, que luego terminaría en Lima.
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De vuelta a España, en marzo de 1553, la casa de Martín de Montesdeoca, en Sevilla, publicaba la Crónica del Perú.
El erudito peruano Manuel González de la Rosa y luego Jiménez de la Espada, dieron a conocer la «Segunda Parte» de la obra, sobre el Señorío de los Incas Yupanguis y sus grandes hechos y gobernación. La «Tercera Parte» fue descubierta y viene editándola don Rafael Loredo en la Revista Mercurio Peruano.
De los cinco libros de las guerras civiles, están perdidos los de las guerras de Huarina y Jaquijaguana, así como dos Comentarios sobre los sucesos peruanos del período de la fundación de la Audiencia y la salida de la Gasca, el uno, y el otro, sobre la entrada del virrey Mendoza.
Cieza tiene buen sentido para juzgar, búsqueda y perspicacia para indagar las antiguas tradiciones, comprensión de las supervivencias indígenas y su actitud caritativa hacia los indios es notable, condicionada ésta, en cierto sentido, por la reacción en contra de los encomenderos rebeldes, que encarnó el gobierno de la Gasca.
De El Señorío de los Incas ha dicho Raúl Porras Barrenechea: Admira cómo en época tan convulsa, como la de 1548 a 1550, en que estuvo Cieza en el Perú, haya podido escribir obra de tan sólida armazón, de documentación tan segura y verídica y de tanta madurez, sobre la e instituciones del Incario. La del Incario nace adulta en Ciezaa. Nadie puede disputarle la primacía en el Imperio Incaico. La del cronista castellano hace entrar de golpe a los Incas en la universal.
Los libros de las guerras civiles, al igual que el descubrimiento y conquista del Perú, fueron utilizados por Antonio de Herrera en sus famosas Décadas, la que ha dado lugar a una de las acusaciones de plagio más conocidas, de la historiografía americanista.
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Jiménez de la Espada decía en la semblanza de Cieza que hizo preceder a la edición de la Guerra de Quito, que eran pocos los datos personales que el autor nos había suministrado, por ello los documentos con él relacionados son de gran importancia.
Se sabía que luego de terminada la Crónica en Lima, en setiembre de 1550, regresa inmediatamente a Sevilla y de aquí, a fines de 1552, va a Toledo y presenta su libro al Príncipe don Felipe. Aparece su libro en marzo de 1553 y se pierde el recuerdo del autor, creyéndole en un momento fallecido en el olvido hacia 1560, cosa que se ha venido repitiendo desde Nicolás Antonio hasta nuestros días. Nuevos documentos prueban que los últimos años de Cieza transcurrieron en Sevilla.
Natural de la villa extremeña de Llerena, Pedro de Cieza era hijo de Leonor de Cazalla, muerta ya en 1554, y de Lope de León, vecino de la misma villa. Tuvo tres hermanos: un varón y dos mujeres. Pasó a Indias el 3 de junio de 1535. Nació entre los años 1520 y 1522. Gozó de buena situación económica como lo prueba su testamento.
En 1551, Pedro de Cieza de León casó con Isabel López de Abreu, hija de dos vecinos de Sevilla: María de Abreu y Juan de Llerena, éste último activo comerciante, vinculado a diversos negocios locales e indianos.
Cieza de León mantenía por parte de su madre vínculos con los conocidos Cazalla de Llerena, y por tanto con el famoso Pedro López de Cazalla, escribano mayor de la Nueva Castilla y secretario de la Gasca.
A los pocos años de haber contraído matrimonio, pierde a su mujer, ya que ésta muere en marzo de 1554, y a continuación, el 2 de julio de 1554, lunes por la mañana, muere Cieza de León, aquejado por una constante enfermedad y por el dolor que le causara el fallecimiento de su esposa. Contaba apenas -48- treinta y dos o treinta y cuatro años de edad. Fue inmenso su pesar por no poder concluir las obras que tenía comenzadas, dada su falt

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