por dos mil y quinientos pesos, y otros tres mil y trescientos. El
precio común de ellos eran dos mil y quinientos, y no se hallaban a
este precio. Una botija de vino de tres azumbres, sesenta pesos. Yo
di por dos azumbres cuarenta pesos. Un par de borceguíes treinta o
cuarenta pe sos, unas calzas otro tanto. Una capa cien pesos, y
ciento y veinte. Una espada cuarenta o cincuenta. Una cabeza de ajos
medio peso. A este respecto eran las otras cosas (es tanto un peso
de oro como un castellano); una mano de papel diez pesos. Yo di por
poco más de media onza de azafrán dañado doce pesos. Muchas cosas
había que decir de los crecidos precios a que se han vendido todas
las cosas; y de lo poco en que era tenido el oro y la plata. La cosa
llegó a que si uno debía a otro algo le daba un pedazo de oro a
bulto sin pesar. Y aunque le diese al doble de lo que le debía, no
se le daba nada; y de casa en casa andaban los que debían con un
indio cargado de oro buscando a los acreedores para pagar.
Dicho se ha cómo se acabó la hundición y se repartió el oro y
plata, y de la riqueza de aquella tierra, y cómo es tenido en tan
poco el oro y plata, así de los españoles como de los indios . Hay
lugar de los que subjectos al Cuzco, que agora estaba por Atabaliba,
adonde dicen que hay dos casas hechas de oro, y las pajas dellas,
con que están cubiertas, todas hechas de oro. Con el oro que aquí se
trujo del Cuzco trujeron algunas pajas hechas de oro macizo con su
espigueta hecha al cabo, propia como nasce en el campo . Si hobiera
de contar la diversidad de las piezas de oro que se trujeron, sería
cosa de nunca acabar. Pieza hubo de asiento que pesó ocho arrobas de
oro, y otras fuentes grandes con sus caños corriendo agua, en un
lago hecho en la mesma fuente, donde hay aves hechas de diversas
maneras, y hombres sacando agua de la fuente, todo hecho de oro.
Asimesmo se sabe por dicho de Atabaliba y de Chilicuchima y de otros
muchos, que tenía Atabaliba en Xauxa ciertas ovejas y pastores que
las guardan todo hecho de oro, y las ovejas y pastores grandes como
los que hay en esta tierra; estas piezas eran de su padre, las
cuales prometió dar a los españoles. Grandes cosas se cuentan de las
riquezas de Atabaliba y de su padre
Agora digamos una cosa que no es para dejar de escrebir, y es
que pareció ante el señor Gobernador un cacique señor del pueblo de
Caxamalca; y por las lenguas le dijo: Hágote saber que después que
Atabaliba fue preso, envió a Guito, su tierra, y por todas las otras
provincias, a hacer ayuntamiento de gente de guerra para venir sobre
ti y tu gente y mataros a todos; y que toda esta gente viene con un
gran capitán llamado Lluminabe ; y que está muy cerca de aquí; y
verná de noche y dará en este real, quemándolo por todas partes, y
al primero que trabajarán de matar será a ti; y sacarán de prisión a
su señor Atabaliba. De la gente natural de Guito vienen doscientos
mil hombres de guerra y treinta mil caribes que comen carne humana;
y de otra provincia que se dice Pacalta, y de otras partes, viene
gran número de gente . Oído por el Gobernador este aviso y
agradeciólo mucho al Cacique; y hízole mucha honra, y mandó a un
escribano que lo asentase todo, y luego hizo sobre ello información;
y tomó el dicho a un tío de Atabaliba y a algunos señores
principales y a algunas indias; y hallóse ser verdad todo lo que
dijo el cacique señor de Caxamalca. El Gobernador habló a Atabaliba,
diciendo: ¿Qué traición es ésta que me tienes armada, habiéndote yo
hecho tanta honra como a hermano, y confiándome de tus palabras? Y
declaróle todo lo que había sabido y tenía por información.
Atabaliba respondió diciendo: ¿Búrlaste conmigo? Siempre me hablas
cosas de burlas; ¿qué parte somos yo y toda mi gente para enojar a
tan valientes hombres como vosotros? No me digas estas burlas. Y
todo esto sin mostrar semblante de turbación, sino riendo, por mejor
disimular su maldad. Y otras muchas vivezas de hombre agudo ha dicho
después que está preso, de que los españoles que se las han oído
están espantados de ver en un hombre bárbaro tanta prudencia. El
Gobernador mandó traer una cadena, y que se la echasen en la
garganta, y envió dos indios por espías a saber dónde estaba este
ejército; porque se decía que estaba a siete leguas de Caxamalca;
por ver si estaba en parte donde pudiese enviar sobre ellos ciento
de caballo; y supo que estaba en tierra muy agra y que se venían
acercando. Y súpose que luego que le. fue echada la cadena a
Atabaliba envió sus mensajeros a hacer saber a aquel su gran capitán
cómo el Gobernador lo había muerto; y que sabida esta nueva por él y
por los de su hueste, se habían retraído atrás; y que tras aquellos
mensajeros envió otros enviándoles a mandar que luego viniesen sin
detenerse, enviándoles avisos cómo y por dónde y a qué hora habían
de dar en el real; porque él estaba vivo; y si se tardaban, lo
hallarían muerto.
Sabido todo esto por el Gobernador, mandó poner mucho recaudo
en el real, y que todos los de caballo rondasen toda la noche,
haciendo tres cuartos cada noche, y en cada cuarto rondaban
cincuenta de caballo; y en el del alba todos ciento y cincuenta. Y
en todas estas noches no durmieron el Gobernador y sus capitanes,
requiriendo las rondas y mi rando lo que convenía, y los cuartos que
cabían de dormir a la gente no se quitaban las armas; y los caballos
estaban ensillados. Con este recaudo estaba el real, hasta un sábado
a puesta de sol vinieron dos indios de los que servían a los
españoles a decir al Gobernador que venían huyendo de la gente del
ejército, que llegaba tres leguas de allí; y que aquella noche o
otra llegarían a dar en el real de los christia nos, porque a gran
priesa se venían acercando,por lo que Atabaliba les había enviado a
mandar. Luego elGobernador, con acuerdo de los oficiales de su
majestad y de los capitanes y, personas de experiencia, sentenció a
muerte a Atabaliba ; y mandó por su sentencia, por la traición por
él cometida, que muriese quemado si no se tornase christiano, por la
seguridad de los christianos y por el bien de toda la tierra y
conquista y pacificación delta; porque muerto Atabaliba, luego
desbarataría toda aquella gente, y no ternían tan ánimo para ofender
y hacer lo que les había enviado a mandar. Y así, le sacaron a hacer
dél justicia, y llevándolo a la plaza, dijo que quería ser
christiano. Luego lo hicieron saber al Gobernador, y dijo que lo
bautizasen; y bautizólo el muy reverendo padre frey Vicente de
Valverde, que lo iba esforzando. El Gobernador mandó que no lo
quemasen, sino que lo ahogasen atado a un palo en la plaza, y así
fue hecho; y estuvo allí hasta otro día por la mañana, que los
religiosos y el Gobernador, con los otros españoles, lo llevaron a
enterrar a la iglesia con mucha solemnidad, con toda la más honra
que se le puedo hacer. Así acabó éste que tan cruel había sido, con
mucho ánimo, sin mostrar sentimiento, diciendo que encomendaba a sus
hijos al Goberna dor . Al tiempo que lo llevaban a enterrar hubo
gran llanto de mujeres y criados de su casa. Murió en sábado a la
hora que fue preso y desbaratado. Algunos dijeron que por sus
pecados murió en tal día y hora como fue preso; y así pagó los
grandes males y crueldades que en sus vasa llos había hecho; porque
todos a una voz dicen que fue el mayor carnicero y cruel que los
hombrés vieron; que por muy pequeña causa asolaba un pueblo, por un
pequeño delicto que un solo hombre dél hobiese cometido; y mataba
diez mil personas. Y por tiranía tenía subjecta toda aquella tierra.
Y de todos era muy mal qu
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