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Montenegro con los que iban en el navío navegaron hasta que llegaron a las Islas de las Perlas, bien fatigados de la hambre que habían padecido, y como allí llegaron, comieron y holgaron teniendo cuidado de volver brevemente a remediar los que quedaron con el capitán Francisco Pizarro; y luego metieron en el navío mucho maíz y carne y plátanos y otras frutas y raíces, y con todo ello dieron la vuelta a donde habían dejado a los cristianos; y llegaron a tiempo que el capitán con algunos dellos habían salido a lo que en el capítulo pasado se contó; y como vieron el navío fue tanto el placer y alegría que todos recibieron cuanto aquí se puede encarecer. Teníen en más el poco mantenimiento que en él -150- venía que a toda el oro del mundo; y así, antes de ser llegado al puerto, los que estaban enfermos como si estuvieran sanos se levantaron. El capitán Francisco Pizarro después que hobo andado algunos días por aquella playa donde hallaron los cocos y por el monte de la redonda, viendo que no podían hallar poblado alguno y que la tierra adentro era infernal, llena de ciénagas y de ríos, determinó de volver con sus compañeros al real donde habían quedado los otros. En el camino encontraron con (un) español que muy alegre venía a les contar la buena venida del navío y que traía en la mochila tres roscas de pan para el capitán y cuatro naranjas. Entendido lo que pasaba, no fue menos el placer que recibió el capitán y los que con él iban que el que habían recibida los otros; y dieron gracias a Dios, porque así se había acordado dellos en tiempo de tanto trabajo. Pizarro repartió las roscas y las cuatro naranjas por todos, sin comer dellas él más que cualquiera dellos y tanto esfuerzo tomaron, como si hobieran comido cada uno un capón; y con él anduvieron a toda prisa hasta que llegaron al real, adonde todos se hallaron (sic) alegremente y Montenegro dio cuenta al capitán de lo que había pasado en el viaje, y comieron todos de lo que vino en la nave hablando unos con otros de lo que por ellos había pasado hasta aquel tiempo. Dicen que faltaban veinte y siete españoles que se habían muerto con la hambre pasada los que duro (sic) y el capitán se embarcó en el navío, con determinación de correr la costa del largo al Poniente, donde esperaba topar alguna tierra buena fértil y rica; y como se hubiera embarcada navegaron y tomaron tierra en un puerto, que, por llegar día de Nuestra. Señora de la Candelaria, le pusieron por nombre puerto de la Candelaria; y vieron como atravesaban caminos por algunas partes, más la tierra era peor que la que dejaban atrás de manglares y montañas tan espantosa que parece llegar a las nubes, y tan espesa que no se veía sino raíces y árboles, porque el monte de acá es de otra manera que los de España. Sin esto; caían tantos y tan grandes aguaceros, que aún andar no podían. La ropa, con ser camisetas de anjeo, las más que traían, se -151- les podría y se les caía a pedazos los sombreros y bonetes. Hacía tan grandes relámpagos y truenos como han visto los que por aquella costa han andado y caían rayos. Con los nublados no veían el sol en muchos días y aunque salía la espesura del monte era tanta, que siempre andaban medio en tinieblas. Los mosquitos los fatigaban, porque, cierto, donde hay muchos es gran tormento. A mí me ha muchas veces acaecido estar de noche lloviendo y tronando, y salirme de la tienda del valle, e subirme a los cerros y estar a toda el agua por huir dellos. Son tan malos cuando son de los (¿ponzoñosos?) que muchos han muerto de achaque dellos. Los naturales de aquellas montañas en algunas partes hay muchos y en otras pocos, y como la tierra es tan grande, tienen bien donde se extender, porque no tienen pueblos juntos ni usan de la policía que otros, antes viven entre aquellos breñales o barrios con su mujer y hijos y en laderas cortan monte y siembran sus raíces y otras comidas. Todos entendían y sabían como andaba el navío por la costa, y como los españoles andaban saltando en los puertos, los que estaban cerca del mar poníanse en cobro sin les osar aguardar.

Capítulo VI
De cómo el capitán con los españoles dieron en un pueblo de indios donde hallaron cierto oro, y cómo tomaron puerto en pueblo quemado; de donde enviaron el navío a Panamá y lo que más paso.

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