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ANTONIO RUIZ DE MONTOYA. CONQUISTA ESPIRITUAL


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sus almas con pecados, y comunmente la devoción
de la Virgen soberana ha cobrado grande esfuerzo,
no sólo en los adultos sino en los niños y niñas,
llamándola comunmente nuestra Madre. Dijera
muchas cosas en confirmación de aquesta devo-
ción santísima; callólas por la brevedad, y porque
los ejemplos que ahora diré declaran mucho mi
intento.
Cautivaron los de San Pablo entre mucha gente
una india moza, casóse en el Brasil, donde dio sol-

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172 CONQUISTA ESPIRITUAL

tura á sus deseos (y no hay que espantar que la
falta de enseñanza causa estos inconvenientes) oyó
que nuestros feligreses comulgaban y vivian cris-
tianamente en las reducciones que en Guaira te-
níamos, encendiósele el deseo de gozar de aquella
vida, solicitó á su marido que la sacase de aquella
brutal vida que tenian. Pusiéronse en camino por
cerrados bosques, huyendo de la crueldad que en
ellos ejercitaría su amo si siguiéndoles les diese al-
cance. Padecieron en esta peregrinación muchos
trabajos por falta de comida y de camino y carga
de dos hijos que llevaban. Viéndose esta mujo
flaca y sin fuerzas y rendida casi al cansancio de
manera que juzgaba no podría seguir ya su camino
sino dejar allí su cuerpo sepultado, hincóse de
rodillas, y con devotas lágrimas pidió á nuestra
Señora le diese fuerzas para llegar á su pueblo de
Loreto, donde se ofrecía á servirla. Parece que fué
oída según mostraron los efectos, porque acabada
su oración se halló ya otra, con fuerzas y aliento,
con que prosiguieron su viaje, y al fin de haber ca-
minado más de 300 leguas, llegaron á su deseado
pueblo, donde el P. Francisco Diaz sabida esta pe-
regrinación los hizo acomodar muy bien, defendién-
dolos de un ladrón que como bienes mostrencos
juzgaba le pertenecían.
Parecióle que estaba ya en la gloria, dióse muy
de veras á la devoción de la Virgen, oía cada dia
Misa, pidió luego la comunión cuya hambre le
traia, difiriósele hasta que estuviese bien instruida
en las cosas de la fe, que nunca habia oido (que á
este modo bautizan los más cabales curas) vivió en
esta reducción algunos años, confesando amenudo

DE LOS RELIGIOSOS DE LA C. DE JESÚS 173

y comulgando cuatro veces al año. Murió su mari-
do, instó á los Padres que casasen su hija con de-
seo de que perseverase en limpieza con su marido,
y no maculase antes de casarse su honestidad; crió
á otro hijo varón con todo cuidado, enseñándole el
temor de Dios. En la transmigración que vimos de
estos pueblos no ayudó poco aquesta buena mujer
que como experimentada aconsejaba á todos, que
antes perdiesen las vidas que verse en manos de
aquellos piratas de San Pablo, cuyo vivir era bestial.
Padeció en la mudanza gran trabajo, á que acu-
dimos socorriéndola con comida y vestido. Des-
amparóla su hijo por evitar trabajos; sintió la bue-
na madre su ausencia, no por otra cosa sino por-
que temia se echase á perder y maculase su alma
con pecados, y mostrando su afecto me dijo un dia:
Más quisiera á mi hijo verle muerto aquí á mis ma-
nos de la necesidad y luimbre, que verle ausente en
partes donde ha de ofenderá Dios. Trajeron á este
mozo las oraciones continuas de su madre, la cual,
ya recibida en la Congregación me envió á avisar
que estaba enferma. Visitéla, confeséla, y no hallé
cosa de que formar absolución. Pregúntela si ha-
bia comulgado el jubileo que habia tres dias que
habia pasado. Díjome que no y la causa juntamen-
te, y fué que los examinadores de la doctrina (exa-
mínanse siempre de la doctrina los comulgantes,
porque el no repetirla no cause olvido) la habian
repelido porque habia errado (turbada) en cuatro
puntos, que de este rigor usan los indios que á los
varones, y las mujeres á mujeres examinan, con
que se saben bien los cristianos misterios, y son
mejor guardados.

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CONQUISTA ESPIRITUAL

Juicio hice que se hacia enferma para comulgar
á este título, engaño religioso que no pocas veces
nos han hecho. Díjela si queria comulgar; respon-
dióme que entendía que su enfermedad era causa-
rla de la pena que habia recibido de ver que sus
compañeras habian sido dignas de recibir al Se-
ñor, y sus pecados de ella la habian repelido. Díjela
< |ue se hiriese llevar en una hamaca á la iglesia,
modo con que se llevan los enfermos. Dijo con un
alentado consuelo de haber oido mi liberalidad en
ofrecerle la comunión (sirva de confusión á alguno}:
Padre, yo iré con mis pies, ayudada de un báculo
a recibir á mi Dios y mi Señor.» Confieso que me
enterneció y causó no poca devoción. Comulgó, y
volviendo á su cama, en breves dias, recibidos to-
dos los Sacramentos y con fervorosos actos acabó
la vida.
Acudieron mujeres á amortajarla, y tres mance-
bos de la Congregación á velarla aquella noche
'oficio que álos de la Congregación solos se ha
encargado). Llegó la media noche, cuando vieron
que la difunta daba muestras de vida meneándose
y forcejando á desenvolverse de la mortaja. Acu-
den luego, debátanla y venia viva. Lo primero que
dijo fué: «Llamadme al Padre;» dijéronle que yo es-
taba ausente en otro pueblo cercano: «Pésame, dijo*
que el Padre esté ausente, porque tenia mucho
que decirle para su consuelo; llamadle al P. Juan
Agustín, que a él se las diré.» Mientras le llamaban
al Padre pidió á uno de los que la habian velado
un rosario y un Cristo pequeñito de metal que te-
nia al cuello, y tomándolo con mucha devoción y
reverencia comenzó á besarlo y aplicarlo apretada-

DE LOS RELIGIOSOS DE LA C. DE JESÚS 175

mente al pecho. Corrió la voz por el pueblo que
aquella mujer Isabel habia resucitado, y como su
buena vida le habia dado buen nombre, acudió
mucha gente á su casa, y hablando á los de la Con-
grecion les dijo de esta suerte:
t Hijos mios, los de la Congregación de nuestra
Madre santísima y Señora nuestra, por vuestra cau-
sa vengo otra vez á mi cuerpo. Yo morí verdadera-
mente y tengo de vivir ahora cinco dias solos, por-
que solamente vengo á traeros unas buenas nue-
vas por parte de nuestra Madre y Señora la Virgen
santísima, de que está muy contenta con esta Con-
gregación, y la agradan mucho los que viven en
ella, y os dice la llevéis adelante, y yo de mi parte
os lo ruego, y que miréis bien la obligación que te-
neis de seguir la virtud, y dar buen ejemplo, y de
amaros unos á otros, y de cumplir los consejos que
os dan los Padres t-
Llegó el P. Juan Agustín, y ella prosiguió di-
ciendo:
f Luego que pasé de esta vida fui llevada al in-
fierno, donde vi un fuego horrendo que arde y no
da luz, y causa grande temor; en él vi algunos que
han muerto y vivieron en nuestra compañía, y los
conocimos todos, los cuales padecian muchos tor-
mentos. Luego me llevaron al cielo, donde vi á
nuestra Madre, tan hermosa, tan resplandeciente y
linda, tan adorada y servida de todos los bienaven-
turados, y en su compañía innumerables Santos
hermosísimos y resplandecientes, que todo lo de
por acá es basura, estiércol y fealdad, allá es todo
tan hermoso, allá todo es hermosura, todo belleza
y riqueza. Allí vi los que han muerto de nuestra

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CONQUISTA ESPIRITUAL

Congregación muy resplandecientes vestidos de
gloria; luego que me vieron, me dieron mil para-
bienes, y principalmente por ser yo de la Congre-
gación, y os envían grandes recados, y principal-
mente que llevéis adelante esta Congregación y
seáis verdaderos cristianos t-
Fué llamando esta buena mujer á todos los del
pueblo, varones y mujeres, y les exhortaba al amor
y caridad, que oyesen Misa siempre, que hiciesen
buenas obras, que diesen la limosna que pudiesen
á los pobres, que cumpliesen los preceptos divi-
nos. Tratábales maravillosamente de la fealdad dd
pecado, de la hermosura de la virtud, del horror
del infierno, del temor del juicio y cuenta estrecha
que Dios pide, de la hermosura de la gloría. Y
aunque llamó á todos no llamó á su hijo, y á lo que
pareció para castigarle con esto, por el descuido
que tenia en no pedir ser recibido en la Congre-
gación, y rogándole que lo llamase, no quiso hasta
el último dia de su vida; entonces lo llamó y le dijo:
t Yo no te he querido ver, porque no eres de la
Congregación. Mira que pidas luego á los Padres
que te reciban, no te apartes de ellos, sírvelos y
ámalos siempre, que son nuestros verdaderos Pa-
dres, no ofendas á Dios para que seas digno de ir
á gozar de aquella bienaventuranza f.
Lo cual él cumple muy bien, porque luego instó
á que le recibiesen y sirve él por su persona á los
Padres, y procede como religioso. Entre las muje-
res que concurrieron á ver á esta buena mujer se
llegó una, á la cual mandó salir de allí, y aunque
entonces no se supo la causa (porque parecía

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Tags: ANTONIO, antonio ruiz, conquista, ESPIRITUAL, las provincias, MONTOYA, paraguay, PROVINCIAS, RELIGIOSOS, Tape, uruguay

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