“Muy amados hijos y hermanos míos: Nunca penssé que me fuera neçesario haberos de hacer lo que agora pienso, porque pensé y tuve siempre por muy çierto que esta çente barbuda que vosotros llamáis viracochas por habéroslo yo dicho antiguamente, por pensar que era ansi que venían del Viracochan, me hauían de ser auiesos ni darme pena en ninguna cosa, pero agora que veo cómo he hallado siempre por esperiençia y vosotros también habéis visto quán mal me han tratado y quán mal me han agradecido lo que por ellos he hecho, haçiendome mill beffas y prendiéndome y atándome como a perro los pies y el pescuezo, y que sobre todo después de me haber dado su palabra que ellos conmigo e yo con ellos habernos conffederado en amor y amistad, diçiendo que perpetuamente habríamos de lo pasado, andan agora otra vez urdiendo cómo me podrían prender y matar, no dexajé de rrogaros como a hijos que miréis quántas veçes vosotros me habéis importunado á que yo haga ésto que agora quiero haçer, diçiendo que me levante contra éstos y para qué los consiento en mi tierra, e yo no he querido por pensar que no subçediera lo que agora veo; y pues ansí es, y ellos no quieren sino porffiar en darme envío, forçado me será dárselo yo también y no consentir más negoçios. Por vida vuestra, que pues siempre me habéis mostrado tanto amor y deseado darme contento, en éste me le déis y sea que todos juntos, ansí como estáis, os conçertéis en vno y enviéis vuestros mensajeros a toda la tierra para que de aquí a veinte días estén todos en este pueblo, sin que dello entiendan nada estos barbudos; e yo enviaré a Lima a Queso Yupangui, mi capitán que gobierna aquella tierra, a auisarle que para el día que aquí diéremos sobre los españoles, dé él allá con su çente sobre los que allá oviere y haçiéndonos a hora él allá y nosotros acá, luego los acabaremos, sin que quede ninguno, y quitaremos esta pesadilla de sobre nosotros y Holgarnos hemos”. Acabado este rrazonamiento que mi padre hizo a sus capitanes para lo que habían de hacer en el aperçibimiento de su çente para la batalla que con los españoles se esperaba, todos en vno y a una voz rrespondieron que rresçibían de aquello mucho contento y estaban prestos y aparejados de haçer lo que por mi padre les era mandado; y ansí, sin ninguna dilaçión luego lo pusieron por la obra y enviaron por sus parçialidades cada vno como le cauía la voz. De los Chinchai suyo envió Vila Oma a Coyllas y a Osca y a Coriatao y a Taipi que traxiesen la çente de aquella parçialidad; de los Cullasuyos fue Liclli y otros muchos capitanes para que traxiesen la çente de aquella parcialidad. A Condesuyos, Surandaman, Quicana y Suri Vallpa y otros muchos capitanes; y los de Andesuyo, Rompa Yupangui y otros muchos capitanes para que todos estos, cada suyo por sí, juntasen la çente neçesaria para el effeto. Nota que estos quatro suyos que aquí son nombrados, conviene a saber, como arriba tengo dicho, son las quatro partes en que toda esta tierra está devisa y repartida, como más por estenso arriba está declarado. Después que se ovieron enviado a las partes arriua dichas, andando como andaba el dicho Joan Piçarro de mala manera y con malos intentos, vn indio lengua de los españoles llamado Antonico, llegó donde estaba mi padre y le dió guiso diçiendo que Joan Piçarro y los demás le querían prender otro día, y avn matarle, si no les daba mucho oro y plata; y mi padre como oyó lo que el dicho indio le decía, creyólo é finçió luego que quería ir a Callca a caçar; y los españoles no cayendo en lo que mi padre pensaba hacer, tuuiéronlo por bien, pensando que a la vuelta, porque creían sería breve, habría effeto su mal propósito. Desque mi padre estuuo en Callca algunos días, en tanto que se juntaba alguna çente de la que habían enviado a llamar, despachó desde allí por la posta a Quiso Yupangui, que estaba en Lima, para que estuviera auisado del día y la hora en que él acá había de dar sobre los españoles, que juntamente él diese y fuese todo a vna, el Quiso Yupangui en Lima y el dicho mi padre en el Cuzco; y al tiempo que ésto hizo mi padre, los españoles le enuiaron muchas cartas diciendo que se diese priesa voluerse a su casa que no se hallaban vn punto sin él; el qual dicho mi padre les tornó a rresponder disçiendo que avn no había acabado de caçar, que él voluiera lo más presto que pudiese. Y los españoles, viendo que de quantas veçes le enviauan á llamar no quería venir ninguna, mas antes de día en día se alargaba más y les enviaba peores rrespuestas, determinaron de ir sobre él para o le traer por fuerça o matarle. Los quales hiçieron sus capitanes en el Cuzco y ordenando su campo vn capitán de los con su çente para el effecto dicho, quedando los demás en el Cuzco a punto de guerra para ir en su seguimiento, si fuese menester; los quales llegaron hasta la puente del rrío de Callca, en la qual, sobre el pasaje ouieron çierta rrefriega con las guardas della, las quales les defendieron el paso y allí se desafiaron los españoles a la çente de mi padre, y hecho el desafío se voluieron al Cuzco, viniendo en su seguimiento, dando muchos alaridos y gran grita mucha çente de la que estaba con mi padre. Llegados que fueron al Cuzco los españoles algo escandalizados, la guaçavara pasada y de la çente que venía en su seguimiento desde Carmenga, que es parte donde se señorea el Cuzco, dieron voces a sus compañeros, pidiendo socorro, y los compañeros, que no estaban descuidados, acudieron con su ffavor a los que con necesidad estaban y allí en la dicha Carmenga ouieron otra gran rrefriega con la çente que le seguía y en mucha otra que al apellido acudió. Y acabada la rrefriega los acorralaron al Cuzco sin matar ninguno; y esa mesma noche los tuvieron muy acosados con gran gritería, çercados de todas partes, y no dieron sobre ellos porque esperaban la çente que otro día llegó e también porque mi padre les había dicho que no diesen sobre ellos: lo vno hasta que llegase la çente, porque les pudiesen tomar a manos, y lo otro, porque decía que él se quería ver con ellos. 65.
CERCO DEL CUZCO
Otro día después que fueron desta manera rretraídos al Cuzco, habiéndoles puesto la messma noche muchas guardas y bien aperçibidos por todos los passos, esa tarde llegó a vista del Cuzco el tomulto de la çente, los quales no entraron entonçes porque les paresçía que era muy noche y no se podrían aprovechar siendo noche de sus enemigos por la oscuridad grande que hacía; y a esta causa hirieron alto por todos los visos y çerros de donde pudiese señorearse el pueblo, poniendo grandes guardas e centinelas a sus campos. Otro día de mañana, a hora de las nueve, estando todos los españoles en esquadrón en la plaza del Cuzco, bien apercibidos, cuyo número no se sabe, salvo que diçen que era mucha çente y que tenían muchos negros consigo, asomaron por todas las vistas del Cuzco, a la rredonda dél, en el çerco, gran suma de çente con muchos chiflos y boxinas e trompetas y gran gritería de voçes que asombraban a todo el mundo, que en número serían más de quatro çientos mil indios, los quales entraron rrepartidos en esta manera. 66.
ENTRADA DE LA çeNTE AL CERCO
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