eUos quieran aprouecharse dellas. Y lo que
admira es el poco trabajo que cuestan to-
fos estas cosas, como se puede colegir de lo
que cada dia experimentáuamos en nuestro
Rfcal, de donde, después de llegar á la dormi-
y después de ocupados lo s Indios amigos
Que nos acompañaban, en hazer varracas sufi-
^Utes para todo el alojamiento, en que se
cOx*sumia mucho tiempo, se repartian vnos por
k^rra, con perros, en busca de caca, y otros
por agua, con solo sus arcos y flechas; y en
Pocas horas veíamos venir á éstos cargados de
Pescado, y á aquellos con caca suficiente para
1**« todos quedásemos satisfechos. Lo qual no
^a vn dia ó otro, sino todos cuantos duró el
Vlage, que fué tan cumplido como ya dixe.
6o
CHRISTOUAL DE ACUÑA
Marauilla digna de admiración y que solo se
puede atribuir á la Paternal Prouidencia de
aquel Señor, que con solos cinco panes y po-
cos pezes sustentó cinco mil hombres, quedán-
dole el braco sano, y las manos llenas, para
mayores liberalidades.
NVMERO XXIX
Clima y temple del Rio
L clima deste Rio, y todas las Prouin-
cias á él circunvezinas, es templado: de
suerte que ni ay calor que enfade, ni frió que
fatigue, ni variedad que sea molesta; porque
aunque se reconoce algún género de invierno,
no es tanto, causado de la variedad de los
Manetas, y curso del Sol, que siempre nace y
Se pone á vna misma hora, como de las inun-
daciones de las aguas, que con sus humedades
^Piden por algunos meses las sementeras, y
frutos de lá tierra, por los quales nos regimos
^e Ordinario en aquellas partes del Perú, de
*n diferentes temples, para conocer y distin-
**lr el verano del invierno; de suerte que todo
* tiempo que la tierra nos produce frutos, 11a-
la***os verano; y por el contrario, invierno,
62 CRISTOUAL DE ACUÑA
al en que por alguna causa se impiden sus ca
sechas. Estas son dos al año en este Rio, n<
solo en los maizes, vno de sus principales sus
tentos, sino también en otras semillas propia
de la tierra. Verdad es que las más cercanas
las Cordilleras de Quito, gozan de más cale
que lo restante del Rio, por las muchas brisí
que de ordinario refrescan lo más propinquo
las costas de la mar, si bien este calor quand
mayor, es tanto como lo ordinario de Guay
quil, Panamá ó Cartagena, templándose t
gran parte con los continuos aguaceros de ca
cada dia, haziéndoles á todas estas tierras gr¡
ventaja en conseruar por mucho tiempo s
mantenimientos incorruptos, como lo expe
mentamos en las Hostias, con que cada dia d
zíamos Misa, que después de cinco meses
medio que salieron de Quito, estauan tan fri
cas como si fueran de pocos dias hechas y p
acabarse á este tiempo, no experimentam
todo lo que en adelante pudieran durar, co
que espanta á los que tenemos corridos di:
rentes temples de las ludias, y sabemos p
experiencia la facilidad con que en tierras c
lidas se corrompen, aun cosas de más susU
cia. No son los Soles deste Rio, con avez.
darse tanto á la Equinocial, noziuos, ni se <
nocen serenos que hagan daño, de que pue
DESCUBRIMIENTO DEL AMAZONAS 63
«er buen testigo, pues raras veces en todo el
tiempo que por él navegué, dexé de pasar las
noches de claro en claro, á su inclemencia, sin
que jamás me causase un dolor de cabera, que
en otras partes, solo vn pequeño rayo de la
luna los suele causar muy desmedidos, si bien
es verdad que en sus primeras entradas, casi
todos los que veníamos de tierras frías, tuvi-
mos quatro calenturas, que con otras tantas
sangrías nos dexaron libres. Ni tampoco ay en
este Rio, ayres corruptos, que con repentinas
calidades dexan lisiados á aquellos á quienes
más hieren, como á costa de su salud, y á ve-
ces de la vida, los sienten muchos, casi en
todo lo descubierto del Perú. Y á no tener la
plaga de mosquitos, de que abunda en muchos
parajes, se pudiera llamar á boca llena vn dila-
tado Paraíso.
NVMERO XXX
Disposición de la tierra y drogas medicinales
ESTA apacibilidad de temples, naze Í
duda la frescura de todas sus orill
que coronadas de varios, y hermosos árbol
parece que á porfía están de continuo dil
jando nuevos paises, en que la naturaleza
esmere, y el arte aprenda.
Y aunque en lo común es tierra baxa, t
ne también altos bien proporcionados, cam
ñas desembarazadas de arboledas y cubier
de flores; valles que siempre conseruan la 1
medad, y en lo más retirado, cerros tales, q
pueden con razón pasar con nombre de C<
lleras.
En estos incultos bosques, tienen los nal
rales librada para sus dolencias, la mejor be
ca de simples, que ay en lo descubierto; pe
DESCUBRIMIENTO DEL AMAZONAS 65
las gomas y resinas saludables, mas en abun-
dancia: la miel de auejas siluestres, más á cada
Paso; y tanto, que apenas se llega á paraje don-
de »0 la aya, gastándola, no solo en medizi-
nas* para que es muy saludable, sino también
sustentándose con ella, por ser de lindo gusto,
7 aprouechando la cera, que aunque es negra
es buena y arde tan bien como cualquiera
otra. Aquí el azeyte de Andiroua, que es vn
árbol, que no tiene precio para curar heridas.
Aquí al de Copaiba, que también lo es, no
iguala el mejor bálsamo, Aquí se hallan mil
géneros de yerbas y árboles de particularísi-
mos efectos; y ay aún por descubrir otras mu-
chas, que pudiera salir segundo Dioscorides y
f tercero Plinio, y todos tuvieran bien que hazer
en aueriguar sus propiedades.
NVMERO XXXI
Maderas, y aderezos para nauios
OS árboles en este Rio, son sin i
ro, tan altos, que se suben á las i
tan gruesos, que pone espanto; cedro
con iriis manos de treinta palmos de cir
son todos por la mayor parte de tan b
maderas, que no se pueden desear me
porque son cedros, ceibos, palo hierro,
colorado, y otros muchos, reconocidos
aquellas partes y experimentados por 1 (
jores del mundo para fabricar embarcac
las quales en este Rio, mejor y con menc
to que en parte ninguna, se podrán, acá
y perfectas, echar al agua, sin que se ne
de nuestra Europa sino solo hierro para
uagon. Porque aquí, como digo, están h
deras á pedir de boca; aqui la xarcia tan
DESCUBRIMIENTO DEL AMAZONAS 67
te como la de cáñamo, de ciertas cortezas de
árboles, de que se hazen amarras, que solas
ellas sajetan las naos en tormentas desechas,
aquí la pez y brea tan perfecta romo la Arávi-
ga; aquí el azeyte, así de árboles como de pes-
cados, para darla punto y templar su dureza.
Aquí se saca estopa excelente, que llaman em-
bira, que para calefetear las naos, y juntamente
para cuerda de arcabuz no se conoce otra me-
jor. Aquí el algodón para el velambre, es la se-
milla que mejor produzen los campos, y aquí,
finalmente, está la multitud de gente que des-
pués diremos, con que no falta nada para fa«
bricar quantos galeones se quisieren poner en
astillero.
NVMÉRO XXXII
Quatro géneros de cosas prouechosas que ay
este Rio.
Y en este gran Rio de las Amazor
quatro géneros que cultiuados, sei
sin duda suficientes para enriquecer, no á vi
sino á muchos Reynos, de los quales es el p
mero maderas, que fuera de auer muchos
tanta curiosidad, y estima como el mejor ei
no, ay tantas de las comunes para embarcac:
nes, que juntamente se podrán sacar para oti
partes, seguros siempre de que por mucl
que se saquen, jamás se podrán agotar. El
gundo género es el cacao, de que están ¡
orillas tan llenas, que algunas vezes las mac
ras que para el alojamiento de todo el exéi
to, se cortauan; apenas eran otras que las 1
los árboles que produzen este tan estimac
fruto de la Nueua-España, y en donde quiei
DESCUBRIMIENTO DEL AMAZONAS 69
que saben qué cosa es chocolate; el qual bene-
ficiado, es de tanto prouecho, que á cada pie
de árbol, corresponde de renta todos los años,
horros de todos gastos, ocho reales de plata;
y vcese bien con quan poco trabajo se culti-
USLH estos árboles en este Rio, pues sin ningún
beneficio de el arte, sola la naturaleza les llena
abundantes frutos. El tercer género, es el
T*a.T) aco, de que se halla gran cantidad y muy
decido entre los moradores de sus Riberas; y
si se cultiuase con el cuydado que pide esta
semilla, seria de los mejores del mundo, por-
que á juizio de los que lo entienden, la tierra
v temples es todo lo que se puede desear para
Sraiidiosa cosecha. Las mayores, que á mi ver,
Se debieran entablar en este Rio, son las de
^Ucar, que es el quarto género, que como
má-s noble, más prouechoso, más seguro, y de
^yores acrecentamientos para la Corona
^e^l, y mas en tiempos que tanto ha caido el
del Brasil, se debiera tomar mas á pechos,
y X^xocurar luego á los principios entablar mu-
Cr*Os ingenios, que en breue tiempo restaurá-
osla las pérdidas de aquella costa. Para lo
q^^I no fuera menester, ni mucho tiempo,







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