ar en esta
tierra, cuanto más para vencer una tan gran hueste. Plega a Dios por
su misericordia, que pues tiene por bien de nos hacer tantas
mercedes, nos dé gracia para hacer tales obras, que alcancemos su
santo reino. Y porque señores, vernéis fatigados,vayase cada uno a
reposar a su posada, y porque Dios nos ha dado victoria no nos
descuidemos; que, aunque van desbaratados, son mañosos y diestros en
la guerra, y este señor(como sabemos) es temido y obedecido, y ellos
intentarán toda ruindad y cautela para sacarlo de nuestro poder.
Esta noche y todas las demás haya buena guarda de velas y ronda, de
manera que nos hallen apercebidos». Así, se fueron a cenar, y el
Gobernador hizo asentar a su mesa a Atabaliba haciéndole buen
tratamiento, y sirviéronle como a su mesma persona; y luego le mandó
dar de sus mujeres que fueron presas las que él quiso para su
servicio, y mandóle hacer una buena cama en la cámara que el mismo
Gobernador dormía, teniéndole suelto sin prisión, sino las guardas
que velaban. La batalla duró poco más de media hora, porque ya era
puesto el sol cuando se comenzó. Y si la noche no la atajara de más
de treinta mil hombres que vinieron quedaran pocos. Es opinión de
algunos que han visto gente en campo que había más de cuarenta mil
en la plaza y en elcampo, quedaron muertos dos mil sin los heridos.
Vióse en esta batalla una cosa maravillosa, y es que los caballos,
que el día antes no se podían mover de resfriados, aquel día
anduvieron con tanta furia, qué parecía no haber tenido mal. El
Capitán General requirió aquella noche lasvelas y rondas,
poniéndolas en conveniente lugar. Otro día por la mañana envió el
Gobernador a un capitán con treintade a caballo a correr por todo el
campo, y mandó quebrar las armas de los indios; entre tanto la gente
del real hicieron sacar a los indios que fueron presos los muertos
de las plazas. El capitán con los de caballo recogió todo lo que
había en el campo y tiendas de Atabaliba, y entró antes de mediodía
en el real con una cabalgada de hombres y mujeres, y ovejas y oro y
plata y ropa; en esta cabalgada hubo ochenta mil pesos y siete mil
marcos de plata y catorce esmeraldas; el oro y plata en piezas
monstruosas y platos grandes y pequeños, y cántaros y ollas y
braseros y copones grandes, y otras piezas diversas. Atabaliba dijo
que todo esto era vajilla de su servicio, y que sus indios que
habían huidohabían llevado otra mucha cuantidad. El Gobernador mandó
que soltasen todas las ovejas, porque era mucha cuantidad y
embarazaban el real, y que los christianos matasen cada día cuantas
hobiesen menester. Los indios que la noche antes habían recogido
mandó el Gobernador poner en la plaza para que los christianos
tomasen los que hobiesen menester para su servicio. Todos los demás
mandó soltar y que se fuesen a sus casas, porque eran de diversas
provincias, que los traía Atabaliba para sostener sus guerras y
paraservicio de su ejército.
Algunos fueron de opinión que matasen todos los hombres de
guerra o les cortasen las manos. El Gobernador no lo consintió,
diciendo que no era bien hacer tan grande crueldad; que aunque es
grande el poder de Atabaliba y podía recoger gran número de gente,
que mucho sin comparación es mayor el poder de Dios nuestro Señor,
que por su infinita bondad ayuda a los suyos. Y que tuviesen por
cierto que el que los había librado del peligro del día pasado los
libraría de ahí adelante, siendo las intenciones de los christianos
buenas, de atraer aquellos bárbaros infieles al servicio de Dios y
conoscimiento de su santa fe cathólica. Que no quisiesen parescer a
ellos en las crueldades y sacrificios que hacen a los que prenden en
sus guerras; que bien bastaban los que eran muertos en la batalla;
que aquellos que habían sido traídos como ovejas a corral, que no
era bien que muriesen ni se les hiciese daño; así fueron sueltos.
En este pueblo de Caxamalca fueron halladas ciertas casas
llenas de ropa liada en fardos arrimados hasta los techos de las
casas. Dicen que era depósito para bastecer el ejército. Los
christianos tomaron la que quisieron, y todavía quedaron las casas
tan llenas, que parecía no haber hecho falta la que fue tornada. La
ropa es la mejor que en las indias se ha visto; la mayor parte della
es de lana muy delgada y prima, y otra de algodón de diversas
colores y bien matizadas. Las armas que se hallaron con que hacen la
guerra y su manera de pelear es la siguiente. En la delantera vienen
honderos que tiran con hondas piedras guijeñas lisas y hechas a
mano, de hechura de huevos; estos honderos traen rodelas que ellos
mesmos hacen de tablillas angostas y muy fuertes; asimesmo traen
jubones colchados de algodón- tras destos vienen otros con porras y
hachas de armas; las porras son de braza y media de largo, y tan
gruesas como una lanza jineta; la porra que está al cabo engastonada
es de metal tan grande como el puño, con cinco o seis puntas agudas,
tan gruesa cada punta como el dedo pulgar; juegan con ellas a dos
manos; las hachas son del mesmo tamaño y con ellas a dos manos; de
un palmo como mayores; la cuchilla de metal de anchor de un palmo
como la alabarda. Algunas hachas y porras hay de oro y plata, que
traen los principales; tras estos vienen otros con lanzas pequeñas
arrojadizas, como dardos; en la retaguarda vienen piqueros con
lanzas largas de treinta palmos; en el brazo izquierdo traen una
manga con mucho algodón, sobre el que juegan con la porra. Todos
vienen repartidos en sus escuadras con sus banderas y capitanes que
los mandan, con tanto concierto como turcos. Algunos dellos traen
Capacetes grandes, que les cubren hasta los ojos, hechos de madera,
y en ellos mucho algodón, que de hiero no pueden ser más fuertes.
Esta gente, que Atabaliba tenía en su ejército, eran todos hombres
muy diestros y ejercitados en la guerra, como aquellos que siempre
andan en ella; mancebos e grandes de cuerpo; que solos mil dellos
bastan para asolar una población de aquella tierra, aunque tenga
veinte mil hombres. La casa de aposento de Atabaliba, que en medio
de su real tenía, es la mejor que entre indios se ha visto, aunque
pequeña hecha en cuatro cuartos; y en medio un patio, y en él un
estanque, al cual viene agua por un caño, tan caliente, que no se
puede sufrir la mano en ella. Esta agua nasce hirviendo en una
sierra que está cerca de allí. Otra tanta agua fría viene por otro
caño, y en el camino se juntan y vienen mezcladas por un solo caño
al estanque; y cuando quieren que venga la una sola, tienen el caño
de la otra. El estanque es grande, hecho de piedra. Fuera de la casa
a una parte del corral, está otro estanque, no también hecho como
éste; tiene sus escaleras de piedra, por do bajan a lavarse. El
aposento donde Atabaliba estaba entredía es un corredor sobre un
huerto, y junto está una cámara, donde dormía, con una ventana sobre
el patio y estanque, y el corredor asimesmo sale sobre el patio; las
paredes están enjalbegadas de un betumen bermejo, mejor que almagre,
que luce mucho; y la madera sobre que cae la cobija de la casa está
teñida de la mesma color. Otro cuarto frontero es de cuatro bóvedas,
redondas como campanas, todas cuatro encorporadas en una; este es
encalado, blanco como nieve. Los otros dos son casa de servicio. Por
la delantera deste aposento pasa un río.
Ya se ha dicho de la victoria que los christianos hobieron en
la batalla y prisión de Atabaliba, y de la manera de su real y
ejército. Agora se dirá del padre deste Atabaliba, y cómo se hizo
señor, y otras cosas de su grandeza y estado, según que él mesmo lo
contó al Gobernador.
Su padre deste Atabaliba se llamó el Cuzco, que señoreó toda
aquella tierra; de más de trescientas leguas le obedecían y daban
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