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Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte


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El capitán Francisco Pizarro salió (salido) de Panamá con su gente como se ha escrito, Diego de Almagro y el padre Luque entendieron en fornecer otro navío y allegar para que el mismo Almagro saliese a los buscar en aquel socorro; y como Almagro era tan diligente y de tanto cuidado, brevemente lo puso en orden pidiendo licencia a Pedrarias salió de Panamá antes que hubiese llegado Ribera el tesorero ni se supiese cosa ninguna del suceso de Francisco Pizarro ni que había hecho Dios dél. Dicen unos que sacó Almagro desta vez sesenta y cuatro hombres, otros dicen que sesenta; poco va en esto. Embarcáronse él y ellos en el puerto y navegaron la costa arriba en busca de los cristianos, los cuales estaban en Chisime (¿Chicama?) pasando su fortuna, curándose las heridas y los sanos buscando lo que les faltaba, y murieron algunos de enfermedad y otros estaban hinchados y los caimanes comieron dellos por los ríos cuando pasaban de una parte a otra. Los mosquitos los fatigaban demasiadamente. Pues como Diego de Almagro saliese de Panamá enderezaron su derrota por la costa arriba al Poniente -159- para buscar los cristianos porque no sabían cosa cierta adonde pudiesen estar, y tomando la costa saltaron en el batel en los puertos que hallaban sin dejar ninguno, y como no topasen con ellos, anduvieron hasta que llegaron al puerto del pueblo quemado donde primero había estado Pizarro con sus compañeros en los puertos que había visto conocido estaba por las cortaduras de machete y por pedazos de alpargatas y otras cosas como habían estado en los más dellas. En este pueblo quemado determinó Almagro con cincuenta españoles descubrir al pueblo y ver lo que había. Los naturales del habíanlo fortalecido con palenques fuertemente para defenderse de los cristianos si otra vez volviesen a ellas y sabían bien donde estaba Pizarro y de la venida de Almagro, y acaudillándose todos, se juntaron con determinación de procurar la muerte a quien por los robar y echar de sus casas y cautivalles sus mujeres y hijos se la venía a dar a ellos. Almagro con los que le acompañaron vieron la fuerza del pueblo y conocieron que había gente de guerra dentro, mas no por eso pensaron de se retirar, antes determinaron de dar en el pueblo y ganar la fuerza; mas como llegaron cerca, fue tan grande la grita y estruendo que los indios hicieron, y las voces que daban, que afirman algunos y lo cuentan por muy cierto, que ciertas españoles de los que iban, que los más eran naturales de cerca de Sayago, se espantaron y amedrentaron tanto de ver las fieras cataduras de los indios y la grita que daban, questuvieron por volver las espaldas de puro temor. Almagro con los que le siguieron arremetió para los indios que ya comenzaban de le tirar dardos y tiraderas, amenazándoles de muerte porque así entraban en su tierra contra la voluntad dellos sin les deber nada. Los españoles, teniendo en poco sus amenazas y grita, dieron en ellos con el silencio que suelen tienen (sic) cuando pelean, y mataron y hirieron a muchos dellos, y tanto los apretaron, que a su pesar les ganaron el palenque, habiendo primero un indio de aquellos arrojado una vara contra Almagro y apuntó tan bien, que le acertó en un ojo que se le quebró; y aun afirman que otros de los mismos indios venían contra él y si no fuera por un esclavo negro lo mataran. No desmayó aunque salió -160- herido tan malamente ni dejó de hacer el deber hasta que los indios de todo punto huyeron; y fue por los suyos metido en una casa y echaron en una cama de ramos que le pudieron hacer muy tristes por haber acaecido tal desgracia y con toda diligencia fue curado como mejor se pudo hacer; y estuvieron en aquella tierra hasta que sanó del ojo, aunque no quedó con la vista que primero en él tenía; y como estuviese sano se embarcaron en el navío no parecían (sic). Con esta congoja navegaron hasta que llegaron al paraje del río de Sant Juan, y hallaron de la una parte y de la otra del río algunos pueblos, y les pareció ser mejor tierra que toda la que habían visto. Los indios de la costa y de aquel río como vían el navío, espantábanse; no podían presumir que fuese y24 como subieron grandes panto (sic) algunos también haba que sabían y que no se holgaban de lo ver por la noticia que tenían. Pues como Almagro hubiese llegado al río de Sant Juan sin haber topado a sus compañeros ni rastro de donde estaban ni quel navío parecía, determinó de no pasar más adelante sino dar la vuelta a Panamá, creyendo sin duda alguna que Francisco Pizarro con los que con él salieron eran todos muertos; y así lo pusieron por obra con mucha tristeza, y ambaron hasta que llegaron a las Perlas; adonde consultasen (como saltasen) en tierra supieron como Ribera había vuelto a Panamá en el navío y cómo Pizarro con sus compañeros estaba en Chicama, donde habían quedado cuando el navío partió. Recibieron con esta nueva gran alegría y tornando a navegar fueron al puerto de Chicama, donde con mucho placer se recibieron los unos de los otros, contando los de tierra los trabajos grandes que habían pasado y los muchos que se habían muerto; los del navío y por el consiguiente decían lo mucho que había que andaban buscándolos y como habían llegado hasta el río de Sant Juan. Francisco Pizarro y sus compañeros mostraron que les pesaba mucho que hobiese perdido el ojo Almagro. Como se juntaron los dos compañeros Francisco Pizarro y Diego de Almagro, trataron -161- de muchas cosas tocantes al descubrimiento. Estaban mohínos porque no salían de manglares y montañas [...] (preguntándose si) todo no fuera así (sic); mas como ya habían comenzado y estuviesen adeudados no les convenía salirse afuera sino echar el resto y con ello aventurar las vidas; y acordaron que Almagro volviese a Panamá a adobar los navíos y volver con más gente para proseguir el descubrimiento; y así como lo acordaron lo pusieron por obra, sacando en tierra todo el bastimento que había en la nao.

Capítulo IX
De cómo Diego de Almagro volvió a Panamá, donde halló que Pedrarias hacía gente para , y lo que le sucedió así a él como al capitán Francisco Pizarro su compañero.

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