De Tomebamba salió Guayna Capac y pasó por los Puruaes, y descansó algunos días en Riobamba, y en Mocha y en La Tacunga descansaron sus gentes y tuvieron bien que beber del mucho brebaje que para ellos estaba aparejado y recogido de todas partes. Aquí fue saludado y visitado de muchos señores y capitanes de la comarca, y envió orejones fue el de su linaje6 a que fuesen por la costa de Los Llanos y por la serranía a tomar cuenta de los quiposcamayos, que son sus contadores, de lo que había en los depósitos, y a que supiesen cómo se habían con los naturales los quel tenía puestos por gobernadores, y si eran bien proveídos los templos del sol y los oráculos y guacas que había en todo lugar; y al Cuzco envió sus mensajero para que ordenasen las cosas que dejaba mandase y en todo se cumpliese su voluntad. Y no había día que no le venían correos, no uno ni pocos, sino muchos, del Cuzco, del Collao, de Chile y de todo su reino.
De La Tacunga anduvo hasta que allegó a Quito, donde fue recebido, a su modo y usanza, con grandes fiestas, y le entregó el Gobernador de su padre los tesoros, que eran muchos, con la ropa fina y cosas más que a su cargo eran; y honrole con palabras, loando su fidelidad, llamándole padre y que siempre le estimaría conforme a lo mucho que a su padre y a él había servido. Los pueblos comarcanos a Quito enviaron muchos presentes y bastimento para el rey, y mandó que en el Quito se hiciesen más aposentos y más fuertes de los que había; y púsose luego por obra, y fueron hechos los que los nuestros hallaron cuando aquella tierra ganaron.
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Capítulo LXV
De cómo Guayna Capac anduvo por los valles de Los Llanos, y lo que hizo.
Unos de los orejones afirman, que Guayna Capac desde el Quito volvió al Cuzco por Los Llanos hasta Pachacama, y otros que no, pues quedó en el Quito hasta que murió. En esto, inquerido lo que es más cierto, lo porné conforme a como lo oí a algunos principales que se hallaron por sus personas con él en esta guerra; que dicen, que estando en el Quito, le vinieron de muchas partes embajadores a congratularse con él en nombre de sus tierras; que teniendo y habiendo tomado (de) seguro y por muy pacífico (modo) a las provincias de la serranía, pensó que sería bien hacer jornada a las provincias de Puerto Viejo y a lo que llamamos Guayaquil, y a los Yuncas, y tomando su consejo con sus capitanes y principales, aprobaron su pensamiento y aconsejaron que lo pusiera por obra. Quedaron en el Quito muchas de sus gentes; con la que convino salió, y entró por aquellas tierras; en donde tuvo con algunos moradores dellas algunas refriegas; pero, al fin, unos y otros quedaron en su servicio y puestos en ellas gobernadores y mitimaes.
La Puna tenía recia guerra con Túmbez, y el Inca había mandado cesar las contiendas y que le recebiesen en la Puna, lo cual Tumbalá sintió mucho, porque era señor della; mas, no se atrevió a ponerse contra el Inca, antes lo recebió y hizo presentes con fingida paz; porque, como salió, procurándolo con los naturales de la tierra firme, trataron de matar muchos orejones con sus capitanes que con unas balsas iban a salir a un río para tomar la tierra firme; más Guayna Capac lo supo y sobre ello hizo lo que yo tengo escripto en la primera parte en el capítulo LIII; y hecho gran castigo, y mandando hacer la calzada, o paso fuerte que llaman de -125- Guayna Capac7, volvió y paró en Túmbez, donde estaban hechos edificios y templo del sol; y vinieron de las comarcas a le hacer reverencia con mucha humildad. Fue por los valles de Los Llanos poniéndolos en razón, repartiéndoles los términos y aguas, mandándoles que no se diesen guerra, y haciendo lo que en otros lugares se ha escripto. Y dicen dél, que yendo por el hermoso valle de Chayanta, cerca de Chimo, que es donde agora está la ciudad de Trujillo, estaba un indio viejo en una sementera, y como oyó que pasaba el rey por allí cerca, que cogió tres o cuatro pepinos que con su tierra y todo se los llevó, y le dijo: -«Ancha Atunapu micucampa»; que quiere decir: «Muy gran Señor, come tú esto». — Y que delante de los señores y más gente, tomó los pepinos, y comiendo de uno de ellos, dijo delante de todos, por agradar al viejo: «Xuylluy, ancha mizqui cay»; que en nuestra lengua quiere decir: «En verdad que es muy dulce esto». De que todos recibieron grandísimo placer.
Pues pasando adelante, hizo en Chimo y en Guañape, Guarmey, Guaura, Lima y en los más valles, lo quél era servido que hiciesen; y como llegase, a Pachacama; hizo grandes fiestas y muchos bailes y borracheras; y los sacerdotes, con sus mentiras, le decían las maldades que solían, inventadas con su astucia, aún algunas por boca del mesmo demonio, que en aquellos tiempos es público hablaba a éstos tales; y Guayna Capac, les dio, a lo que dicen, más de cient arrobas de oro y mill de plata y otras joyas y esmeraldas, con que se adornó más de lo que estaba el templo del sol y el antiguo de Pachacama.
De aquí, dicen algunos de los indios que subió al Cuzco, otros que volvió ál Quito. En fin, sea desta vez, o que haya sido primero, que va poco, él visitó todos Los Llanos, y para él se hizo el gran camino que por ellos vemos hecho, y ansí, sabemos que en Chincha y -126- en otras partes destos valles, hizo grandes aposentos y depósitos y templo del sol. Y puesto todo en razón, lo de Los Llanos y lo de la sierra, y teniendo todo el reino pacífico, revolvió sobre el Quito y movió la guerra a los padres de los que agora llaman Huambracunas8 y descubrió a la parte del sur hasta el río de Angasmayu.
Capítulo LXVI
De cómo saliendo Guayna Capac de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos, los cuales volvieron huyendo de los enemigos, y lo que sobre ello hizo.
Estando en Quito Guayna Capac con todos los capitanes y soldados viejos que con él estaban, cuentan por muy averiguado, que mandó que saliesen de sus capitanes con gente de guerra a sojuzgar ciertas naciones que no habían querido jamás tener su amistad; los cuales como ya supiesen su estado en el Quito, recelándose dello, se habían apercibido y buscada favores de sus vecinos y parientes para resistir a quien a buscarlos viniese; y tenían hechos fuertes y albarradas e muchas armas de las que ellos usan; y como salieron, Guayna Capac fue tras ellos para revolver a otra tierra que confinaba con ella, que toda debía de ser la comarca de lo que llamamos Quito; y como sus capitanes y gentes salieron a donde iban encaminados, teniendo en poco a los que iban a buscar, creyendo que con facilidad serían señores de sus campos y haciendas, se daban prisa andar; mas, de otra suerte les avino de lo que pensaban; porque al camino les salieron con grande vocería y alarido y dieran de tropel en ellas con tal denuedo, que mataron y cautivaron -127- muchos dellos, y así los trataron, que los desbarataron de todo punto y les constriñeron volver las espaldas, y a toda furia dieron la vuelta huyendo, y los enemigos vencedores tras ellos, matando y prendiendo todos los que podían.
Algunos de los más sueltos anduvieron mucho en gran manera, hasta que toparon con el Inca, a quien solamente dieron cuenta de la desgracia sucedida, que no poco le fatigó, y mirándolo discretamente, hizo un hecho de gran varón, que fue, mandar a los que se habían venido que callasen y a ninguna persona contasen lo que ya él sabia, antes volviesen al camino y avisasen a todos los que venían desbaratados, que hiciesen en el primero cerro que topasen, cuando a él viesen, un escuadrón, sin temor de morir a el que la suerte les cayere; porque él, con gente de refresco daría en los enemigos y los vengaría; y con esto se volvieron. Y no mostró turbación, porque consideró que si en el lugar quel estaba sabían la nueva, todos se juntarían y darían en él, y se vería en mayor aprieto; y con disimulación les dijo que se aparejasen, que quería ir a dar en cierta gente que verían cuando a ella llegasen. Y dejando las andas adelante de todos salió y caminó día y medio, y los que venían huyendo, que eran muchos, (como) vieron la gente que venía, que era suya, a mal de su grado pararon en una ladera, y los enemigos que los venían siguiendo, comenzaron de dar en ellos, y mataron muchos; más Guayna Capac, por tres partes dio en ellos, que no poco se turbaron de verse cercados, y de los que ya ellos tenían vencidos, aunque procuraron de se juntar y pelear, tal mano les dieron, que los campos se hinchían de los muertos, y queriendo huir, les tenía tomado el paso; y mataron tantos, que pocos se escaparon vivos, si no fueron los cautivos, que fueron muchos; y por donde venían estaba todo alterada, creyendo que al mismo Inca habían de matar y desbaratar los que ya por él eran muertos y presos. Y como se supo el fin dello, asentaron al pie del llano, mostrando todos gran placer.
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