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. . 1534. Francisco de Xerez (Jerez). Verdadera relación de la conquista del Perú


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eran muertos. Los dos capitanes partieron en sus dos navíos con
ciento y sesenta hombres, e iban costeando la tierra; y donde
pensaban que había poblado saltaban en tierra con tres canoas que
llevaban en las cuales remaban sesenta hombres; y así iban a buscar
mantenimientos. Desta manera anduvieron tres años pasando grandes
trabajos, hambres y fríos; y murió de hambre la mayor parte dellos,
que no quedaron vivos cincuenta, sin descubrir hasta en fin de los
tres años buena tierra, que todo era ciénagas y anegadizos
inhabitables. Y esta buena tierra que se descubrió fue desde el río
de Sant Juan, donde el capitán Pizarro se quedó con la poca gente
que le quedó, y envió un capitán con el más pequeño navío a
descubrir alguna buena tierra la costa adelante; y el otro navío
envió con el capitán Diego de Almagro a Panamá para traer más gente;
porque yendo los dos navíos juntos y con la gente no podían
descubrir, y la gente se moría. El navío que fue a descubrir volvió
a cabo de setenta días al río de Sant Juan, adonde el capitán
Pizarro quedó con la gente; y dio relación de lo que le había
sucedido, y fue que llegó hasta el pueblo de Cancebi, que es en
aquella costa, y antes deste pueblo habían visto, los que en el
navío iban, otras poblaciones muy ricas de oro y plata, y la gente
de más razón que toda la que antes habían visto de indios; y
trujeron seis personas para que deprendiesen la lengua de los
Españoles; y trujeron oro y plata y ropa. El capitán y los que con
él estaban recibieron tanta alegría que olvidaron todo el trabajo
pasado y los gastos que habían hecho; y como aquellos que deseaban
verse en aquella tierra, pues tan buena muestra daba de sí, venido
el capitán Almagro de Panamá con el navío cargado de gente y
caballos, los dos navíos con los capitanes y toda la gente salieron
del río de Sant Juan para ir a aquella tierra nueva mente
descubierta; y por ser trabajosa la navegación de aquella costa, se
detuvieron más tiempo de lo que los bastimentos pudieron suplir, y
fue forzado saltar la gente en tierra, y caminando por ella buscaban
mantenimientos, por donde los podían haber. Y los navíos por la mar
llegaron a la bahía de Sant Matheo y a unos pueblos que los
Españoles les pusieron por nombre de Santiago, y a los pueblos de
Tacamez que todos van discurriendo por la costa adelante. Vistas por
los christianos estas poblaciones que eran grandes y de mucha gente
y belicosa, que en estos pueblos de Tacamez, llegando noventa
Españoles una legua del pueblo, los salieron a recebir más de diez
mil indios de guerra; y viendo que no les querían hacer mal los
christianos ni tomarles de sus bienes, antes con mucho amor
tratándoles la paz, los indios dejaron de les hacer guerra como
ellos traían en propósito. En esta tierra había muchos
mantenimientos, y la gente tenía muy buena orden de vivir; los
pueblos con sus calles y plazas; pueblo había que tenía más de tres
mil casas, y otros había menores.
Pareció a los capitanes y a los otros Españoles que, siendo tan
pocos, no harían fruto en aquella tierra, por no poder resistir a
los indios; y acordaron que se cargasen los navíos del mantenimiento
que en aquellos pueblos había, y que volviesen atrás, a una isla que
se dice del Gallo; porque allí podían estar seguros entre tanto que
los navíos llegaban a Panamá a hacer saber al Gobernador la nueva de
lo descubierto, y a pedirle más gente para que los capitanes
pudiesen conseguir su propósito y pacificar la tierra. Y en los
navíos iba el capitán Almagro, porque por algunas personas fue
escrito al Gobernador que mandase volver la gente a Panamá, diciendo
que no podían sufrir más trabajos de los que habían sufrido en tres
años que había que andaban descubriendo; a lo cual proveyó el
Gobernador que todos los que se quisiesen venir a Panamá, que lo
pudiesen hacer, y los que se quisiesen quedar para descubrir más
adelante que tuviesen libertad para ello; y así, se quedaron con el
capitán Pizarro diez y seis hombres, y toda la otra gente se fue en
los dos navíos a Panamá. El capitán Pizarro estuvo en aquella isla
cinco meses, hasta que volvió el uno de los navíos, en el cual
fueron y descubrieron cien leguas más adelante de lo que estaba
descubierto. Y hallaron muchas poblaciones y mucha riqueza, y
trujeron más muestras de oro y plata y ropa de la que antes habían
traído, que los indios de su voluntad les daban, y así volvió el
capitán con ellos, porque el término que el Gobernador le habían
dado se le acababa; y el día que el término se cumplió entró en el
puerto de Panamá.
Como estos dos capitanes estaban tan gastados, que ya no se
podían sostener, debiendo como debían, mucha suma de pesos de oro.
Con poco más de mil castellanos que el capitán Francisco Pizarro
pudo haber prestados entre sus amigos se vino con ellos a Castilla;
e hizo relación a su majestad de los grandes y señalados servicios
que en servicio de su majestad había hecho; en gratificación de los
cuales le hizo merced de la gobernación y adelantamiento de aquella
tierra, y del hábito de Santiago y de ciertas alcaidías, y del
alguaciadgo mayor, y otras mercedes y ayudas de costa le fueron
hechas por su majestad como Emperador y Rey que a todos los que en
su real servicio andan hace muchas mercedes, como ha siempre hecho.
Por esta causa otros se han animado a gastar sus haciendas en su
real servicio, descubriendo por aquella mar del Sur y por todo el
mar Océano tierras y provincias que tan remotas están de la
conversión destos reinos de Castilla.
Despachado por su majestad el Gobernador y Adelanta do
Francisco Pizarro, partió del puerto de Sant Lucar con una armada; y
con próspero viento sin ningún contraste, llegó al puerto del Nombre
de Dios; y de allí se fue con la gente a la ciudad de Panamá, donde
tuvo muchas contradicciones y estorbos para que no saliese de allí a
ir a poblar la tierra que él había descubierto, como su majestad le
había mandado. Y con la firmeza que en la prosecución dello tuvo,
con la más gente que pudo que fueron ciento y ochen ta hombres y
treinta y siete caballos, en tres navíos partió del puerto de
Panamá; y tuvo tan venturosa navegación que en treze días llegó a la
bahía de Sant Matheo, que en los principios cuando se descubrió, en
más de dos años no pudieron llegar a aquellos pueblos; y allí
desembarcó la gente y los caballos, y fueron por la costa de la mar,
y en todas las poblaciones della hallaban la gente alzada. Y camina
ron hasta llegar a un gran pueblo que se dice Coaque, al cual
saltearon porque no se alzase como los otros pueblos; y allí tomaron
quince mil pesos de oro y mil quinientos marcos de plata y muchas
piedras de esmeraldas, que por el presente no fueron conoscidas ni
tenidas por piedras de valor; por esta causa los españoles les daban
y rescataban con los indios por ropa y otras cosas que los indios
les daban por ellas. Y en este pueblo prendieron al cacique señor
dél con alguna gente suya; y hallaron mucha ropa de diversas maneras
y muchos mantenimientos, en que había para mantenerse los españoles
tres o cuatro años.
Deste pueblo de Coaque despachó el Gobernador los tres navíos
para la ciudad de Panamá y para Nicoragua, para que en ellos viniese
más gente y caballos para poder efectuar la conquista y población de
la tierra. Y el Gobernador se quedó allí con la gente reposando
algunos días hasta que dos de los navíos volvieran de Panamá con
veinte y seis de caballo y treinta de pie; y éstos venidos, partió

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