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. . 1534. Francisco de Xerez (Jerez). Verdadera relación de la conquista del Perú


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gente se aposentaron allí. Súpose que este cacique era gran señor,
el cual al presente estaba destruido; que el Cuzco viejo, padre de
Atabaliba, le había destruido veinte pueblos y muerto la gente
dellos. Con todo este daño, tenía mucha gente. Y junto con él está
otro su hermano, tan gran señor como él. Estos eran de paz,
depositados en la ciudad de Sant Miguel. Esta población y la de
Piura están en unos valles llanos muy buenos. El Gobernador se
informó allí de los pueblos y caciques comarcanos y del camino de
Caxamalca; e informáronle que dos jornadas de allí había un pueblo
grande, que se dice Caxas, en el cual había guarnición de Atabaliba
esperando a los christianos, si fuesen por allí. Sabido por el
Gobernador, mandó secretamente a un capitán con gente de pie y de
caballo, para que fuese al pueblo de Caxas, porque si allí hobiese
gente de Atabaliba no tomasen soberbia no yendo a ellos; y mandóle
que buenamente procurase de los pacificar y traellos a servicio de
su majestad, requiriéndoles por sus mandamientos. Luego aquel día se
partió el capitán. Otro día se partió el Gobernador; y llegó a un
pueblo llamado Caran, donde esperó al capitán que fue a Caxas; el
cacique del pueblo trujo al Gobernador mantenimiento de ovejas y
otras cosas, a una fortaleza donde el Gobernador llegó a mediodía.
Otro día partió de la fortaleza, y llegó al pueblo de Caran, en el
cual mandó asentar su real para esperar al capitán que había ido a
Caxas; el cual desde en cinco días envió un mensajero al Gobernador,
haciéndole saber lo que les había sucedido. El Gobernador respondió
luego cómo en aquel pueblo quedaba esperan do; que desque hubiesen
negociado viniesen a se juntar con él; y que de camino visitasen y
pacificasen otro pueblo que está cerca de la ciudad de Caxas, que se
dice de Gucabamba, y que tenía noticia que este cacique de Caran es
señor de buenos pueblos y de un valle abundoso, el cual está
depositado en los vecinos de la ciudad de Sant Miguel. En ocho días
que el Gobernador estuvo esperando al capitán, se reformaron los
Españoles, y aderezaron sus caballos para la conquista y viaje.
Venido el capitán con su gente, hizo relación al Gobernador de lo
que en aquellos pueblos había visto. En que dijo que había estado
dos días y una noche hasta llegar a Caxas sin reposar más de a
comer, subiendo grandes sierras por tomar de sobresalto aquel
pueblo. Y que con todo esto no pudo llegar (aunque llevó buenas
guías) sin que en el camino topase con espías del pueblo; y que
algunos dellos fueron tomados, de los cuales supieron cómo estaba la
gente; y puestos los christianos en orden, siguió su camino hasta
llegar al pueblo, y a la entrada dél halló un asiento de real donde
parecía haber estado gente de guerra. El pueblo de Caxas está en un
valle pequeño entre unas sierras, y la gente del pueblo estaba algo
alterada; y como el capitán les dio seguro, y les hizo entender cómo
venía de parte del Gobernador para los recebir por vasallos del
Emperador. Entonces salió un capitán, que dijo que estaba por
Atabaliba recibiendo los tributos de aquellos pueblos, del cual se
informó del camino de Caxamalca, y de la intención que Atabaliba
tenía para recebir a los christianos, y de la ciudad del Cuzco, que
está de allí treinta jornadas; que tiene la cerca un día de
andadura, y la casa de aposento del cacique tiene cuatro tiros de
ballesta, y que hay una sala donde está muerto el Cuzco viejo, que
el suelo está chapado de plata, y el techo y las paredes de chapas
de oro y plata entretejidas. Y que aquellos pueblos habían estado
hasta un año antes por el Cuzco, hijo del Cuzco viejo, hasta que
Atabaliba, su hermano, se levantó, y ha venido conquistando la
tierra, echándoles grandes pechos y tributos, y que cada día hace en
ellos muchas crueldades, y que, demás del tributo que le dan de sus
haciendas y granjerías, se lo dan de sus hijos y hijas. Y que aquel
asiento de real que allí estaba fue de Atabaliba, que pocos días
antes se había ido de allí con cierta parte de su hueste, y que se
halló en aquel pueblo de Caxas una casa grande, fuerte y cercada de
tapias, con sus puertas, en la cual estaban muchas mujeres hilando y
tejiendo ropa para la hueste de Atabaliba, sin tener varones, más de
los porteros que las guardaban; y que a la entrada del pueblo había
ciertos indios ahorcados de los pies; y supo deste principal que
Atabaliba los mandó matar porque uno dellos entró en la casa de las
mujeres a dormir con una; al cual, y a todos los porteros que
consintieron, ahorcó.
Como este capitán hubo apaciguado este pueblo de Caxas, fue al
de Guacamba, que es una jornada de allí, y es mayor que el de Caxas
y de mejores edificios, y la fortaleza toda de piedra muy bien
labrada, asentadas las piedras grandes de largor de cinco y seis
palmos, tan juntas, que parece no haber entre ellas mezcla, con su
acutea alta de cantería, con dos escaleras de piedra en medio de dos
aposentos. Por medio deste pueblo y del de Caxas pasa un río pequeño
de que los pueblos se sirven, y tienen sus puentes con calzadas muy
bien hechas. Pasa por aquellos dos pueblos un camino ancho, hecho a
mano, que atraviesa toda aquella tierra, y viene desde el Cuzco
hasta Quito, que hay más de trescientas leguas; va llano, y por las
sierras bien labrado; es tan ancho, que seis de caballo pueden ir
por él a la par sin llegar uno a otro; van por el camino caños de
agua traídos de otra parte, de donde los caminantes beben. A cada
jornada hay una casa a manera de venta, donde se aposentan los que
van y vienen. A la entrada deste camino en el pueblo de Caxas, está
una casa al principio de una puente, donde reside una guarda que
recibe el portadgo de los que van y vienen y páganlo en la mesma
cosa que llevan. Y ninguno puede sacar carga del pueblo si no la
mete. Aquesta costumbre tienen antiguamente, y Atabaliba la
suspendió en cuanto tocaba a lo que sacan para su gente de
guarnición. Ningún pasajero puede entrar ni salir por otro camino
con carga, sino por este do está la guarda, so pena de muerte.
También dijo que halló en estos dos pueblos dos casas llenas de
calzado y panes de sal, y un manjar que parecía albóndigas, y
depósito de otras cosas para la hueste de Atabaliba. Y dijo que
aquellos pueblos tenían buena orden y vivían políticamente. Con el
capitán vino un indio principal con otros algunos. Dijo el capitán
que aquel indio había venido con cierto presente para el Gobernador.
Este mensajero dijo al Gobernador que su señor Atabaliba le había
enviado desde Caxamalca para le traer aquel presente, que eran dos
fortalezas a manera de fuente, figuradas en piedra, con que beba; y
dos cargas de patos secos desollados, para que hechos polvos, se
sahume con ellos, por que así se usa entre los señores de su tierra,
y que le envía a decir que él tiene voluntad de ser su amigo, y
esperalle de paz en Caxamalca. El Gobernador recibió el presente y
le habló bien, diciendo que holgaba mucho de su venida por ser
mensajero de Atabaliba, a quien él deseaba ver por las nuevas que
dél oía. Que como él supo que hacía guerra a sus contrarios,
determinó de ir a verlo y ser su amigo y hermano, y favorecerlo en
su conquista con los españoles que con él venían. Y mandó que le
diesen de comer a él y a los que con él venían. Y todo lo que
hubiesen menester, y fuesen bien aposentados, como embajadores de
tan gran señor; y después que hubieron reposado, los mandó venir
ante sí, y que si querían volver o reposar allí algún día, que
hiciesen a su voluntad. El mensajero dijo que quería volver con la

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