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ANTONIO RUIZ DE MONTOYA. CONQUISTA ESPIRITUAL


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buenos ejemplos de su vida, con que predica y
deshace sus pasados embustes.
A una mujer moza á quien el demonio en salud
con sugestiones no pudo derribar, con clara y apa-
rente figura la provocó á que consintiese en peca-
do de deshonestidad, y para más obligarla la ofre-

DE LOS RELIGIOSOS DE LA C. DE JESÚS 21$

cía llevar consigo en muriendo á los deleites que
él tenia; la cual, ayudada bien de un Padre á quien
dio parte de su tentación, recibidos los Sacramen-
tos, durmió en el Señor.
En el postrero trance en que estuvo un indio,
preparado ya con todos los Sacramentos para par-
tir de esta vida, se le apareció un venerable varón
con las insignias de Obispo (que él no conoció) y
le habló de esta manera: Hijo, mira el peligro en que
estás, las agonías que la muerte causa, la osadía y
atrevimiento con que el demonio tienta, aflige y ende-
reza á los pecadores á la desesperación; ya tú lo prue-
bas, bien será que tú seas pregonero de estos trances,
y así, sanarás luego de esta enfermedad,y mira que los
Publiques y enseñes á tu pueblo la dificultad del cami-
no para el cielo; que traten de su salvación, y acudan
d la iglesia, que es donde Dios oye, y allí pidan reme-
dio á sus necesidades. Llamó este hombre á su con-
fesor, y le refirió aquesto, y la repentina salud del
moribundo testificó el caso, y más la diligencia
con que cumplió el mandato, aprovechándose á sí
mismo, y con su ejemplo y palabras á los demás.
La Congregación de la Virgen está en este pue-
blo tan bien entablada, que la juventud florece en
muy grande honestidad, modestia^ recato, de que
se han visto muy buenos ejemplos.
LI
Reducción de Nuestra Señora de los Reyes.
Esta reducción forjó la Compañía de varías na-
ciones de indios de diversas lenguas, si bien se en-
tienden por la común que es la Guarani: está en

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CONQUISTA ESPIRITUAL

frontero de un a nación indómita llamada Charrúas,
gente agigantada; su morada es la que les ofrece la
noche; andan vagos por los campos á guisa de fíe-
ras, buscando caza y pesca en las lagunas; no siem-
bran ni saben de eso; algunos se han acogido á esta
reducción; suelen acudir al puerto de Buenos-Aires
al olor del vino, que compran con caballos que co-
gen por los campos, cuya multitud es casi infinita
y sin dueño; dan un buen caballo por cuatro ó seis
reales, y 1 veces por dos y aun por un pan ó una
vez de vino; allí á los ojos de los Prelados y gober-
nadores los hemos visto tendidos por los suelos,
derribados del vino; quiebra el corazón ver este
desorden, y si la eficacia que se pone en otras co-
sas se pusiera en su conversión, reducción y bautis-
mo, no dudo que se domesticaran.
Tiene esta reducción por otra parte otra nación
llamada Yaro, gente también bestial, que no cono-
ce sitie; como los charrúas son muy guerreros, usan
de unas bolas de piedra que tiran con extraña cer-
teza. Salieron de esta reducción 8o indios á recoger
algunas vacas sin dueño, y son en tan gran núme-
ro, que llenan muchas leguas de campo, sin haber
quien les impida su aumento. Cercaron los yaros ¿
nuestros indios; estos, vista la ventaja del contrario,
les ofrecieron paces, que no quisieron aceptar, los
nuestros retiraron á un pajonal un golpe de niños
que para recrearlos los habían llevado. Trabóse la
pelea en que murieron 40 de los nuestros, y de los
enemigos muchos, cuya fuerza obligó á retirarse al
pajonal los que quedaban; acudió con ruego el ene-
migo, y estando ardiendo la paja por todas partes,
de cuyo peligro fuera imposible escapar si el cié-

DE LOS RELIGIOSOS DE LA C. DE JESÚS 217

lo con una fuerte lluvia que envió al fuego no lo
apagara, con que volvieron libres á su pueblo. Re-
paróse que el dia que salieron confesaron y comul-
garon todos, y muchos volvieron del camino á re-
conciliarse, con que nos dejaron prendas de su sa-
lud eterna.
Tras este trabajo vino el de la peste, de que ado-
lecieron todos; sola una niña de diez años se esca-
pó, y atribuyóse á que todos los dias en despertan-
do se ponía de rodillas, y persignándose, rogaba á
Nuestra Señora le librase de la peste.
La solicitud y celo del P.Diego de Salazar, misio-
nero muy antiguo, ha concordado las varias nacio-
nes y condiciones de este pueblo, empleando su
cuidado en la juventud, para que no se crien con
los resabios paternos. Perseveraba un indio de es-
tos en huir de la doctrina y sermones, pasó por jun-
to á él un niño, que por su pequenez apenas po-
día andar ni soltar la lengua para hablar. Pregun-
tóle el indio: ¿Niño, dónde vas tan determinado? El
niño, como si fuera de maduro juicio, voy d oir (dice)
la palabra de Dios, que los Padres predican en la
iglesia, y no me quiero quedar fuera con las bestias;
hirieron su corazón estas palabras, y enseñado de
un niño, le imitó y perseveró en acudir siempre.
Adoleció un viejo (que estos suelen ser muy du-
ros), visitóle el Padre, y convidóle con la confesión:
díjole que no tenia de qué acusarse, y juntamente
deseó que le llevasen á su labranza. Volvió el Pa-
dre, vedó que le llevasen, y sentándose muy de
propósito le instó con amor á que limpiase su alma
por la confesión. Viendo el indio la determinación
del Padre, y medroso de que quizá sabia su inte-

2l8

CONQUISTA ESPIRITUAL —

rior, empezó á vomitar pecados mostrando un muy
doloroso arrepentimiento, y habiendo recibido la
absolución, dio su alma (según esta prenda) á Dios.
Y aunque no sucedió aquí lo que diré, viene á
propósito. Entienden algunos de los viejos que el
breviario habla y avisa á los Padres las cosas ocul-
tas. Cometió uno de estos un delito, castigáronle
los caciques para que lo confesase, negábalo él te-
nazmente; acudió un Padre, rogóle lo confesase,
porque convenia para el bien público, nególo; aca-
so se puso el Padre á rezar en un diurno, y acaba-
do el rezo le dijo: Ea, hijo, confiesa esto que se dice
de ti. Respondió el indio: Hátelo dicho ya ese libro;
dijo el Padre, coligiendo el intento del indio; este
libro dice las verdades; ea pues, dijo, supuesto que ya
ese lo ha dicho, bien será que yo diga verdad, y así,
confesó luego y se remedió el inconveniente.
Hallaron los indios de este pueblo una nina gen-
til perdida por los montes y expuesta á ser comi-
da de alguna ñera; bautizóla el Padre estando
sana, adoleció luego y voló al cielo, como pre-
destinada.
L1I
Reducción de Santa María la Mayor.
La gente de este pueblo la conquistó el P. Diego
de Boroa á costa de muy grandes trabajos y per-
severancia. Estaban situados en un puesto imposi-
ble de entrar, sin que ellos concurriesen á llevar
al Padre, por la aspereza de una sierra y dos ríos
muy caudalosos que la ciñen. Despidieron al Pa-
dre varias veces con desden y enojo, y tal vez tra-

DE LOS RELIGIOSOS DE LA C. DE JESÚS 2IQ

taron de matarlo; pero el ánimo del Padre, la cari-
dad y su celo rindió aquel alcázar del demonio.
Tuvo por su compañero un antiguo y fervoroso
misionero, el P. Claudio Reyes, borgofioq, cuya
gracia en disciplinar indios es muy conocida. Co-
nocieron estos indios el bien que tenian en haber
recibido á los Padres, y agradecidos recibieron la
fe y la policía como en las demás reducciones,
desembarazándose para ello del común estorbo de
mujeres. Mudóse este pueblo receloso de la inva-
sión cruel de los de San Pablo; mejoráronse de
puesto, donde viven con descanso y muy como
cristianos y devotos de la Virgen, cuya Congrega-
ción es de raro ejemplo.
Un hijo de uno de estos congregantes, que aún
no tenia un año, enamorado de ver enterrar unos
infantes con flores y guirnaldas en la cabeza, pidió
algunas veces á su padre que le diese licencia para
morirse, y él se fingia muerto echándose en el sue-
lo como ensayándose. Importunado el padre de
esta licencia que su hijo le pedia, le dijo: Hijo, si
Dios quiere que te mueras, hágase su voluntad santísi-
ma; oyendo el niño el beneplácito y resignación
del padre, le dijo: Pues padre, yo me voy d morir, y
acostándose en su cama, se quedó muerto, sin ha-
ber precedídole enfermedad alguna.
No sin gran fundamento dicen los médicos que
imaginaiio facit causam, probóse esto en un indio,
el cual con su mujer estando descansando en un
camino, salieron de una cueva dos pestilentes ví-
boras que rabiosas con la ponzoña acometieron á
los dos, matólas el indio bien turbado del repenti-
no suceso. Llevóle la curiosidad á despedazar aque-

22Q CONQUISTA ESPntmXAL

líos animales y contemplar el instrumento con que
causaban muertes, hízolo y prosiguió so caminoj
con aprensión tan vehemente de aquellas ponzo-
ñosas víboras, que estando aquella siguiente noche

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Tags: ANTONIO, antonio ruiz, conquista, ESPIRITUAL, las provincias, MONTOYA, paraguay, PROVINCIAS, RELIGIOSOS, Tape, uruguay

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