Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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Después de Alonso de Ojeda y Nicuesa vino por gobernador Pedrarias Dávila y estuvo algunos tiempos en la ciudad del Darién, y como se poblase Panamá y el Reino de Tierra Firme, siendo primero descubierta la Mar del Sur por el adelantado Vasco Núñez de Balboa y por el piloto Pero Miguel, hijo de Juan de la Cosa, según algunos dicen tratábase sobre descubrir tierras en la dicha Mar del Sur, y como el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo que fue oficial real en el Darién, tenga tan elegante y bien escrito lo de aquellos tiempos, pues se halló presente y lo vido lo más dello, aunque yo alcance a tener alguna noticia y pudiera tratar algo dello, pasaré lo mucho que tengo que hacer remitiendo al tenor (¿lector?) a lo que Oviedo sobrello escribe donde lo verá bien largo y copiosa. Y con tanto digo, que en el tiempo que el Darién estuvo poblado, hobo entre los españoles que allí se hallaron dos llamado gel uno Francisco Pizarro que primero fue capitán de Alonso de Ojeda, y Diego de Almagro; y eran personas con quien tuvieron los gobernadores cuenta porque fueron para mucho trabajo y con constancia perseveraron en él, quedaron por vecinos en la ciudad de Panamá en el repartimiento que hizo de indios que hizo el gobernador Pedrarias; estos dos tenían compañía en sus indios y haciendas; y sucedió que Pedrarias envió a la Isla Española al capitán (Herrera) para que procurase de traer alguna gente y caballos para ir a poblar la provincia de Nicaragua antes que Gil Gonzales Dávila lo pudiera hacer, porque supo que lo andaba descubriendo para poblar. Informome Nicolás de Ribera, vecino de la ciudad de Los Reyes, que de los de aquel tiempo y no (y uno) de las trece que descubrieron el Perú, que supo que llegado (Herrera) a la ciudad de Santo Domingo, contrató -143- con un Juan Basurto para que viniese a Panamá donde Pedrarias le haría su capitán general para que pudiere ir a la provincia de Nicaragua a poblar y descubrir y codicioso Basurto de hacer aquella jornada vino a Tierra Firme; él trayendo alguna gente y caballos; y que en el inter de esto el gobernador Pedrarias había dado comisión para hacer la jornada dicha al capitán Francisco Hernandes (de Córdoba) de que Juan Basurto mostró sentimiento, y así lo entendió Pedrarias y porque no tuviera su venida por perdida, platicó con él para que pues ya no podía ir a lo de Nicaragua, por estar Francisco Hernández proveído en el cargo, que fuese a descubrir con algunos navíos por la Mar del Sur de que se tenía grande esperanza de hallar tierra rica. Dicen que Juan Basurto acetó el cargo que le daba Pedrarias, y qué para hacer la jornada más a su gusto, determinó de volver a Santo Domingo para traer más gente y caballos, porque en aquellos tiempos estaba desproveído el reino de Tierra Firme, y con mucha diligencia se partió para embarcarse en el nombre de Dios, donde la muerte atajó su pensamiento y le llamó para que fuera a dar cuenta de la jornada de su vida. En Panamá luego se supo de la muerte de este Basurto y como iba a hacer lo que se ha escrito; y estando en la misma ciudad por vecinos y siendo en ella compañeros Francisco Pizarro y Diego de Almagro, que también lo era con ellos Hernando de Luque, clérigo, trataron medio de burla sobre aquella jornada y cuanto había deseado el adelantado Vasco Núñez de Balboa hacerla y descubrir a la parte del Sur lo que hobiese. Pizarro dio muestra a sus compañeros tener desea de aventurar su persona y hacienda en hacer aquella jornada, de que Almagro plugo mucho, pareciéndole que sin aventurar nunca los hombres alcanzan lo que quieren; y determinaron de pedir la jornada para el dicho Francisco Pizarro; y así afirman los que esto saben y dellos son vivos que fueron a Pedrarias y le pidieron la demanda de aquel descubrimiento; y después de haber tenido sobrello grandes pláticas, Pedrarias se la concedió con tanto que hicieran con él compañía para que tuviere parte en el provecho que se hubiere, y siendo dello contentos los -144- compañeros, se hizo por todos cuatro la compañía, para que sacando los gastos que se hicieren, todo el oro y plata y otros despojos se partieron entre ellos por iguales partes sin que uno llevare más que otro; y dio Pedrarias a Francisco Pizarro provisión de su capitán, para que en nombre del Emperador hiciese el descubrimiento que de suso es dicho; y divulgase por Panamá de que no poco se reían los más de los vecinos teniéndolos por locos, porque querían gastar sus dineros para ir a descubrir manglares y ciburocos (ceborucos). Mas no por estos dichos dejaron de buscar dineros para proveimientos de la jornada, y mercaron un navío que estaba en el puerto, que dicen que era uno de los que hizo Vasco Núñez a un Pedro Gregorio, y llevaron por piloto, a lo que yo supe, había por nombre Hernán Peñate; diéronse priesa a aderezar el navío con velas y jarcia y de lo más que había menester para el viaje, y procuraron allegar alguna gente de la que había en la tierra y juntaron ochenta españoles poco más o menos, de los cuales iba por alférez Sauzedo y por tesorero Niculas de Ribera, y por veedor Juan Carvallo; y habiendo puesto a punto lo que convenía meter en el navío, fueron llevados a él cuatro caballos no mas, que se pudieron haber; y la gente se embarcó, y Francisco Pizarro despidiéndose de Pedrarias y de sus compañeros, hizo lo mismo.
Capítulo III
De cómo salió el capitán Francisco Pizarro al descubrimiento de la Mar del Sur y por qué se llamó el Perú aquel reino.
Habiéndose embarcado Francisco Pizarro con los cristianos españoles que con él fueron, salió del puerto de ciudad -145- de Panamá mediados el mes de noviembre de 1523 (sic) quedando en la ciudad Diego de Almagro para procurar gente y lo más para la conquista necesaria para enviar socorro a su compañero. Como Pizarro salió en su navío de Panamá; anduvieron hasta llegar a las Islas de las Perlas donde tomaron puerto y se proveyeron de agua y leña y de hierba para los caballos de donde anduvieron hasta el puerto que llaman de Piñas, por las muchas que junto a él se crían, y saltaron los españoles todos en tierra con su capitán que no quedó en la nave más que los marineros, determinaron de entrar la tierra adentro a buscar mantenimiento para fornecer el navío, creyendo que lo hallarían en la tierra de su cacique a quien llaman Berruquete o Peruquete; y anduvieran por un río arriba tres días con mucho trabajo, porque caminaban por montañas espantosas, que era la tierra por donde el río corría tan espesa y con trabajo podían andar; y llegando al pie de una gran sierra la siguieron yendo ya muy descaecidos del trabajo pasado y de lo poco que tenían que comer y por dormir en el suelo mojado entre los montes, llevando con todo esto sus espadas y rodelas en sus hombros con las mochilas, y tan fatigados llegaron, que de puro cansancio y quebrantamiento murió un cristiano llamado Morales, los indios que moraban entre aquellas montañas entendieron la venida de los españoles, y por la nueva que ya tenían de que eran muy crueles… (¿no quisieron?) aguardarlos antes desamparando sus casas hechas de madera y paja o hojas de palma, se metieron en la espesura de la montaña donde estaban seguros. Los españoles habían llegado a unas pequeñas casas que se decían ser del cacique Periquete (sic) donde no hallaron otra cosa que un maíz de (sic) las raíces que ellos comen. Dicen los antiguos españoles que el reino del Perú se llamó así por este pueblo o señorete llamado Peruquete (sic) y no por el río, porque no lo hay que tenga tal nombre. Los cristianos como no pudieron ver indio ninguno ni hallaron bastimentos ni nada de lo que pensaron, estaban muy tristes y espantados de ver tan mala tierra. Parecíales que el infierno no podía ser peor; más encomendándose -146- a Dios con mucha paciencia el capitán y ellos dieron la vuelta por donde habían venido adonde dejaron el navío, y llegaron a la mar bien cansados y llenos de lodos y los más descalzos con los pies llagados de la aspereza del monte y de las piedras del río. Luego se embarcaron y como mejor pudieron navegaron al Poniente prosiguiendo su descubrimiento, y a cabo de algunos días tomaron tierra en un puerto, que después llamaron de la Hambre donde se proveyeron de agua y leña.
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