quedaron16.
Pues estando Guayna Capac en el Quito grandes compañas de gente que tenía, y los demás señores de su tierra viéndose tan poderoso, pues mandaba desde el ría de Angasmayo al de Maule, que hay más de mill y doscientas leguas, y estando tan crecido en riquezas, que afirman que habían hecho traer a Quito más de quinientas cargas de oro, y más de mill de plata, y mucha pedrería y ropa fina, siendo temido de todos los suyos, porque no se le osaban desmandar, cuando luego hacía justicia; cuentan que vino una gran pestilencia de viruelas tan contagiosas, que murieron más de doscientas mill ánimas en todas las comarcas, parque fue general; y dándole a él el mal, no fue parte todo lo dicho para librarlo de la muerte, porquel gran Dios no era dello servido. Y como se sintió tocado de la enfermedad, mandó se hiciesen grandes sacrificios por su salud en toda la tierra, y por todas las guacas y templos del sol; mas yéndole agraviando, llamó a sus capitanes y parientes, y les habló algunas cosas, entre las cuales les dijo, -133- a lo que algunos dellos dicen, que él sabia que la gente que habían visto en el navío, volvería con potencia grande y que ganaría la tierra. Esto podría ser fábula, y si lo dijo, que fuese por boca del demonio, como quien sabía que los españoles iban para procurar de volver a señorear. Dicen otros destos mismos, que conociendo la gran tierra que había en los Quillacingas17 y Popayaneses, y que era mucho mandarlo uno, y que dijo que desde Quito para aquellas partes fuese de Atahuallpa, su hijo, a quien quería mucho, porque había andado con él siempre en la guerra; y que lo demás mandó que señorease y gobernase Guascar, único heredero del imperio. Otras indios dicen que no dividió el reina, antes dicen que dijo a los que estaban presentes, que bien sabían cómo se habían holgado que fuese Señor, después de sus días, su hijo Guascar, y de Chincha18 Ocllo, su hermana, con quien todos los del Cuzco mostraban contento; y puesto que si él tenía otros hijos de gran valor, entre los cuales estaban Manque Yupanqui, Tupac Inca, Guanca Auqui, Tupac Gualpa, Titu19, Guaman Gualpa, Manco Inca, Guascar, Cusi Hualpa20, Paullu Tupac21 Yupanqui, Conono, Atahuallpa, quiso no dalles nada de lo mucho que dejaba, sino que todo lo heredase del, como él lo heredó de su padre, y confiaba mucho guardaría su palabra, y que cumpliría lo que su corazón quería, aunque era muchacho; y que les rogó lo amasen y mirasen como era justo, y que hasta que no tuviese edad perfecta y gobernase, fuese su ayo, Colla Tupac22, su tío. Y como esto hobo dicho, murió.
Y luego que fue muerto Guayna Capac, fueron tan grandes los lloros, que ponían los alaridos que daban en las nubes, y hacían caer las aves aturdidas de lo muy alto hasta el suelo. Y por todas partes se divulgó la nueva, -134- y no había parte ninguna donde no se hiciese sentimiento notable. En Quito lo lloraron, a lo que dicen, diez días arreo; y dende allí lo llevaron a los Cañares, donde le lloraron una luna entera; y fueron acompañando el cuerpo muchos señores principales hasta el Cuzco, saliendo por los caminos los hombres y mujeres llorando y dando aullidos. En el Cuzco se hicieron más lloros, y fueron hechos sacrificios en los templos, y aderezaron de le enterrar conforme a su costumbre, creyendo que su ánima estaba en el cielo. Mataron, para meter con él en su sepoltura y en otras, más de cuatro mill ánimas, entre mujeres y pajes, y otros criados, tesoros, pedrería, y fina ropa. De creer es que sería suma grande la que pornían con él. No dicen en dónde ni cómo está enterrado, más de que concuerdan que su sepoltura se hizo en el Cuzco. Algunos indios me dijeron a mí que lo enterraron en el río de Angasmayo, sacándolo de su natural para hacer la sepoltura; mas no lo creo, y lo que dicen de que se enterró en el Cuzco, sí23.
De las cosas deste rey dicen tanto los indios, que no es nada lo que yo escribo ni cuento; y cierto, creo que dél y de sus padres y abuelos se dejan tantas cosas de escrebir, por no los alcanzar por entero, que fuera otro compendio mayor que el que se ha hecho».
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Del Señorío de los Incas
Tercera parte de la Crónica del Perú de Pedro de Cieza de León
Libro 2.º M.S.
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Capítulo I
Del descubrimiento del Perú.
No dejé cuando la pluma tomé, para contar a los hombres que hoy son y serán la conquista y descubrimiento que los nuestros españoles hicieron en el Perú, cuando lo ganaron e considerar que trataba de la más alta materia de que en el Universo se pudiera escribir, de cosas profanas, quiero decir, porque dónde vieron hombres lo que hoy ven, que en cient flotas cargadas de metal de oro y plata como si fuera hierro ni donde se vio ni leyó que tanta riqueza saliese de un reino tanta y tan grande, que no solamente está España llena destos tesoros y sus ciudades pobladas con hombres, digo muchos peruleros ricos que de acá han ido, más han encarecido el reino con el mucho dinero, que han llevado -140- tanto cuanto saben los que lo consideraren; y no solamente España, recibió esta carestía, más toda Europa se mudó del ser primero, y las mercadurías y todos tratos tienen otros precios que no tuvieron; tanto ha subido en España que si va como ha ido, no sé adonde se subirán los precios de las cosas, ni como los hombres podrán vivir (claro) de tierra para pasar la vida humana tan gruesa, tan harta, tan abundante, que en todo lugar que no hay nieve ni monte, no se puede mejorar, como algo dello apunté en la primera parte, que hobiere Dios permitido que tantos años y por tan largos tiempos estuviere cosa tan grande oculta al mundo y no conocida de los hombres, y hallada, descubierta y ganada en tiempo del Emperador don Carlos, que tanta necesidad de su ayuda ha tenido por las guerras que se le han ofrecido en germanía contra los luteranos y en otras jornadas importantísimas; porque cierto tengo para mí todo este orbe de Indias que tan grande es, ha sido descubierto en tiempos de mucha riqueza; más si se quisieren tomar por los oficiales reales trabajo de ver por los quintos lo que sumaba, montaría solo el tesoro que del Perú ha ido más que todo esotro junto, y no poco más, sino mucho en España ochocientos y veintidós años antes del nascimiento de Xpo que se encendieron los montes Perineos, que los fimas (¿fenicios?) y los de Macilla (¿Marisilia?) llevaron muchas naves cargadas de plata y oro; y en el Andalucía, después desto hobo mucho metal de plata, y sabemos que en Churabon en tiempo (claro) hobo tanta plata que no se tenía en cuenta; y cuando Salomón enriqueció el templo con vasos y riquezas, fue mucho lo que en ello se gastaba; y sin todo esto sabemos que en el Levante hay tierras ricas de oro y plata; más ni una cosa destas se puede igualar ni comparar con la del Perú, porque contado lo que hubo en Caxamalca cuando el rescate de Atabalipa y lo que después se repartió en Xauxa y en el Cuzco y lo que más se hubo en el reino es tan gran suma que yo, aunque pudiera, no lo oso afirmar; pero si con ello quisiera edificar otro templo se hiciera que fuera de más riquezas que el del Cuzco ni ninguno de cuantos en el mundo (¿han sido?). Ansí y todo es -141- nada lo que del Perú se ha sacado, para lo mucho que en la tierra está perdido enterrado en sopolturas de reyes y de caciques en los templos. Así lo conocían los mismos indios y lo confiesan. Pues después de todo esto que sé sacaron de Guailas, de Porco, de Caruaya, de Chile, de los Cañares, ¿quién contará el oro que destos lugares entró en España?, y si para esto ponemos tanta dificultad, qué diremos del cerro de Potosí, de quien tengo para mí ha salido desde que del sacan plata, con lo que los indios han llevado sin que sepan más de veinte y cinco millones de pesos de oro, todo en plata, y sacaran deste metal para siempre mientras hubiere hombres, como lo quisieran buscar. Y sin esto que comienzo la escritura delicada por contar el fin de la guerra de los dos hermanos Huascar y Atabalipa, y como trece xpnos lo descubrieron casi milagrosamente, y después fueron para lo ganar, por la guerra que hallaron trabada, no más de ciento y setenta; y com o después se fueron encadenando las cosas de unas en otras, a que en el Perú hobo tantas disenciones, tantas guerras entre los nuestros y tratadas tan ásperamente y unos con otros con tanta crueldad (claro) y los otros tiranos, y las cosas que pasaron en este (claro) con todos si no hobiese testigos muchos no sería creído, tanto, questando en el Perú no hay para que hablar de Italia, ni de Lombardia ni de otra tierra, aunque sea muy belicosa; pues lo que ha hecho tan poca gente no se puede comparar sino con ella misma. Con estas mudanzas murieron muchos que estaban obligados; llegaron a ser capitanes y en riqueza tanto que algunos tenían más renta una solo, que el mayor señor de España fuerel Rey (sic).
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Capítulo II
De cómo el gobernador Pedrarias nombró por capitán de la Mar del Sur, a Francisco Pizarro y cómo salió de Panamá al descubrimiento.


















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