herma no. Y envió con un capitán dos mil hombres de guerra sobre la
ciudad donde su hermano reside; y como su hermano tenía mucho número
de gente, matóle estos dos mil hombres; y Atabaliba tornó a enviar
más gente con dos capitanes, seis meses ha; y de pocos días acá le
han venido nuevas destos dos capitanes, que han ganado toda la
tierra del Cuzco hasta llegar a su pueblo, y han desbaratado a él y
a su gente, y traen presa su persona, y le tomaron mucho oro y
plata. El Gobernador dijo al mensajero: Mucho he holgado de lo que
me has dicho, por saber de la victoria de tu señor; porque no
contento su hermano con lo que tenía, quería abajar a tu señor del
estado en que su padre le había dejado. A los soberbios les acaece
como al Cuzco; que no solamente no alcanzan lo que malamente desean,
pero aun ellos quedan perdidos en bienes y personas. Y creyendo el
Gobernador que todo lo que este indio había dicho era de parte de
Atabaliba, por poner temor a los christianos y dar a entender su
poderío y destreza, dijo al mensajero: Bien creo que lo que has
dicho es así, porque Atabaliba es gran señor, y tengo nuevas que es
buen guerrero; más hágote saber que mi señor el Emperador, que es
rey de las Españas y de todas las Indias y Tierra-Firme, y señor de
todo el mundo, tiene muchos criados mayores que Atabaliba, y
capitanes suyos han vencido y prendido a muy mayores señores que
Atabaliba y su hermano y su padre. Y el Emperador me envió a estas
tierras a traer a los moradores dellas en conoscimiento de Dios y en
su obediencia, y con estos pocos christianos que conmigo vienen he
yo desbaratado mayores señores que Atabaliba. Si él quisiere mi
amistad y recibirme de paz, como otros señores han hecho, yo le seré
buen amigo y le ayudaré en su conquista, y se quedará en su estado;
porque yo voy por estas tierras de largo hasta descubrir la otra
mar. Y si quisiere guerra, yo se la haré como la he hecho al cacique
de la isla de Santiago y al de Túmbez, y a todos los demás que
conmigo la han querido; que yo a ninguno hago guerra ni enojo si él
no lo busca. Oídas estas cosas por los mensajeros, estuvieron un
rato como atónitos, que no hablaron, oyendo que tan pocos españoles
hacían tan grandes hechos. Y de ahí a poco dijeron que se querían ir
con la respuesta a su señor y decille que los christianos irían
presto, porque les enviase refresco al camino. El Gobernador los
despidió. Otro día por la mañana tomó el camino todavía por la
sierra, y en unos pueblos que en un valle halló fue a dormir aquella
noche. Luego que el Gobernador allí llegó, vino el principal
mensajero que Atabaliba había primero enviado con el presente de las
fortalezas que vino a Caran por la vía de Caxas. El Gobernador
mostró holgarse mucho con él, y le preguntó que tal quedaba
Atabaliba; el respondió que bueno, y le enviaba con diez ovejas que
traía para los christianos, y habló muy desenvueltamente; en sus
razones parecía hombre vivi. Como hubo hecho su razonamiento,
preguntó el Gobernador a las lenguas qué decía. Dijeron que lo mesmo
que había dicho el otro mensajero el día antes, y otras muchas
razones alabando el gran estado de su señor, y la gran pujanza de su
hueste, y asegurando y certificando al Gobernador que Atabaliba le
recibiría de paz y lo quería tener por amigo y hermano. El
Gobernador le respondió muy buenas palabras, como al otro había
respondido. Este embajador traía servicio de señor y cinco o seis
vasos de oro fino, con que bebía; y con ellos daba de beber a los
españoles de la chicha que traía, y dijo que el Gobernador se quería
ir hasta Caxamalca.
Otro día por la mañana se partió el Gobernador y caminó por
sierras como primero, y llegó a unos pueblos de Atabaliba, adonde
reposó un día. Otro día vino allí el mensajero que había enviado el
Gobernador a Atabaliba, que era un principal indio de la provincia
de Sant Miguel; y viendo al mensajero de Atabaliba, que presente
estaba, arremetió contra él; y trabóle de las orejas tirando
reciamente, hasta que el Gobernador mandó que lo soltase, que
dejándolos, hubiera entre ellos mala escaramuza. Preguntóle el
Gobernador por qué había hecho aquello al mensajero de su hermano
Atabaliba; él dijo: Este es un gran bellaco, llevador de Atabaliba,
y viene aquí a decir mentiras, mostrando ser persona principal; que
Atabaliba está de guerra fuera de Caxalmaca en el campo, y tiene
mucha gente; que yo hallé el pueblo sin gente; y de ahí fui a las
tiendas, y vi que tiene mucha gente y ganado y muchas tiendas; y
todos están a punto de guerra. A mí me quisieron matar, si no porque
les dije que si me mataban, matarían acá a los embajadores de allá,
y que hasta que yo volviese no los dejaría ir; y con esto me
dejaron. Y no me quisieron dar de comer, sino que me rescatase.
Díjeles que me dejasen ver a Atabaliba, y decirle mi embajada; y no
quisieron, diciendo que estaba ayunando y no podía hablar con nadie.
Un tío suyo salió a hablar con migo y yo le dije que yo era tu
mensajero y todo lo que más mandaste que yo dijese. Él me preguntó
qué gente son los christianos y qué armas traen. Yo le dije que son
valientes hombres y muy guerreros; y que traen caballos que corren
como viento, y los que van en ellos llevan unas lanzas largas y con
ellas matan a cuantos hallan, porque luego en dos saltos los
alcanzan. Y los caballos con los pies y bocas matan muchos. Los
christianos que andan a pie dije que son muy sueltos, y traen en un
brazo una rodela de madera con que se defienden y jubones fuertes
colchados de algodón y unas espadas muy agudas que cortan por ambas
partes de cada golpe un hombre por medio, y a una oveja llevan la
cabeza, y con ella cortan todas las armas que los indios tienen; y
otros traen ballestas que tiran de lejos, que de cada saetada matan
un hombre; y tiros de pólvora que tiran pelo tas de fuego que matan
mucha gente. Ellos dijeron que todo es nada; que los christianos son
pocos y los caballos no traen armas, que luego los matarán con sus
lanzas. Yo dije que tienen los cueros duros, que sus lanzas no los
podrán pasar, y dijeron que de los tiros de fuego no tienen temor,
que no traen los christianos más de dos. Al tiempo que me quería
venir les rogué que me dejasen ver a Atabaliba, pues sus mensajeros
ven y hablan al Gobernador, que es mejor que él; y no me quisieron
dejar hablar con él, y así me vine. Pues mirad si tengo razón de
matar a éste; porque siendo un llevador de Atabaliba (como me han
dicho que es), habla contigo y come a tu mesa; y a mí que soy hombre
principal, no me quisieron dejar hablar con Atabaliba ni darme de
comer. Y con buenas razones me defendí que no me mataron. El
mensajero de Atabaliba respondió muy atemorizado de ver que el otro
indio hablaba con tanto atrevimiento; y dijo que si no había gente
en el pueblo de Caxamalca, era por dejar las casas vacías en que los
christianos se aposentasen: y Atabaliba está en el campo porque así
lo tiene de costumbre después que comenzó la guerra, y si no te
dejaron hablar con Atabaliba, fue porque ayunaba como tiene de
costumbre; y no te lo dejaron ver, porque los días que ayuna está
retraído y ninguno le habla en aquel tiempo; y ninguno osaría
hacerle saber que tú estabas allí; que si él lo supiera él te
hiciera entrar y dar de comer. Otras muchas razones dijo,
asegurando que Atabaliba estaba esperando de paz. Si todos los
razonamientos que entre este indio y el Gobernador pasaron se
hobiesen de escrebir por extenso, sería hacer gran escritura, y por
abreviar va en suma. El Gobernador dijo que bien creía que era así
como él decía; porque no tenía menos confianza de su he
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