Habiendo ido a embarcar a los navíos los cristianos españoles con sus capitanes, para salir a descubrir la costa adelante, alzaron las áncoras y tendidas las velas partieron de allí y anduvieron hasta que llegaron a un río que llamaron de Cartagena, cercano al río de Sant Juan, y dicen que saltaron en tierra algunos españoles con sus rodelas y espadas en las canoas que llevaban, y que, dando de súpito en un pueblo de indios que estaba a la orilla del río de Sant Juan, tomaron cantidad de quince mil castellanos, poco más o menos, y hallaron bastimentos y prendiéronse algunos cautivos, con que dieron vuelta a las naves muy alegres y contentos en ver que comenzaban a dar en tierra rica de oro y con mantenimientos; más todavía les daba pena en ver que la tierra era en una manera, llena de ríos y ciénagas con mosquitos, y que las montañas eran tan grandes y espantosas, que parecía que en algunas partes se escondían sus ramas entre las nubes, según eran altas; y determinaron de saltar en tierra y ver lo que había en ella y si hallaban más oro, ques la pretensión de los que de España venimos a estas Indias, habiéndose de anteponer todo por dar a estas gentes noticia de nuestra sagrada religión. Con las canoas tomaron tierra los de los navíos, los indios daban a entender ser aquella comarca montañosa, como verán, más que bien adelante había otra tierra y otra gente. Quisieron andar para ver si podían la tierra adentro ver campaña, que era lo que deseaban, mas los ríos que hay son tantos, que no basta ni se puede andar si no es por agua, y así lo acostumbran los naturales en canoas. Andan todos desnudos y moran en caneis grandes de sesenta e setenta, más o menos con sus mujeres y -165- hijos, y estos están desviadas unos de otros. Alcanzan en muchas partes cantidad de oro fino y bajo. Escrito he más largo sobre esto en mi parte primera. Pues como viesen que no había remedio para descubrir la tierra adentro por los muchos ríos, como sobre ello hubiesen tenido su acuerdo, determinaron que los españoles con el capitán Francisco Pizarro quedasen en ella, pues había mucho maíz y raíces que comer y tenían las canoas para andar de una parte a otra, y que Diego de Almagro con aquel oro que se había hallado diese la vuelta a Panamá a recoger más gente, y el piloto Bartolomé Ruiz navegase la costa arriba todo lo que pudiese para ver qué tierra se descubría; y así se hizo, partiéndose Almagro a Panamá y Bartolomé Ruiz a descubrir la costa. Los que quedaron con Pizarro andaban entre aquellos ríos bien mojados del agua que contino llueve y de los ríos; no hallaban sino caneis de los dichos, maíz no les faltaba y había batatas y palmitos que era medio mal; pero los mosquitos no los dejaban, y como siempre había enfermos moríanse algunos. El capitán puso tanto en este descubrimiento, que por parecerme no bastar en lo encarecer ni tener en mi escribir aquella audacia que requería temblándome la mano cuando aquí llegué considerándolo pasar adelante dejándolo para que a mí compete (sic); aunque no dejaré de decir que solos españoles pudieron pasar lo que estos pasaron. El piloto Bartolomé Ruiz descubriendo por la costa navegó hasta llegar a la Isla del Gallo, la cual dicen que halló poblada y aun los indios a punto de guerra, por el aviso que fue de unos a otros de cómo andaban los españoles por sus tierras de donde pasó y anduvo hasta que descubrió la bahía que llamaron de Sant Mateo y vido en el río un pueblo grande lleno de gente, que espantados de ver la nao la estaban mirando creyendo que era cosa caída del cielo sin poder atinar qué fuese. La nao prosiguió su viaje y descubrió hasta lo que llaman Coaque, y andando más adelante por la derrota del Poniente, reconocieron en alta mar venía una vela latina tan gran bulto, que creyeron ser carabela, cosa que tuvieron por muy extraña, y como no parase el navío se conoció ser balsa, y arribando -166- sobrella la tomaron; y venían dentro cinco indios y dos muchachos y tres mujeres, los cuales quedaron presos en la nave; y preguntábanles por señas de donde (sic) y adelante qué tierra había; y con las mismas señas respondían ser naturales de Túmbez, como era la verdad. Mostraron lana hilada y por hilar que era de las ovejas, las cuales señalaban del arte que son, y decían que había tantas que cobrían los campos. Nombraban muchas veces a Guaynacapa y al Cuzco, donde había mucho oro y plata. Destas cosas y de las otras decían tantas, que los cristianos que iban en el navío los tenían por burla, porque siempre mienten en muchas cosas destas que cuentan los indios; mas estos en todo decían verdad. Bartolomé Ruiz, el piloto, les hizo buen tratamiento holgándose por llevar tal gente de buena razón y que andaban vestidos, para que Pizarro tomase lengua. Y andando más adelante descubrió hasta punto de pasar (punta de Poseso o Paseau), de donde determinó de dar la vuelta a donde el capitán había quedado; y llegando, saltó en tierra con los indios. El capitán lo recibió bien holgándose con las nuevas que traía de lo que había descubierto. Los indios estaban firmes en lo que habían contado; fue alegría para los españoles que con Pizarro estaban verlos y oírlos.
Capítulo XI
Cómo saliendo en las canoas españolas por bastimentos, fueron muertos todos los españoles que iban en la una canoa con su capitán Varelor (Vareza) por los indios.
En el entretanto que Diego de Almagro había vuelto a Panamá por gente y socorro para proseguir el descubrimiento, -167- habían determinado el capitán y sus compañeros de andar por entre aquellos ríos. Comieron hartos dellos lagartos. Los enfermos vivían muriendo. Los que estaban sanos aborrían la vida, deseaban la muerte por no verse como se veían. El capitán esforzábalos diciendo que, venido Almagro, irían todos a la tierra que los indios que se prendieron en las balsas decían que (sobre este que); no querían oírlo ni creer a los indios cuando consideraban estas cosas; y como faltase mantenimiento fue necesario salirlo a buscar, pues no tenían que comer. Y en las canoas fueron los que señalaron, nombrando entrellos a uno por caudillo; los demás con el capitán se quedaron en la ranchería que tenían hecha. Los indios de aquellos ríos tenían por pesado estar los españoles en su tierra; juntáronse muchas veces para tratar de los matar; no osaban a los público dar en ellos porque los temían y habían miedo a las ballestas y espadas; más pensaron que cuando saliesen en sus canoas, como salían, por los ríos, de hacer algún gran hecho y matar a los que más pudiesen. Pues como saliesen las canoas, una de ellas donde iban catorce cristianos españoles con su caudillo, que había por nombre Varela, se adelantó de las otras por un caudilloso (sic) río por donde subían a buscar mantenimiento, más de una legua y era todo manglares y espesura, con grandes senagares de la contina agua. Y en aquella tierra andan los ríos como las mares de la mar austral, que es diferente del Océano, cada día menguaban y crecían; y como fuese bajamar, menguó tanto el río, que la canoa quedó en seco. Los indios viéronlas venir y como se había de las otras canoas adelantado la questaba en seco, y muy alegres, y bien almagrados y enjaezados, abajaron más de treinta canoas pequeñas el río abajo para matar los questaban en la grande. Los cristianos vieron los venir mas no tenían remedio para pelear ni para saltar en tierra, y encomendándose a Dios esperaron a ver en que paraba. Los indios con la grita y alarido quellos suelen dar, se juntaron con ellos y los cercaron por todas partes y les tiraban flechas las que podían, y como el tiro era cierto y no estaba lejos, acertaban donde apuntaban. La fortuna -168- de los españoles fue infelice, porque por una parte se veían cercados de los indios; la tierra estaba lejos el agua para que la canoa pudiera andar; las otras canoas también estaban en seco, y no pudiendo resistir a los tiros de los indios, fueron todos muertos; y con placer grande que los indios tenían los desnudaron hasta los dejar en carnes; y como ya el agua creciese pudieron las otras canoas subir el río arriba y conocer el daño que los indios habían hecho, de que recibieron mucha pena; y no apartándose unos de otros, en las canoas apesar de los indios, tomaron el bastimento que quisieron en los pueblos que toparon y con ello y con la canoa en que habían muerto a los cristianos, que por ser grande los indios no la pudieron llevar, volvieron adonde habían dejado el capitán, y como entendió la desgracia sucedida le pesó mucho.
Capítulo XII
Cómo Pedro de los Ríos vino por gobernador a Tierra Firme y de lo que hizo Almagro en Panamá hasta que volvió con gente.



















Post a Comment