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Carlos Emperador del romano imperio, nuestro natural Rey y señor: me
ha parecido escrebir esta relación, y enviarla a su majestad para
que todos tengan noticia de lo ya dicho, que sea a gloria de Dios;
porque, ayudados con su divina mano han vencido, y traído a nuestra
santa fe católica tanta multitud de gentilidad; y a honra de nuestro
César, porque con su gran poder y buena ventura en su tiempo tales
cosas suceden; y alegría de los fieles que por ellos tales y tantas
batallas se han vencido, y tantas provincias descubierto y
conquistado; y tantas riquezas traídas para su rey y reinos y para
ellos; y será lo dicho, que los cristianos han hecho temor a los
infieles y admiración a todos los humanos; porque ¿cuándo se vieron
en los antiguos ni modernos tan grandes empresas de tan poca gente
contra tanta, y por tantos climas de cielo y golfos de mar y
distancia de tierra ir a conquistar lo no visto ni sabido? Y ¿quién
se igualará con los de España? No por cierto los Judíos, Griegos ni
Romanos, de quien más que de todos se escribe. Porque, si los
romanos tantas provincias sojuzgaron, fue con igual, o poco menor
número de gente, y en tierras sabidas y proveídas de mantenimientos
usados, y con capitanes y ejércitos pagados. Mas nuestros Españoles,
siendo pocos en número, que nunca fueron juntos sino doscientos o
trescientos, y algunas veces ciento y aun menos. Y el mayor número
fue sola una vez veinte años ha, que fueron con el capitán Pedrarias
mil trescientos hombres. Y los que en diversas veces han ido, no han
sido pagados ni forza dos, sino de su propia voluntad y a su costa
han ido. Y así, han conquistado en nuestros tiempos más tierra que
la que antes se sabia que todos los príncipes fieles e infieles
poseían; manteniéndose con los mantenimientos bestiales de aquellos
que no tenían noticias de pan ni vino; sufriéndose con yerbas y
raíces y frutas, han conquistado lo que ya todo el mundo sabe; y por
tanto, no escrebiré al presente más de lo sucedido en la conquista
de la Nueva-Castilla; y mucho no escrebiré, por evitar prolijidad.
[Comienza el autor]
Siendo descubierta la mar del Sur, y conquistados y pacificados
los moradores de Tierra-Firme. Habiendo poblado el gobernador
Pedrarias de Ávila la ciudad de Panamá y la ciudad de Nata, y la
villa del Nombre de Dios; viviendo en la ciudad de Panamá el capitán
Francisco Pizarro, hijo del capitán Gonzalo Pizarro, caballero de la
ciudad de Trujillo; teniendo su casa y hacienda repartimiento de
indios como uno de los principales de la tierra, porque siempre lo
fue, y se señaló en la conquista y población en las cosas del
servicio de su majestad. Estando en quietud y reposo con celo de
conseguir su buen propósito, y hacer otros muchos señalados
servicios a la corona real, pidió licencia a Pedrarias para
descubrir por aquella costa del mar del Sur a la vía de Levante; y
gastó mucha parte de su hacienda en un navío grande que hizo , y en
otras cosas necesarias para su viaje. Y partió de la ciudad de
Panamá a catorce días del mes de noviembre de mil y quinientos y
veinte y cuatro años; llevando en su compañía ciento y doce
Españoles, los cuales llevaban algunos indios para su servicio. Y
comenzó su viaje, en el cual pasaron muchos trabajos por ser
invierno y los tiempos contrarios. Dejo de decir mu chas cosas que
les sucedieron, por evitar prolijidad; sola mente diré las cosas
notables que más hacen al caso.
Setenta días después que salieron de Panamá saltaron en tierra
en un puerto que después se nombró de la Hambre; en muchos de los
puertos que antes hallaron habían tornado tierra, y por no hallar
poblaciones los dejaban. Y en este puerto se quedó el capitán con
ochenta hombres (que los demás ya eran muertos); y porque los
mantenimientos se les habían acabado, y en aquella tierra no los
había, envió el navío con los marineros y un capitán a la isla de
las Perlas (que está en el término de Panamá) Para que trajese
mantenimientos; porque pensó que en término, de diez o doce días
sería socorrido. Y como la fortuna siempre, o las más vedes es
adversa, el navío se detuvo en ir y volver cuarenta y siete días; y
en este tiempo se sostuvieron el capitán y los que con él estaban
con un marisco que cogían de la costa de la mar con mucho trabajo; y
algunos por estar debilitados cogiéndolo se morían; y con unos
palmitos muy amargos. En este tiempo que el navío tardó en ir y
volver murieron más de veinte hombres; cuando el navío volvió con el
socorro del bastimento dijeron el capitán y los marineros que, como
no habían llevado bastimentos, a la ida comieron un cuero de vaca
curtido que llevaban para zurrones de la bomba, y cocido, lo
repartieron. Con el bastimento, que el navío trujo, que fue maíz y
puercos, se reformó la gente que quedaba viva. Y de allí partió el
capitán en seguimiento de su viaje, y llegó a un pueblo situado
sobre la mar, que está en una fuerza alta, cercado el pueblo de
palenque. Allí hallaron harto mantenimiento, y el pueblo desamparado
de los naturales, y otro día vino mucha gente de guerra; y corno
eran belicosos y bien armados y los cristianos estaban flacos de la
hambre y trabajos pasados, fueron desbaratados, y el capitán herido
de siete heridas, la menor dellas peligrosa de muerte; y creyendo
los indios que lo hirieron que quedaba muerto, lo dejaron; fueron
heridos con él otros diez y siete hombres, y cinco muertos; visto
por el capitán este desbarato, y el poco remedio, que allí había
para curarse y reformar su gente, embarcóse y volvió a la tierra de
Panamá, y desembarcó en un pueblo de indios cerca de la isla de las
Perlas, que se llama Chuchama; de allí envío el navío a Panamá,
porque ya no se podía sostener en el agua, de la mucha broma que
había cogido. E hizo saber a Pedrarias todo lo sucedido, y quedóse
curando a sí y a sus compañeros. Cuando este navío llegó a Panamá,
pocos días antes había partido en seguimiento y busca del capitán
Pizarro el capitán Diego de Al magro su compañero, con otro navío y
con setenta hombres; y navegó hasta llegar al pueblo donde el
capitán Pizarro. fue desbaratado; y el capitán Almagro hubo otro
recuentro con los indios de aquel pueblo, y también fue desbaratado;
y le quebraron un ojo e hirieron muchos christianos; con todo esto,
hicieron a los indios desamparar el pueblo, y lo quemaron. De allí
se embarcaron y siguieron la costa hasta llegar a un gran río que
llamaron de Sant Juan, porque en su día llegaron allí; donde
hallaron alguna muestra de oro; y no hallando rastro del capitán
Pizarro, volvióse el capitán Almagro a Chuchama, donde lo halló. Y
concertaron que el capitán Almagro fuese a Panamá y aderezase los
navíos, e hiciese más gente para proseguir su propósito y aca bar de
gastar lo que les quedaba; que ya debían más de diez mil
castellanos. En Panamá hubo gran contradicción de parte de Pedrarias
y de otros, diciendo que no se debía proceder en tal viaje, de que
su majestad no era servido. El capitán Almagro, con el poder que
llevaba de su com pañero, tuvo mucha constancia en lo que los dos
habían comenzado, y requirió al gobernador Pedrarias que no los
estorbase, porque ellos creían con ayuda de Dios, que su majestad
seria servido de aquel viaje; a Pedrarias fue forzado consentir que
hiciese gente. Con ciento y diez hombres salió de Panamá, y fue
donde estaba el capitán Pizarro con otros cincuenta de los primeros
ciento y diez que con él salieron, y de los setenta que el capitán
Almagro llevó cuando le fue a buscar; que los ciento y treinta ya








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