Х. Роберто Паэс. Испанские колониальные хронисты: часть вторая. J. Roberto Páez. Cronistas coloniales - Segunda parte
Uncategorized March 11th, 2006
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128-
Guayna Capac recobró los suyos que eran vivos, y a los que eran muertos mandó hacer sepolturas y sus honras, conforme a su gentilidad, porque ellos todos conocen que hay en las ánimas inmortalidad; y también se hicieron, en donde esta batalla se dio, bultos de piedra y padrones9 para memoria de lo que se había hecho; y Guayna Capac envió aviso de todo esto hasta el Cuzco, y se reformó su gente, y fue adelante de Caranque.
Y los de Otavalo, Cayanbi, Cochasqui, Pifo10, con otros pueblos, habían hecho liga todos juntos y con otros muchos, de no dejarse sojuzgar del Inca, sino antes morir que perder su libertad y que en sus tierras se hiciesen casas fuertes, ni ellos ser obligados de tributar con sus presentes ir al Cuzco, tierra tan lejos como habían oído. Y hablado entre ellos esto, y tenido sus consideraciones, aguardaron al Inca, que sabían que venía a les dar guerra; el cual con los suyos anduvo hasta la comarca destos, donde mandó hacer sus albarradas y cercas fuertes, que llaman pucaraes, donde mandó meter su gente y servicio. Envió mensajeros a aquellas gentes con grandes presentes, rogándoles que no le diesen guerra, porque él no quería sino paz con condiciones honestas, y que en él siempre hallarían favor, como su padre, y que no quería tomalles nada, sino dalles de lo que traía. Más estas palabras tan blandas aprovecharon poco, porque la respuesta que le dieron fue, que luego de su tierra saliese, donde no, que por fuerza le echaban della; y así, en escuadrones vinieron para el Inca, que muy enojado, había puesto su gente en campaña; y dieron los enemigos en él de tal manera, que se afirma, sino fuera por la fortaleza que para se guarescer se había hecho, lo llevaran y de todo punto lo rompieran; mas, conociendo el daño que recebía, se retiró lo mejor que -129- pudo al pucará, donde todos se metieron los que en el campo no quedaron muertos, o, en poder de los enemigos, presos.
Capítulo LXVII
Cómo, juntando todo el poder de Guayna Capac, dio batalla a los enemigos y los venció y de la gran crueldad que uso con ellos.
Como aquellas gentes vieron como habían bastado a encerrar al Inca en su fuerza, y que habían muerto a muchos de los orejones del Cuzco, muy alegres, hacían muy gran ruido con sus propias voces, tanto, que ellos mismos no se oían; y traídos atabales, cantaban y bebían enviando mensajeros por toda la tierra, publicando que tenían al Inca cercado con todos los suyos; y muchos lo creyeron y se alegraron y aún vinieron a favorescer a sus amigos.
Guayna Capad tenía en su fuerte bastimentos, y había enviado a llamar a los gobernadores de Quito con parte de la gente que a su cargo tenían, y estaba con mucha saña, porque los enemigos no querían dejar las armas; a los cuales muchas veces intentó, con embajadas que les envió y dones y presentes, atraerlos a sí; mas, era en vano pensar tal cosa. El Inca engrosó su ejército, y los enemigos hecho lo mesmo, los cuales determinadamente acordaron de dar en el Inca y desbaratarlo, o morir sobre el caso en el campo; y así lo pusieron por obra, y rompieron dos cercas de la fortaleza, que a no haber otras que iban rodeando un cerro, sin duda por ellos quedara la victoria; mas, como su usanza es hacer un cercado con dos puertas, y más alto otro tanto, y así -130- hacer en un cerro siete u ocho fuerzas, para si la una perdieren, subirse a la otra, el Inca con su gente se guaresció en la más fuerte del cerro, donde, al cabo de algunos días, salió y dio en los enemigos con gran coraje.
Y afirman, que llegados sus capitanes y gente, les hizo la guerra, la cual fue cruel, y estuvo la victoria dudosa; mas, al fin, los del Cuzco se dieron tal maña, que mataron, gran número de los enemigos, y los que quedaron fueron huyendo. Y tan enojado estaba dellos el rey tirano, que de enojo, porque se pusieron en arma, porque querían defender su tierra sin reconocer subjeción, mandó a todos los suyos que buscasen todos los más que pudiesen ser habidos; y con gran diligencia los buscaron y prendieron a todos, que pocos se pudieron dellos descabullir; y junto a una laguna, que allí estaba, en su presencia, mandó que los degollasen y echasen dentro; y tanta fue la sangre de los muchos que mataron, que el agua perdió su color, y no (se) veía otra cosa que espesura de sangre. Hecha esta crueldad y gran maldad, mandó Guayna Capac parecer delante de sí a los hijos de los muertos, y mirándoles, dijo: «Campa mana, pucula tucuy huambracuna»11. Que quiere decir: «Vosotros no me haréis guerra, porque sois todos muchachos agora». Y desde entonces se les quedó por nombre hasta hoy a esta gente los «Guambracunas»12, y fueron muy valientes; y a la laguna le quedó por nombre el que hoy tiene, que es «Yahuarcocha», que quiere decir «lago de sangre». Y en los pueblos destos «Guambracunas» se pusieron mitimaes y gobernadores como en las más partes.
Y después de se haber reformado el campo, el Inca pasó adelante hacia la parte del Sur, con gran reputación con la victoria pasada, y anduvo descubriendo hasta el río de Angasmayo, que fueron los límites de su imperio. Y supo de los naturales cómo adelante había muchas gentes, y que todos andaban desnudos sin ninguna vergüenza, y que, todos comían carne humana, todos en general, y hacían algunas fuerzas en la comarca de los Pastos; y mandó a los principales que le tributasen, y -131- dijeron que no tenían que le dar, y por los componer, mandó que cada casa de la tierra fuese obligada a le dar tributo, a cada tantas lunas, de un canuto de piojos algo grande. Al principio, riéronse del mandamiento; mas, después, por muchos quellos tenían, no podían henchir tantos canutos. Criaron con el ganado que el Inca les mandó dejar, y tributaban de lo que se multiplicaba, y de la comida y raíces que hay en sus tierras. Y por algunas causas que para ello tuvo, Guayna Capa volvió al Quito, y mandó que en Caranqui estuviese templo del sol y guarnición de gente con mitimaes y capitán general con su Gobernador, para frontera de aquellas tierras y para guarda dellas.
Capítulo LXVIII
De cómo el rey Guayna volvió a Quito, y de cómo supo de los españoles que andaban por la costa, y de su muerte.
En este mesmo año andaba Francisco Pizarro con trece cristianos por esta costa13, y había dellos ido al, Quito aviso a Guayna Capac, a quien contaron el traje que traían, y la manera del navío, y cómo eran barbados y blancos y hablaban poco y no eran tan amigos de beber como ellos, y otras cosas de las que ellos pudieron. -132- saber. Y cudicioso de ver tal gente; dicen que mandó con brevedad le trujiesen uno de dos que decían haber quedado de aquellos hombres, porque las demás eran ya vueltos con su capitán a la Gorgona, donde habían dejado ciertos españoles con los indios e indias que tenían, como en su lugar contaremos14.Y dicen unos destos indios, que después de idos, a estos dos, que los mataron, de que recebió mucho enojo Guayna Capac. Otros cuentan que soñó que los traían, y como supieron en el camino su muerte15, los mataron. Sin esto, dicen otros que ellos se murieron. Lo que tenemos por más cierto es, que los mataron los indios dende a poco que ellos en su tierra
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