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. . 1534. Francisco de Xerez (Jerez). Verdadera relación de la conquista del Perú


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Atabaliba. Y no dejó de le hacer tan buen trata miento de ahí
adelante como antes; riñendo con el indio su mensajero, dando a
entender que le pesaba porque le había maltratado en su presencia;
teniendo en lo secreto por cierto que era verdad lo que su indio
había dicho, por el conocimiento que tenía de las cautelosas mañas
de los indios.
Otro día partió el Gobernador, y fue a dormir a un llano de
cavana por llegar otro día a mediodía a Caxamalca, que decían que
estaba cerca. Allí vinieron mensajeros de Atabaliba con comida para
los christianos. Otro día en amaneciendo partió el Gobernador con su
gente puesta en orden, y anduvo hasta una legua de Caxamalca, donde
esperó que se juntase la retaguarda; y toda la gente y caballos se
armaron; y el Gobernador los puso en concierto para la entrada del
pueblo, y hizo tres haces de los españoles de pie y de caballo. Con
esta orden caminó, enviando mensajeros a Atabaliba que viniese allí
al pueblo de Caxamalca para verse con él. Y en llegando a la entrada
de Caxamalca, vieron estar el real de Atabaliba una legua de
Caxamalca, en la halda de una sierra. Llegó el Gobernador a este
pueblo de Caxamalca viernes ahora de vísperas, que se contaron
quince días de noviembre año de 1532. En medio del pueblo está una
plaza grande cercada de tapias y de casas de aposento, y por no
hallar el Gobernador gente, reparó en aquella plaza, y envió un
mensajero a Atabaliba haciéndole saber cómo era llegado; que viniese
a verse con él y a mostrarle dónde se aposentase. Entre tanto mandó
ver el pueblo; porque si hobiese otra mejor fuerza asentase allí el
real; y mandó que estuviesen todos en la plaza, y los de caballo sin
apearse hasta ver si Atabaliba venía; y visto el pueblo no se
hallaron mejores aposentos que la plaza. Este pueblo que es el
principal de este valle, está asentado en la halda de una sierra;
tiene una legua de tierra llana; pasan por este valle dos ríos; este
valle va llano mucha tierra, poblado de una parte y de otra cercado
de sierras. Este pueblo es de dos mil vecinos; a la entrada dél hay
dos puentes, porque por allí pasan dos ríos. La plaza es mayor que
ninguna de España, toda cercada con dos puertas que salen a las
calles del pueblo. Las casas della son de más de doscientos pasos en
largo. Son muy bien hechas, cercadas de tapias fuertes, de altura de
tres estados. Las paredes y el techo cubierto de paja y madera
asentada sobre las paredes. Están dentro destas casas unos aposentos
repartidos en ocho cuartos muy mejor hechos que ninguno de los
otros. Las paredes dellos son de piedra de cantería muy bien
labradas, y cercados estos aposentos por sí con su cerca de cantería
y sus puertas, y dentro en los patios sus pilas de agua traída de
otra parte por caños para el servicio destas casas. Por la delantera
desta plaza a la parte del campo, está encorporada en la plaza una
fortaleza de piedra con una escalera de cantería, por donde suben de
la plaza a la fortaleza; por la delantera della a la parte del
campo, está otra puerta falsa pequeña, con otra escalera angosta,
sin, salir de la cerca de la plaza. Sobre este pueblo, en la ladera
de la sierra, adonde comienzan las casas dél, está otra fortaleza
asentada en un peñol, la mayor parte dél tajado. Esta es mayor que
la otra, cercada de tres cercas, hecha subida como caracol. Fuerza
son que entre indios no se han visto tales. Entre la sierra y esta
plaza grande está otra plaza más pequeña, cercada toda de aposentos;
en ellos había muchas mujeres para servicio de Atabaliba. Antes de
entrar en este pueblo hay una casa cercada de un corral de tapias, y
en él arboleda puesta por mano. Esta casa dicen que es del sol,
porque en cada pueblo hacen sus mezquitas al sol. Otras muchas
mezquitas hay en este pueblo, y en toda esta tierra las tienen en
veneración; cuando entran en ellas se quitan los zapatos a la
puerta. La gente de todos estos pueblos después que se subió a la
sierra, hace ventaja a toda la otra que queda atrás, porque es gente
limpia y de mejor razón. Y las mujeres muy honestas; traen sobre la
ropa las mujeres unas reatas muy labradas, fajadas por la barriga;
sobre esta ropa traen cubierta una manta desde la cabeza hasta media
pierna, que parece mantillo de mujer. Los hombres visten camisetas
sin mangas y unas mantas cubiertas. Todas en sus casas tejen lana y
algodón, y hacen la ropa que es menester, y calzado para los
hombres, de lana y algodón, hecho como zapatos. Como el Gobernador
hubo estado con los españoles gran rato en esta plaza esperando que
Atabaliba viniese o enviase darle aposento, y como vio que se hacía
ya tarde, envió un capitán con veinte de caballo a hablar a
Atabaliba y a decir que viniese a hablar con él al cual mandó que
fuese pacíficamente sin trabar contienda con su gente, aunque ellos
la quisiesen; que lo mejor que pudiese llegase a hablarle, y
volviese con la respuesta. Este capitán llegaría al medio camino
cuando el Gobernador subió encima de la fortaleza y delante de las
tiendas vio en el campo gran número de gente; y porque los
christianos que habían ido, no se viesen en detrimento si les
quisiesen ofender, para que pudiesen más a su salvo salirse de entre
ellos y defenderse, envió otro capitán hermano suyo con otros veinte
de a caballo; al cual mandó que no consintiese que hiciesen ningunas
voces. Desde a poco rato comenzó a llover y caer granizo, y el
Gobernador mandó a los christianos que se aposentasen en los
aposentos del palacio, y el capitán de la artillería con los tiros
en la fortaleza. Estando en esto vino un indio de Atabaliba a decir
al Gobernador que se aposentase donde quisiese, con tanto que no se
subiese en la fortaleza de la plaza; que él no podía venir por
entonces porque ayunaba. El Gobernador le respondió que así lo
haría, y que había enviado a su hermano a le rogar que viniese a
verse con él, porque tenía mucho deseo de le ver y conocer por las
buenas nuevas que dél tenía. Con esta respuesta se volvió este
mensajero; y el capitán Hernando Pizarro con los christianos volvió
en anocheciendo. Venidos ante el Gobernador, dijeron que en el
camino habían hallado un mal paso en una ciénaga que de antes
parecía ser hecho de calzada, porque desde este pueblo va todo el
camino ancho hecho de calzada de piedra y tierra hasta el real de
Atabaliba; y como la calzada iba sobre los malos pasos, la rompieron
sobre aquel mal paso, y que lo pasaron por otra parte; y que antes
de llegar al real pasaron dos ríos; y por delante pasa un río, y los
indios pasan por una puente; y que desta parte está el real cercado
de agua, y que el capitán que primero fue dejó la gente desta parte
del río, porque la gente no se alborotase; y no quiso pasar por la
puente porque no se hundiese su caballo, y pasó por el agua llevando
consigo la lengua, y pasó por entre un escuadrón de gente que estaba
en pie; y llegado al aposento de Atabaliba, en una plaza había
cuatrocientos indios que parecían gente de guarda; y el tirano
estaba a la puerta de su aposento sentado en un asiento bajo; y
muchos indios delante dél, y mujeres en pie, que cuasi lo rodeaban;
y tenía en la frente una borla de lana que parecía seda, de color de
carmesí, de anchor de dos manos, asida de la cabeza con sus
cordones, que le bajaba hasta los ojos; la cual le hacía mucho más
grave de lo que él es. Los ojos puestos entierra, sin los alzar a
mirar a ninguna parte; y como el capitán llegó ante él, le dijo por
la lengua o faraute que era un capitán del Gobernador, y que le
enviaba a lo ver y decir de su parte el mucho deseo que tenía de su
vista; que si le pluguiese de le ir a ver se holgaría el Gobernador;
y que otras razones le dijo, a las cuales no le respondió, ni alzó

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