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xtremeña de Llerena.
Salió de España hacia 1535, es decir a los trece años de edad, si lo suponemos nacido en 1522. De Lima se ausentó hacia fines de 1550, para ir a Sevilla en donde editó su libro y en la misma ciudad murió el mes de julio de 1554, a la temprana edad de treinta y dos años, cuando tanto se podía esperar todavía de su portentosa pluma.
El tiempo que Cieza de León pasó en América fue de provecho para las letras, pues sin descuidar los deberes militares, supo emplear sus dotes de observación y su claro ingenio en atesorar para sus libros datos de sin igual importancia. No se movió a escribir por vanidad. Lo hizo por vocación irresistible; por necesidad innata de su naturaleza, y ante todo, por amor a Dios y a su patria. En el Prólogo del libro antes citado manifiesta cómo vaciló algún tiempo entre el deseo de poner por escrito cuanto sus ojos veían en América y el temor de no poder hacerlo por carecer de dotes para ello. Atribuye a gracia divina el que haya triunfado el afán por escribir la Crónica de los altos hechos castellanos. Movieron su ánimo, según dice, en primer lugar, el ver que nadie cuidaba de escribir la relación de los hechas castellanos en el Nuevo Mundo; en segundo lugar, la gloria que España debía recibir cuando se supiera por todos qué número tan grande de idólatras había llegado a conocer al verdadero Dios gracia a la conquista de América por gentes hispanas, y en tercer lugar, la grandeza de la Corona de Castilla a la que había de atribuirse -35- perpetuamente el esfuerzo realizado por ampliar sus dominios, con nuevos y no soñados territorios.
Puesto a la tarea de consignar por escrito las fatigas de los conquistadores, repartió su tiempo entre los ejercicios militares y los afanes de cronista. Así escribe:
Temeridad parece intentar un hombre de tan pocas letras lo que otros muchos no osaron, mayormente estando ocupado en las cosas de la guerra; pues, muchas veces cuando los otros soldados descansaban, me cansaba yo escribiendo. Mas ni esto, ni las asperezas de tierras, montañas y ríos ya dichos, intolerables hambres y necesidades, nunca bastaron para estorbar mis dos oficios de escribir y seguir a mi bandera y capitán, sin hacer falta.

Este capitán al que siguió por mucho tiempo y del que recibió no pocas recompensas fue el señor capitán don Sebastián de Benalcázar, al que Cieza llama «Fundador de la ciudad de Quito».
La tarea del historiador la concibió Pedro de Cieza de León como la más excelsa de todas. Según su parecer, el historiador halla su recompensa más cumplida en haber escrito la verdad, aún cuando no obtenga ninguna otra; esa le basta y esa justifica todos sus afanes. Se expresa así:
Por haber escrito esta obra con tantos trabajos, me parece que debería bastar para que los lectores me perdonasen las faltas que en ella a su juicio habrá. Y si ellos no perdonan, a mí me basta haber escrito lo cierto; porque esto es lo que más he procurado, porque mucho de lo que escribo vi por mis ojos estando presente, y anduve muchas tierras y provincias por ver lo mejor, y lo que no vi trabajé de me informar de personas de gran crédito, cristianos e indios.

Entre las muchas tierras que Cieza de León visitó para escribir su Crónica del Perú se cuenta la nuestra. A Quito dedicó a más de un libro entero:
-36-
La Guerra de Quito, editada por el insigne Marcos Jiménez de la Espada, varios capítulos en la Crónica del Perú. Así el que tituló Del sitio que tiene la ciudad de San Francisco del Quito y de su fundación y quien fue el que la fundó, en el que consignó datos de gran valor y que revelan profunda observación. De nuestra ciudad capital dice:
Es sitio sano, más frío que caliente. Está la ciudad metida debajo de la línea equinoccial tanto que la pasa casi a siete leguas. Es tierra toda la que tiene por términos al parecer estéril, pero en efecto es fértil, porque en ella se crían los ganados abundantemente y lo mismo todos los otros bastimentos de pan y legumbres, frutas y aves. Es la disposición de la tierra muy alegre, y en extremo se parece a la de España en la hierba y en el tiempo, porque entra el verano por el mes de abril y marzo y dura hasta el mes de noviembre, y aunque es fría, se agosta la tierra ni más ni menos que en España. Los naturales de la comarca en general son más domésticos y bien inclinados y más sin vicio que ningunos de los pasados, ni aún de los que hay en toda la mayor parte del Perú, lo cual es según lo que yo vi y entendí.

De la Fundación de Quito, escribe:
Digo que la fundó y pobló el capitán Sebastián de Belalcázar, que después fue adelantado y gobernador en la provincia de Popayán, en nombre del Emperador don Carlos, nuestro señor, siendo el adelantado don Francisco Pizarro gobernador y capitán general de los reinos del Perú y provincias de la Nueva Castilla, año del Nacimiento de Nuestro Redentor Jesucristo de 1534 años.

Razón de sobra tuvo don Moisés Sáenz para escribir en la página 302 de su libro sobre El India Peruano que la Crónica del Perú, de Cieza de León, en su primera y segunda parte es libro fundamental para la prehispánica y que Las Guerras -37- del Perú y de Quito, del mismo autor lo son para el conocimiento de la conquista.
No careció Cieza de León del conocimiento de su propia valía, cuando escribió en su afamada Crónica las siguientes palabras:
Llamó a la escriptura Cicerón, testigo de los tiempos, maestra de la vida, y luz de la verdad. Lo que yo pido es que, en pago de mi trabajo, aunque vaya esta escriptura desnuda de retórica sea mirada con moderación, pues, a lo que siento va tan acompañada de verdad. La cual subjeto al parecer de los doctos y virtuosos, y a los demás pido se contenten con solamente leer, sin querer juzgar lo que no entienden.

Leamos ciertamente no una sino muchas veces los libros del que ha sido juzgado por los doctos como el primero de los cronistas de Indias.
En la Introducción al precioso libro Tres relaciones de antigüedades peruanas, que en 1879 publicó el más ilustre de los americanistas, don Marcos Jiménez de la Espada, al hablar de los españoles que habían ido a América no ya con el deseo de hacerse ricos, sino para observar y describir los países que ese iban descubriendo y sus habitantes y también para evangelizar a estos últimos, citó a fray Domingo de Santo Tomás, de la Orden de los predicadores, con estas palabras:
De clérigos y religiosos, se cuenta al buen Fray Domingo de Santo Tomás, que al estudiar el idioma de los naturales, de que compuso el primer Arte y Vocabulario conocidos, investigó sus costumbres y ceremonias religiosas, consignándolas en escritos que vieron y aprovecharon algunos Cronistas del Perú.

Entre los cronistas que aprovecharon los datos y observaciones reunidos por fray Domingo de Santo Tomás, se cuenta Pedro de Cieza de León, según Raúl Porras Barrenechea, quien al hablar de las lenguas indígenas del Perú, se expresa así:
-38-
La aprehensión de las lenguas indígenas por el conquistador fue lenta y difícil. En las primeras crónicas sólo se recogieron muy pocas palabras, generalmente correspondientes a personajes o lugares, groseramente deformadas. Las primeras palabras comunes incorporadas son las de , yunga y mamacona. Algunos soldados, como Hernando de Aldama, aprenden el quechua de boca de los intérpretes Felipillo y Martinillo, pero en 1550 es todavía muy corto el caudal de palabras incorporado a las crónicas de Cieza o de Zárate. Uno de los primeros quechuistas es Fray Domingo de Santo Tomás, quien inició a Cieza en el estudio de las costumbres indígenas, y otro el soldar do Juan de Betanzos, que escribe en 1552 la Suma y de los Incas.
Fray Domingo de Santo Tomás es, sin duda, el fundador de los estudios de en el Perú. Era sevillano y vino a Lima en el primer equipo de frailes dominicos que trajo Fray Vicente de Valverde en 1538. Vivió algún tiempo en la costa del Perú, donde fundó las casas de Chincha, de Chicama y Trujillo y se familiarizó con las costumbres de los naturales.
En 1545 era Prior del Convento Dominico de Lima y cuando Cieza llegó al Perú, en 1548, era ya maestro en «cosas de indios». Había estudiado el quechua, comenzando probablemente por el yunga y predicaba ya a los indios en su lengua. Descubrió la declinación de los nombres y la conjugación de los verbos, poniendo los cimientos de los estudios de quechua. Establecida la Universidad de San Marcos fue el primero que se graduó en ella de doctor y el primer catedrático de Prima de Teología. Fue a España en 1557 y regresó como Obispo de Charcas en 1561 y murió en Chuquisaca en 1570. Su retrato se conserva en la Universidad de San Marc

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