Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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Llegado a la Isla del Gallo Juan Tafur con los navíos, como los españoles questaban con el capitán Francisco Pizarro entendieron a qué era su venida, lloraban de alegría. Parecíales que salían de otro cautiverio peor aquel de éxito. Echaban muchas bendiciones al Gobernador que tan bien lo miró. Presentó el mandamiento y fue obedecido, no dejando Francisco Pizarro de tener congoja grande, viendo por una parte como todos se querían ir, y mirando lo que sus compañeros le escribían, determinó de perseverar en su demanda, confiando en Dios que le daría aliento y aparejo para ello, y con semblante reposado dijo a sus compañeros cómo por virtud del mandamiento que había venido de Panamá podían volverse y era en su mano, y que si él no había consentido que dejasen la tierra, era porque, descubriendo alguna buena se remediasen, porque ir pobres a Panamá lo tenían (¿o tenía?) por más trabajo que no morir, pues iban a dar importunidad; y díjoles más que se holgaba de una cosa, que si habían pasado trabajo y hambres que (¿no?) se había él eximado de no pasarlos, sino hallarse en la delantera, como todos habían visto; por tanto que les rogaba lo mirasen y considerasen lo uno y lo otro y que les siguiesen para descubrir por camino de mar lo que hobiese pues los indios que tomó Bartolomé Ruiz decían tantas maravillas de la tierra de adelante. Aunque el capitán dijo estas palabras y otras a sus compañeros, no le quisieron oír, antes dieron prisa a Juan Tafur para que se volviese a Panamá y los sacase de entre aquellos montes, sino fueron trece, que de compasión que le tuvieron y por no querer volver a Panamá -182- , dijeron que le tendrían compañía para vivir o morir con él. Y porque permitiéndolo Dios, Francisco Pizarro con estos trece descubrió el Perú, como se dirá adelante, los nombraré a todos; y digo llamarse Cristóbal de Peralta, Nicolás de Ribera, Pedro de Candía, Domingo de Soria, Lucian (Soraluce), Francisco de Cuellar, Alonso de Molina, Pedro Falcon, García de Xérez, Antón de Carrión, Alonso Briceño, Martín de Páez, Juan de la Torre. Estos con toda la voluntad se ofrecieron de quedar con Pizarro, de que no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada. Y habló con Juan Tafur para que le diese uno de los navíos como el Gobernador mandaba, para los que le querían, seguir a descubrir lo de adelante. No quiso dar el navío Tafur, que fue otro dolor para el congojado Pizarro; ni bastó requerírselo ni protestárselo ni rogárselo ni aun partidos y promesas grandes que le hizo para que dejase uno de los navíos y como esto vio muy atribulado le dijo que se fuese con Dios, quel se quedaría con aquellos poquitos allí, hasta que de Panamá le enviasen navío. Tafur, no creyendo que quisiesen quedar entre indios tan pocos hombres, pues eran más temeridad que esfuerzo; le respondió que fuese en buen hora. Esto pasado, el capitán habló con los que habían de quedar con él para se determinar en qué lugar podrían quedar seguramente sin temor de los indios hasta que de Panamá les enviasen navío; y entrellos platicando (platicado) y bien pensando (pensado) acordaron de quedar en la isla de la Gorgona, aunque era mala tierra, porque no había gente y tenían agua y podrían con el maíz que tenían pasarse algunos días en ella. Y escribió a sus compañeros de la manera que quedaba y cuando convenía que con brevedad le enviasen navío para descubrir la tierra que decían los indios que se tomaron en la balsa. También escribió al Gobernador mostrando sentimiento por lo que había proveído; y metiéndose en los navíos Pizarro se quedó en la Gorgona con los ya nombrados e algunos indios e indias. Juan Tafur lo hizo tan mal, que dicen que aun no daba lugar para que sacasen el maíz que les había -183- de quedar, y que lo echaron en la marina con la prisa que daba, donde se perdió mucho dello; y se quería llevar los indios de Túmbez que tenía Pizarro para lenguas; mas, al fin los dio yendo Ribera por ellos al navío donde se estaban; y Juan Tafur con los españoles dio la vuelta a Panamá, habiéndole primero rogado Francisco Pizarro al piloto Bartolomé Ruiz, que volviese en el navío que había de venir, y quedó en la Gorgona con sus trece compañeros.
Capítulo XVII
Cómo el capitán Francisco Pizarro quedó en la isla desierta y de lo mucho que pasó él y sus compañeros y de la llegada de los navíos a Panamá.
Los que hobieren visto la isla de la Gorgona no se espantarán de ver cuanto encarezco lo que en ella pasaron los españoles y como no digo nada de su espesura tan cerrada y los cielos abiertos para echar agua encima della. En el mar Océano, entre las Indias, y la tercera estaba una isla a que llaman la Bermuda. Es mentada, porque en su paraje a la continua pasan tormenta los navegantes huyen della como de pestilencia. En la Mar del Sur la Gorgona tiene el sonido de no ser tierra ni isla sino aparencia del infierno. Y quiso Pizarro quedar en el lugar que conocía ser tan malo, por tenerlo por más seguro que la Isla del Gallo ni la tierra firme. Y fueron los trabajos que pasaron en ella en extremo grado grandes, porquel llover, tronar, relampaguear es contino; el sol dejase pocas veces ver, tanto que por -184- maravilla los nublados descubren para que las estrellas se vean en el cielo. Mosquitos hay los que bastaran a dar guerra a toda la gente del Turco. Gente no hay ninguno, ni fuera razón que poblar(a) en tierra tan mala. Montaña es mucha la que hay y tan espesa como espantosa. Lo que tiene de contorno esta isla en los grados questá, escrito lo tengo en mi primera parte. Los españoles sin perder la virtud de su esfuerzo, hicieron como mejor pudieron ranchos que llamamos «acá a» las chozas para guarecerse de las aguas; y de una ceiba hicieron una canoa pequeña, en la cual entraba el capitán con uno de los compañeros y tomaban peces con que algunos días comían todos. Otras veces salía con su ballesta y mataba de los que llamamos guadaquinajes, que son mayores que liebres y de tan buena carne; y dicen que hobo día quel solo con su ballesta mató diez destas. De manera questuvieron con gran paciencia entendían en no parar por buscar de comer para sus compañeros. Y tal fue su diligencia, que con la ballesta y canoa bastó a lo hacer sin mostrar sentimiento del agua ni de nunca enjugarse ni dejar de oír el continuo ruido de los mosquitos; questuvieron enfermos en esta isla Martín de Trujillo y Peralta, remediaron harto los guadatinajes para que comiesen. Hallaron en aquella isla una fruta que tenía el parecer casi a castaña, tan provechosa para purgar que no es menester otro ruibarbo, ni más que una dellas. Uno de los españoles comió dos y quedó, tan purgado, que aína se quedara bulrrado (sic). Vieron otra fruta montesina como ubillos; desta comían y era sabrosa. Entre las rocas y concavidades de las peñas questaban en la costa de la mar de la isla, tomaban pescado, e de día y de noche toparon culebras mostruos (sic) de grandes, mas no hacía daño ninguno. Monos los hay grandísimos, y gaticos pintados, con otras salvajinas extrañas muy de ver. De las sierras que hay en la isla abajan ríos que nacen en ella, de agua muy buena en todos los meses del año en la creciente de la luna, se ve que viene a esta isla por algunos cabos della, siendo ya pasado el día al poner del sol, enfinidad del -185- pece que llamamos aguja, a desovar en tierra. Los españoles alegres, aguardábanlos con palos y mataban los que querían; y pescaban muchos pargos y tiburones; y otras maricinas (sic) hallaban, y que fue Dios servido que, bastó a los sustentar con el maíz que les había quedado; de manera que nunca les faltó que comer. Todas las mañanas daban gracias a Dios y a las noches lo mismo, diciendo la salve y otras oraciones, como cristianos, y que Dios quiso guardar de tantos peligros. Por las horas sabían las fiestas, y teníanse (sic) cuenta en los viernes y domingos. Y con tanto los dejaré pasar esta vida hasta que el navío vuelva por ellos; y diré como llego Juan Tafur con los otros cristianos a Tierra Firme, que llamaban Castilla del Oro.
Capítulo XVIII
De cómo Jafur (sic por Juan Tafur) llegó a Panamá y cómo volvió un navío a la Gorgona al capitán Francisco Pizarro.
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