Habiendo Diego de Almagro juntádose con el capitán Francisco Pizarro, como se ha escrito en el capítulo pasado, determinaron de se embarcar todos los que habían venido y de antes estaban y procuraban de saber la tierra que decían los indios que Bartolomé Ruiz tomó en la balsa, a quien procuraban con diligencia mostrar la lengua nuestra, para que supiesen responder a lo que les preguntasen y fuesen intérpretes. Como se embarcaron, anduvieron hasta llegar a la Isla del Gallo adonde estuvieron quince días reformándose del trabajo pasado. Salieron luego, pasada este término, con los navíos y canoas -171- luengo de costa, y por un gran río que entraba en la mar, quiso Pizarro, que dentro de una canoa iba, a entrar (sic) para descubrir lo que había; más la canoa zozobró en una barra que estaba entre la mar y el río; la otra no corrió tanto riesgo, el capitán estaba en ella y veía andar a nado a los españoles de lo (la) que se había perdido, y con gran priesa llegó a la canoa para los recoger, y los tomaron todos sino fueron cinco que se ahogaron; y salieron de aquel lugar tan peligroso, se recogeron a los navíos y fueron hasta la bahía de Sant Mateo, donde saltaron todos en tierra y sacaron los caballos, y fueron la vuelta de Tacamez con ellos, porque antes por ser la tierra llena de manglares y de ríos, no habían sido menester. Deseaban mucho topar con algún hambre o mujer de aquella comarca, para tomar lengua de lo que habían (sic). Las de a caballo reconocieron buen trecho de allí questaba un indio ganoso (sic) de lo tomar pusieron las piernas para lo asir, mas como sintió la burla, espantado de los caballos, puso pies en huida con tanta ligereza, que los que le iban siguiendo se espantaron, y con temor de no quedar cautivo en poder de los españoles, cuya fama se extendía que de su crueldad, y con gana de no perder su naturaleza, corrió con tan gran denuedo, que me afirmó uno de los de a caballo, que el llegar suyo y el caer del indio en el suelo y salírsele el ánima perdiendo el aliento y vigor, fue todo uno. No dejaron de caminar los españoles pasando más trabajo que antes por los muchos mosquitos que había que eran tantos, que por huir de su importunidad, se metían entre la arena los hombres enterrándose hasta los ojos. Es plaga contagiosa la de los mosquitos. Moríanse cada día españoles dellas y de otras enfermedades que les recrecieron. Poco más adelante aquel lugar, tomaron tres o cuatro indios; dijeron medio por señas lo que había en aquella tierra. Prosiguiose el caminar por mar y tierra hasta llegar al pueblo de Tacamez, donde hallaron mucho maíz con otras comidas de las que usan las gentes de acá. Los naturales de la tierra sabían muy bien lo que pasaba, y como por la mar iban los navíos y por la tierra venían andando hombres blancos barbudos y que -172- traían los caballos que corrían como viento; preguntábanse unos a otros qué pretendían o qué buscaban, porque causa les robaban el oro que hallaban y les cautivaban sus mujeres, y a ellos hacían lo mismo; cobráronles gran desamor y entre muchos hicieron liga de los matar. Los españoles alegres con el mucho maíz que hallar (on) comían descansando; porque habiendo necesidad, como los hombres tengan maíz, no la sienten, pues del se hace miel tan buena como saben los que la han hecho y tan espesa como la quieren hacer, porque oy (¿yo?) habré hecho alguna en esta vida, y tienen pan y vino y vinagre, de manera con esto y con yerbas, que siempre las hay, no faltando sal, los que andan en descubrimiento llamábanse de buena dicha. Algunos de los indios habíanse puesto a vista con temor, porque su ánimo es poco; más deseaban (claro) para hacer algún daño a su salvo. Los españoles salieron parte dellos con rodelas y espadas, sin llevar más que dos caballos y fueron para los indios, más no osaron aguardar; por presto que se echaron a la mar se untaron las lanzas en la sangre de algunos dellos. Temerosos de tal gente no quisieron ponerse a la burla pasada. Estos, digo porque otros se acaudillaban para venir sobre los cristianos, que más de ocho días estuvieron allí; e un día oyeron soltar de los navíos un tiro, creyendo que venían sobrellos gran golpe de indios. Quiso el capitán revolver a la bahía, mas como lo comunicase con Almagro, no se supo en efecto, porque mandó algunos españoles que tomasen un cerrillo que acerca de allí estaba, para atalayar lo que hobiere, y era todo quince o veinte raposas grandes desde lejos como las veían, creían que eran indios. Yendo a reconocerlo que era uno de a caballo, lo entendió y avisó dello. E como hobiesen salidos todos del real, tenían (¿sed?) porque no había por allí ningún río ni xagüey de los muchos que en otras partes había sobradas, y por remediar la necesidad, mandó Pizarro que fuesen los questaban a caballo y que trujesen todos los cabacos (calabazos) que hubiese llenos de agua. De los naturales se habían juntado poco más de doscientos para dar guerra a los españoles, porque sin razón ni justicia andaban -173- por su tierra contra la voluntad dellos. Los que iban en los caballos, a la vuelta que volvían a la bahía, los vieron e determinaron dar en ellos; los indios los aguardaron por su mal, porque quedaron en el campo muertos ocho y cautivas tres; los demás huyeron espantados de las caballos. Los españoles fueron con el agua adonde los aguardaban sus compañeros bien fatigados de la sed, y todos fueron a la bahía donde hallaron bastimento y estuvieron nueve días; en los cuales platicaron mucho sobre rehacerse y juntar más gente para venir de propósito al descubrimiento de lo de adelante. Almagro lo contradecía diciendo que no se entendían en decir que sería acertado volver a Panamá, pues yendo pobres iban a pedir de comer por amor de Dios y a morar en las cárceles los questuviesen con deudas y que era harto mejor quedar donde hubiese bastimento y con los navíos ir por socorro a Panamá, que no desamparar la tierra. Dicen algunos que Pizarro estaba tan congojado con las trabajos que había pasado tan grandes en el descubrimiento que deseó entonces lo que jamás del se conoció que fue volverse a Panamá y que dijo a Diego de Almagro que como el andaba en los navíos yendo y viniendo sin tener falta de mantenimientos ni pasar por los excesivos trabajos que ellos habían pasado era de contraria/opinión para que no volviesen a Panamá y que Almagro respondió que/el quedaría con la gente de buena gana y que fuese/él a Panamá por el socorro y que sobresto hobieron palabras mayores tanto quel amistad y hermandad se volvió en rencor y que echaran mano a las espadas y rodelas con voluntad de se ir (sic) mas poniéndose/en medio el piloto Bartolomé (sic) Ruiz y Nicolás de Ribera y otros los apartaron y entreviniendo entrellos los tornaron a conformar y se abrazaron/olvidando la pasión dijo el capitán Pizarro que quedaría con la gente/en donde fuese mejor y que Almagro volviese a Panamá por socorro esto pasado salieron dallí y pasaron el río de la baya para ver unos pueblos que se parecían si era conveniente quedar en ellos/o buscar/otro lugar.
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Capítulo XIV
Cómo los españoles querían todos volverse a Panamá y cómo no pudieron, y Diego de Almagro se partió con los navíos quedando Pizarro en la Isla del Gallo, y de la copla que enviaron al gobernador Pedro de los Ríos.



















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