“Muy amados hijos y hermanos míos: Los que aquí estáis presentes y me habéis seguido en todos mis trabajos é tribulaçiones, bien creo no sabéis la caussa porque en vno os he mandado juntar agora ante mí: yo os la diré en breue. Por vida vuestra que no os alteréis de lo que os dixiere, porque bien sabéis que la neçesidad muchas veces compele a los hombres a haçer aquello que no querrían y por esso, por serme forçado dar contento a estos Andes que tanto tiempo ha que me importunan que los vaya a ver, habré de darles este contento por algunos días. Ruegoos mucho que dello no rresçibáis pena, porque yo no os la deseo dar, pues os amo como a hijos; lo que aquí os rogaré me daréis mucho contento haçiendo. Bien sabéis, como muchas veçes sin ésta os lo he dicho, la manera como aquella çente barbuda entró en mi tierra, so color que decían que eran Viracochas, lo qual por sus trajes e diuissas tan diferentes de las nuestras vosotros e avn yo lo pensamos, por el qual pensamiento y certifficasçión de los tallanas yungas que de cosas que les vieron hacer en su tierra, me hicieron, como habéis visto los traxiese á mi tierra e pueblo y les hice el tratamiento ya notorio a toda tierra y les dí las cossas que sabéis, por lo qual e por ellas me trataron de la manera que habéis visto; y no solamente ellos sino mis hermanos Páscac e Inguill y Guáipar me desposeyeron de mi tierra y avn me trataran la muerte, de la qual yo me libre por el auisso que os dixe de Antonico, como el otro día aquí os dixe: al qual comieron los Andes por no se sauer valer; y viendo todas aquellas cossas y otras muchas que por la prolexidad dexo, os mandé juntar al Cuzco para que les diésemos algún de los muchos que nos hauían dado; y paréçeme que o porque su dios les ayudó o porque no me hallé presente, no salistes con vuestro intento. De lo qual yo he rrescibido gran pena, pero como a los hombres no les subçedan todas las cosas como desean siempre, no nos hemos de marauillar ni congoxarnos demasiado, por lo qual os ruego que vosotros no tengáis congoxa, que en fin, no nos ha ido tan mal que no les hayamos coxido algo, porque como sabéis en Lima y en Chullcomayo y Xauxa les coximos algunas cossas, que no dexan de dar algún aliuio, avnque no equivalente a la pena que ellos nos han dado. Ya me parece va haciendo tiempo de partirme a la tierra de los Andes, como arriba os dixe, y que me será forçado detenerme allá algunos días. Miráis que os mando que no se os oluide lo que os he dicho y pienso deçir agora, que es que miréis quánto tiempo ha que mis aguelos y visaguelos e yo os hemos sustentado y guardado, ffauoresçido y gouernado todas vuestras cossas, proveyéndolas de la manera que habéis habido menester, por lo qual tenéis todos obligación de no nos oluidar en toda vuestra vida, vosotros y vuestros deçendientes, ansí a mí como a mis aguelos y visaguelos, y tener mucho respeto y hacer mucho casso de mi hijo y hermano Tito Cusi Yupangui, y de todos los demás mis hijos, que dellos deçendieren, pues en ello me daréis a mi mucho contento y ellos os lo agradecerán como yo se lo dexo mandado; por tanto, básteos ésto acerca de lo dicho.74.
RESPUESTA DE LOS INDIOS AL INGA
“Sapai inga: øCon qué coraçón quieres dexar a estos tus hijos solos, que con tanta voluntad se han deseado y desean siempre seruir y que si neçesario fuese pornían mill veçes la vida por tí, si fuese menester? øA qué rey, á qué señor, á quién los dexas encomendados? øQué deseruiçios, qué traiçiones, qué maldades te hemos hecho para que nos quieras dexar ansí desamparados e sin señor ni rey a quien respetar, pues jamás hemos conosçido otro señor ni padre sino a tí y a Guaina Cápac tu padre, y a sus antepasados? No nos dexes, señor, desa manera desamparados, desconsolados, mas antes nos da este contento si fueres seruido de lleuarnos contigo a dondequiera que fueres, que chicos e grandes, y viejos y viejas aparejados estamos por no te dexar de seguirte avnque tu nos dexes”. Y luego, el dicho mi padre, viendo que con tanta ansia le deseauan servuir toda su çente, les boluió a decir lo que aquí paresçerá:75.
“Yo os agradezco, hijos, la buena voluntad que mostráis de quererme seguir dondequiera que vaya; no perderéis la paga de mí, que yo os agradeçeré e pagaré antes que vosotros pensáis; y agora, por vida vuestra que os rreportéis y no tengáis tanta pena, que muy breue os boluere a ver y de aquí a que vuelua o hasta que os envíe mis mensajeros para lo que hayáis de hacer, ternéis este modo en vuestra vivienda; lo primero que haréis será que a estos barbudos que tantas beffas a mí me han hecho por me ffiar yo dellos tanto, no les creáis cossa que os dixieren, porque mienten mucho, como a mí en todo lo que conmigo han tratado me han mentido y ansí harán a vosotros; lo que podréis haçer será dar muestras por de fuera de que consentís a lo que os mandan y dar algún camarico y lo que pudiéredes, que en vuestras tierras ouiere, porque como esta çente es tan brava y de diferente condiçión de la nuestra, podría ser que no se lo dando vosotros, os lo tomasen por ffuerça o vos maltratasen por ello, y por evitar ésto os será buen remedio haçer lo que os digo. Lo otro, que estéis siempre con auisso para quando os enviare a llamar o auisar de lo que con esta çente hauéis de haçer, y si acaso ellos os acometieren o quisieren tomar vuestras tierras, no dexéis de defenderos y sobre ello perder la vida si ffuere menester; y si también se os offresçiere nescedidad de mi persona, darmeéis auiso por la posta a dondequiera que yo estuviere, y mirar que estos engañan por buenas palabras y después no cumplen lo que diçen, que ansí como habéis visto hiçieron a mi, que me dixieron que eran hijos del Viracochan y me mostraron al prençipio gran affabilidad y mucho amor y después hicieron conmigo lo que vistes. Si ellos ffueran hijos del Viracochan, como se jatauan, no ouieran hecho lo que han hecho porque el Viracochan puede allanar los cerros, secar las aguas, haçer çerros donde no los hay; no hace mal a naidie y estos no vemos que han hecho ésto, mas antes en lugar de haçer bien nos han hecho mal, tomándonos nuestras haçiendas, nuestras muçeres, nuestros hijos, nuestras hijas, nuestras chácaras, nuestras comidas y otras muchas cossas que en nuestra tierra teníamos por ffuerça, y con engaños, y contra nuestra voluntad, y a çente que esto hace no les podemos llamar hijos del Viracochan, sino como otras veces os he dicho, del supai, y peores, porque en sus obras le han emitado pues han hecho obras de tal, que por ser tan vergonçossas, no las quiero deçir”.76.
“Lo que más hauéis de haçer es que por ventura éstos os dirán que adoréis a lo que ellos adoran, que son vnos paños pintados, los quales diçen que es Viracochan, y que le adoréis como a guaca, el qual no es sino paño; no lo hagáis, sino lo que nosotros tenemos, eso tened, porque como veis las villcas hablan con nosotros y al Sol y á la Luna véemoslos por nuestros ojos, y lo que esos diçen no lo veemos. Bien creo que alguna vez por ffuerça o con engaño os han le hacer adorar lo que ellos adoran: quando más, quando más no pudiéredes, haceldo delante dellos, y por otra parte no olvidéis nuestras çerimonias. Y si os dixieren que quebrantéis vuestras guacas, y esto por ffuerça, mostraldes lo que no pudiéredes hacer menos, y lo demás guardaldo, que en ello me daréis á mí mucho contento”.77.
Acabadas todas estas cossas arriba dichas y otras muchas despidióse mi padre de los indios, trayéndome a mí allí delante para les deçir cómo yo era su hijo, y cómo después de sus días me habían de tener en su lugar por señor de todos ellos, el qual lo hizo e se leuantó en pie para partirse de su çente. La qual quando lo vio en pie, ffueron tales y tan grandes los alaridos que todos començaron a dar, que paresçía que se horadauan los çerros, y la çente, con la ansia que tenía, todavía le quería seguir, pero nunca mi padre les dexó, sino fue a quál, que no tenían impedimento que les estoruasen, porque decía a aquellos que con tanta ansia le querían seguir que como hauían de dexar sus sementeras, sus casas, sus muçeres, y sus hijos, sus sibas o crías para seguirle, que se rreportasen y que muy breue volvería a verlos ó les enviaría a decir lo que hauían de haçer. Ansí se partió de todos ellos para el pueblo de Vitcos.78.
LLEGADA DEL INGA A VITCOS
Tags: amaru, Bolivia, Chile, conquista, espanol, felipe ii, historia, inca, manco, Peru, quechua, siglo xvi, titu cusi yupanqui

















Post a Comment