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Los caraques y sus comarcanos es otro linaje de gente, y no son labrados, y eran de menor saber que sus vecinos, porque eran behetrías; por causas muy livianas se daban guerra unos a otros. En naciendo la criatura le alhajaban la cabeza, y después la ponían entre dos tablas, liada de tal manera, que cuando era de cuatro o cinco años le quedaba ancha o larga y sin colodrillo; y esto muchos lo hacen, y no contentándose con las cabezas que Dios les da, quieren ellos darles el talle que más les agrada; y así, unos la hacen ancha y otros larga. Decían ellos que ponían destos talles las cabezas porque serían más sanos y para más trabajo. Algunas destas gentes, especialmente los que están abajo del pueblo de Colima a la parte del norte, andaban desnudos, y se contrataban con los indios de la costa que va de largo hacia el río de San Juan. Y cuentan que Guaynacapa, llegó, después de haberle muerto sus capitanes, hasta Colima, adonde mandó hacer una fortaleza; y como viese andar los indios desnudos, no pasó adelante, antes dicen que dio la vuelta, mandando a ciertos capitanes suyos que contratasen y señoreasen lo que pudiesen, y llegaron por entonces al río de Santiago. Y cuentan muchos españoles que hay vivos en este tiempo de los que vinieron con el adelantado don Pedro de Albarado, especialmente lo oí al mariscal Alonso de Albarado y a los capitanes Garcilaso de la Vega y Juan de Saavedra, y a otro hidalgo que ha por nombre Suer de Cangas, que, como el adelantado don Pedro llegase a desembarcar con su gente en esta costa, y llegado a este pueblo, hallaron gran cantidad de oro y plata en vasos y otras joyas preciadas; sin lo cual, hallaron tan gran número de esmeraldas, que si las conocieran y guardaran se hubiera por su valor mucha suma de dinero; mas, -98- como todos afirmasen que eran de vidrio, y que para hacer la experiencia (porque entre algunos se platicaba que podrían ser piedras) las llevaban donde tenían una bigornia, y que allí con martillos las quebraban, diciendo que si eran de vidrio luego se quebrarían, y si eran piedras se pararían más perfectas con los golpes. De manera que por la falta de conoscimiento y poca experiencia quebraron mucha destas esmeraldas, y pocos se aprovecharon dellas, ni tampoco del oro y plata gozaron, porque pasaron grandes hambres y fríos, y por las montañas y caminos se dejaban las cargas del oro y de la plata. Y porque en la tercera parte he dicho ya tener escrito estos sucesos cumplidamente, pasaré adelante.

Capítulo LI
En que se concluye la relación de los indios de la provincia de Puerto Viejo, y lo demás tocante a su fundación, y quien fue el fundador.

Brevemente voy tratando lo tocante a estas provincias de Puerto Viejo, porque lo más sustancial lo he declarado, para luego volver a los aposentos de Tumebamba, donde dejé la de que voy tratando. Por tanto, digo que luego que el adelantado don Pedro de Albarado y el mariscal don Diego de Almagro se concertaron en los llanos de Riobamba, el adelantado don Pedro se fue para la ciudad de Los Reyes, que era adonde había de recebir la paga de los cien mil castellanos que se le dieron por el armada. Y en el ínterin el mariscal don Diego de Almagro dejó mandado al capitán Sebastián de Belalcázar algunas cosas tocantes a la provincia -99- y conquista del Quito, y entendió en reformar los pueblos marítimos de la costa, lo cual hizo en San Miguel y en Chimo; miró lugar provechoso y que tuviese las calidades convenientes para fundar la ciudad de Trujillo, que después pobló el marqués don Francisco Pizarro.
En todos estos caminos verdaderamente (según que yo entendí) el mariscal don Diego de Almagro se mostró diligente capitán; el cual, como llegase a la ciudad de San Miguel, y supiese que las naos que venían de la Tierra Firme y de las provincias de y Guatemala y de la Nueva España, llegadas a la costa del Perú, saltaban los que venían en ellas en tierra y hacían mucho daño en los naturales de Manta y en los más indios de la costa de Puerto Viejo, por evitar estos daños, y para que los naturales fuesen mirados y favorescidos, porque supo que había copia dellos y adonde se podía fundar una villa o ciudad, determinó de enviar un capitán a lo hacer.
Y así, dicen que mandó luego al capitán Francisco Pacheco que saliese con la gente necesaria para ello; y Francisco Pacheco, haciéndolo así como le fue mandado, se embarcó en un pueblo que ha por nombre Picuazá, y en la parte que mejor le paresció, fundó y pobló la ciudad de Puerto Viejo, que entonces se nombró villa. Esto fue día de San Gregorio, a 12 de marzo, año del nascimiento de nuestro redentor Jesucristo de 1535, y fundose en nombre del emperador don Carlos, nuestra rey y señor.
Estando entendiendo en esta conquista y población el capitán Francisco Pacheco, vino del Quito (donde también andaba por teniente general de don Francisco Pizarro el capitán Sebastián de Belalcázar) Pedro de Puelles, con alguna copia de españoles a poblar la misma costa de la Mar del Sur, y hubo entre unos y otros, a lo que cuentan, algunas cosquillas2, hasta que, ida la nueva al gobernador don Francisco Pizarro, envió a -100- mandar lo que entendió que convenía más al servicio de Su Majestad y a la buena gobernación y conservación de los indios. Y así, después de haber el capitán Francisco Pacheco conquistado las provincias, y andado por ellas poco menos tiempo de dos años, pobló la ciudad, como tengo dicho, habiéndose vuelto el capitán Pedro de Puelles a Quito. Llamose al principio la villa nueva de Puerto Viejo, la cual está asentada en lo mejor y más conveniente de sus comarcas, no muy lejos de la Mar del Sur. En muchos términos desta ciudad de Puerto Viejo hacen para enterrar los difuntos unos hoyos muy hondos, que tienen más talle de pozos que de sepulturas; y cuando quieren meterlos dentro, después de estar bien limpio de la tierra que han cavado, júntase mucha gente de los mismos indios, adonde bailan y cantan y lloran, todo en un tiempo, sin olvidar el beber, tañendo sus atambores y otras músicas más temerosas que suaves; y hechas estas cosas, y otras a uso de sus antepasados, meten al difunto dentro destas sepulturas tan hondas; con el cual, si es señor o principal, ponen dos o tres mujeres de las más hermosas y queridas suyas, y otras joyas de las más preciadas, y con la comida y cántaros de su vino de maíz, los que les parece. Hecha esto, ponen encima de la sepultura una caña de las gordas que ya he dicho haber en aquellas partes, y coma sean estas cañas huecas, tienen cuidado a sus tiempos de les echar deste brebaje, que estos llaman azua, hecho de maíz o de otras raíces; porque, engañados del demonio, creen y tienen por opinión (según yo lo entendí dellos) que el muerto bebe deste vino que por la caña le echan. Esta costumbre de meter consigo los muertos sus armas en las sepulturas, y su tesoro y mucho mantenimiento, se usaba generalmente en la mayor parte destas tierras que se han descubierto; y en muchas provincias metían también mujeres vivas y muchachos.

-101-
Capítulo LII
De los pozos que hay en la punta de Santa Elena, y de lo que cuentan de la venida que hicieron los gigantes en aquella parte, y del ojo de Alquitrán que en ella esta.

Porque al principio desta obra conté en particular los nombres de los puertos que hay en la costa del Perú, llevando la orden desde Panamá hasta los fines de la provincia de , que es una gran longura, me pareció que no convenía tornarlos a recitar, y por esta causa no trataré desto. También he dado ya noticia de los principales pueblos desta comarca; y porque en el Perú hay fama de los gigantes que vinieron a desembarcar a la costa en la punta de Santa Elena, que es en los términos desta ciudad de Puerto Viejo, me pareció dar noticia de lo que oí dellos, según que yo lo entendí, sin mirar las opiniones del vulgo y sus dichos varios, que siempre engrandece las cosas más de lo que fueron.

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