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La obra fundamental de Fray Domingo de Santo Tomás es la publicación que hizo en España de la primera Gramática y del primer Vocabulario quechuas, en 1560. Ambos trabajos inician la labor científica -39- del quechuismo. La Gramática y el Vocabulario de Fray Domingo son los primeros documentos escritos sobre la lengua oficial de los Incas.
(Fuentes Históricas Peruanas. Páginas 25 y 26. Lima, 1955)
Era de veras interesante descubrir en qué fuentes se inspiró Cieza de León, para sus trabajos inmortales. No olvidemos que nuestro compatriota, reverendo padre fray José María Vargas, de la Orden de predicadores, escribió una notable biografía del insigne fray Domingo de Santo Tomás, su hermano de hábito, y que también reimprimió en Quito el Vocabulario de este benemérito maestro de Cieza. El padre Vargas señala el año de 1540 como el en que pasó fray Domingo al Perú, llevado por fray Francisco Martínez Toscano y no por el padre Valverde.
En la Cuarta Reunión del Congreso Internacional de Americanistas, verificada en Madrid el año de 1881, presentó don Marcos Jiménez de la Espada a la Asamblea el volumen que él acaba de publicar y que encerraba la segunda parte de la Crónica del Perú, escrita por Pedro de Cieza de León, volumen titulado El Señorío de los Incas. En tan solemne ocasión dijo Jiménez de la Espada al ofrecer el libro de Cieza a cada uno de los asistentes al Congreso, lo siguiente:
Mi objeto al ofrecer un ejemplar a cada uno de los señores que forman el Congreso Americanista es él siguiente:
Suministrar un fundamento más a la crítica que en mi concepto merecen las historias que hasta ahora pasan por oficiales y fidedignas entre nosotros acerca de los sucesos, tanto anteriores como coetáneos, de la conquista, y aún posteriores a nuestra dominación ultramarina. Este libro que tengo el honor de ofrecer al Congreso es la segunda parte de la gran crónica que escribió Cieza de León, la cual ha sido fraudulentamente plagiada por alguno de nuestros más reputados cronistas: delito literario que ha traído por consecuencia que un modesto y laborioso soldado, conquistador -40- y descubridor de los primeros, que anduvo todo el país que describió y conoció de todos los sucesos de que se hizo cargo en su obra admirable, que antes que nadie se atrevió a descifrar y ordenar los anales misteriosos de los tiempos anteriores de la conquista, haya sido suplantado por el que hoy todavía lleva la palma y la primacía entre los escritores de antigüedades peruanas, el inca Garcilaso de la Vega.
El año 1550 acabó Pedro de Cieza de León la historia de los incas, y en el de 1606 concluyó Garcilaso la suya. Yo pregunto a los señores que me escuchan, que tanto conocen la antigua historia de América, si han visto alguna vez, al tratarse de los Incas y sus hechos citar como autoridad el nombre de Pedro de Cieza de León. Nunca. Garcilaso ha sido el que ha llevado siempre la preferencia; y hasta el famoso Prescott, desmintiendo en este punto su erudición y sagacidad indiscutibles, ha pospuesto a las afirmaciones y fantasías de Garcilaso los textos de otros que han escrito con anterioridad a él y con más garantías de veracidad y acierto.
Paréceme, pues, justificado mi empeño de propagar el conocimiento de esta obra hasta ahora usurpada totalmente por el cronista. Herrera, a costa de la gloria de su autor. Y los que tengan la bondad de leerla comprenderán sin gran esfuerzo la superioridad crítica que distingue a Cieza de León comparado con Garcilaso. Este conocía mejor que Cieza la lengua de los soberanos y gentes que pretendía historiar, como que era la de toda su familia y la suya, como que era inca; pero apasionado por las cosas de su familia, convirtió en fábulas, abultándolos y adulterándolos, los hechos que como reales y positivos consigna en su crónica Pedro de Cieza. Yo creo, pues, que en desagravio a la memoria de este desgraciado cronista, es justo que se propague este escrito, como todos los suyos, y cundan sus ideas entre los que se dedican al estudia de las antigüedades americanas.
(Actas -41- del Congreso de Americanistas, reunido en Madrid el año de 1882. Tomo I. Páginas 214 a 216)
Razón tuvo Jiménez de la Espada al llamar desgraciado a Cieza de León, pues, lo fue como nadie en la suerte de sus libros. Hay que recordar en efecto y lo ha narrado brillantemente, entre otros, Gustavo Otero Muñoz, en el ensayo biográfico sobre Cieza que publicó el año de 1938 en Bogotá, que el manuscrito de la Segunda parte de la Crónica del Perú, que trata del Señorío de los incas yupanquis y de sus grandes hechos y gobernación, se guardaba inédito en la Biblioteca del Escorial. Lord Kingsborough sacó de él una copia y de ésta se tomó otra copia que fue a poder del historiador norteamericano Prescott, autor de la Conquista del Perú, en esta última el encargado de sacarla cometió el grave error de poner la palabra por en vez de para, con lo que se atribuyó al Presidente del Consejo de Indias, don Juan de Sarmiento la paternidad del Señorío de los Incas. Fue necesaria la intervención de Jiménez de la Espada pura que Cieza recuperara, al cabo de trescientos treinta años de haberlo escrito, la paternidad de su libro.
También el Tercer libro de las Guerras Civiles del Perú, el cual se llama la Guerra de Quito, se lo habla apropiado íntegramente el cronista don Antonio de Herrera, quien, como dijo Jiménez de la Espada, se atrevió a sepultar en sus Bodegas una crónica entera y modelo de su clase, y con ella el nombre de un soldado valiente y pundonoroso, los afanes y desvelos de un hombre honrado y de elevada inteligencia y una reputación de historiador más grande y bien ganada que la suya. Jiménez de la Espada, el restaurador de la fama de Cieza de León, con el códice original de la Guerra de Quito a la mano, comprobó el plagio de Herrera y Tordecillas.
A los sesenta y un años de haber publicado Jiménez de la Espada la Segunda parte de la Crónica del Perú -42- de Cieza de León, volvió a editarla con las notas del americanista español y con otras suyas, en Buenos Aires en 1943, don Alberto María Salas, miembro de la Sociedad Científica Argentina, en impresión cuidadosa y numerada, precedida de interesante estudio sobre Cieza. Creo oportuno insertar sólo el juicio que a Salas le merece la obra del gran cronista sobre el Señorío de los Incas. Después de describir el asombro que le causaron a Cieza de León, que venía desde Tierra Firme, comarca de indios caribes, desnudos, sin siembras ni orden aparente alguno, las tierras del Perú, en donde halló una civilización en todo superior y en algunos aspectos, como el de la conservación de los caminos, mejor aún que la de la misma España, anota Salas cómo Cieza se propuso averiguar todo lo que era dable acerca del origen de los incas, sus instituciones, su historia y expansión territorial. Había llegado al Perú, quince años después de la muerte de Atahualpa. Encontró a muchos de los antiguos conquistadores que conocieron al regio prisionero de Pizarro. En el Cuzco vivían los descendientes de Huayna Capae y muchos miembros de la nobleza que habían escapado a la matanza ordenada por Atahualpa. Los indios celebraban todavía, en lugares apartados, sus fiestas y ceremonias religiosas; conservaban ocultos sus ídolos y las momias de los incas y sus coyas, ya petrificadas. Estas son las fuentes para el relato del cronista, que será imparcial, pues, dice Salas:
Está libre, Cieza de León, de todo compromiso. No los reconoce. Su simpatía hacia el indígena no vicia en nada la seriedad de su Crónica; antes por el contrario nos está indicando que se ha acercado a esa realidad dispuesto a comprender, sin otras prevenciones más peligrosas y deformadoras.
Termina así la Introducción de Salas al libro de Cieza:
El Inca, con su solemnidad y poder reverenciado, inobjetable, le deslumbra, convirtiéndose en el eje de su relato. Se diría que es toda la tierra de América, sus misterios y la sugestión profunda de las comarcas -43- desconocidas, atrapando al conquistador, desquitando a toda la raza indígena de su vencimiento. Cieza que pasó a América con la edad en que sólo se concibe la aventura, acabó haciendo relación y crónica de esta tierra, fatigosa ambición que no le reparó de pobrezas, pero que nos ha dejado las páginas honestas de este libro, la memoria perpetuada a través de los siglos, que han sido el olvido de tantos.
(Obra citada. Ediciones Argentinas «Solar». Buenos Aires, 1943)
Se sabía de la existencia, de la Tercera parte de la Crónica de Pedro de Cieza de León, mas el texto de ella, no lo conocíamos, hasta que un investigador peruano, el doctor don Rafael Loredo, del Instituto Histórico del Perú, comenzó en 1946 la publicación de los capítulos de esa Tercera parte de la Crónica de Cieza, en el Mercurio Peruano que se edita en Lima bajo la dirección del doctor Víctor Andrés Belaunde
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