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ANTONIO RUIZ DE MONTOYA. CONQUISTA ESPIRITUAL


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azufre. Este remedio es conocido, y acudiendo con
tiempo no peligran. La cabeza de la misma víbora
majada y puesta sobre la picadura, mitiga el dolor
y chupa la ponzoña. Los hígados de la víbora comi-
dos usan por remedio.
Hay unas culebras de cuatro y cinco varas que
se sustentan de caza, súbense á los árboles por los
caminos á esperar la caza, de donde con gran ve-
locidad se arrojan, y con extraña lijereza la rodean
y atan tan fuertemente, que en muy breve tiempo
la matan y se la tragan, y suelen quedar estas cule-
bras-tan ocupadas, que en ninguna manera se pue-
den menear, y como el calor que tienen no es bas-
tante á digerir un gran venado ó jabalí, vuélvense
al sol, y así se le pudre (con la podrida carne de la
caza); el vientre cria gusanos, á que acuden los pa-
jarillos, que tienen pasto para muchos dias, y en
pasando esta corrupción vuelve á recobrar su cue-
ro y 1 quedar sana como de antes. Ha sucedido tal
vea á estas culebras cogerles este trabajo pegadas
á un arbolillo, y al ir encorando, ir la misma carne
incorporando el arbolillo, y cuando se vio sana se
halló presa, sin poder desasirse, y allí la hallaron
viva. Otras se sustentan de peces. Yo vi una que
tenia cuatro varas de largo y la cabeza como de
una ternera, estaba al pié de un árbol, y descolgan-
do la cabeza al rio Paraná echaba espuma de la
boca, y al punto acudian gran multitud de pececi-
llos á comerla, y dejándolos ella asegurar, con ex-

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traña lijereza abría la boca y hacia muy buena pre-
sa, y ésta tragada, volvía á echar la espuma y á
porfía acudian los peces á comer de ella y la cule-
bra á tragárselos.
Otras se sustentan de ratones, conejos y otras
cosas de este género, y tienen tanta ponzoña, que
si un género de anhélito que despiden llega á la
caza, aunque vaya corriendo, la detiene, de manera
que no sólo se le rinde,'pero aun se alarga y dispo-
ne de manera que con facilidad la pueda tragan
vilo esto con grande admiración mia, que siendo la
caza de largo de un geme, se fué alargando y adel-
gazando un tercio, y así la tragó con mucha faci-
lidad.
Hay otras culebras cuyo grandor es tal, que se
tragan un hombre. Vimos tragar á un indid*cuya
estatura era de dos varas y muy membrudo. Anda-
ba este hombre desnudo, pescando con el agua á
la cintura, tragólo esta bestia, y al siguiente dia lo
volvió á echar entero, pero tan quebrantados los
huesos como si los hubieran molido. No salen del
agua, y en los mayores remolinos que hace el Pa-
raná las vi; tienen la cabeza disformemente grande,
la figura de cabeza y cuerpo de culebra, la boca es
disforme.
Hay otras culebras de tres y cuatro varas que ha-
bitan en malezas pantanosas, salen á la orilla á es-
perar la caza, y con extraña lijereza saltan y la atan,
y con un hueso que tienen muy agudo en la cola
procuran herir la vía posterior, con que la rinden y
la llevan á su pantanosa habitación, y si hallan re-
sistencia vuelven á remojarse en el agua, porque la
sequedad las debilita las fuerzas, y luego vuelven

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á la pelea. Esto se vio en un indio al cual acometió
una de estas culebras, y aunque le cogió los brazos
resistió el indio por un rato. Vístose seca la culebra,
dio un salto al agua, y con la misma presteza volvió
á probar su ventura; pero el indio advertido levan-
tó los brazos y así le ató solo el cuerpo. Llevaba el
indio un cuchillo pendiente por las espaldas de una
cuerda que llevaba al cuello, y con toda presteza
tronchó la culebra y la mató, gozoso de llevar que
comer aquel dia y otros, que todos estos animales
son sustento de los indios.
Hay una gustosa justa entre unos pájaros que los
naturales llaman macagua y unas víboras pequeñas,
de que son muy amigas estas aves; esta ave entre-
mete el pico por las plumas de la ala, que le sirve
como de rodela, y embistiendo con la víbora la da
una fuerte picada, la víbora le da otra, y si se sien-
te el pájaro herido arremete á unas matas de yer-
bas que tienen el mismo nombre del pájaro, y co-
miendo de aquellas ramitas vuelve á la justa, y
cuantas veces se siente herido tantas vuelve á co-
mer de aquella yerba, hasta que á picadas mata la
víbora y se la come, acudiendo luego á su botica
por la contrayerba, comiendo unos renuevos de
aquellas matas, con que queda juntamente mante-
nido, curado y vencedor. De aquí tomaron los na-
turales el uso de esta yerba para todo género de
ponzoña, y aun hemos visto otros efectos buenos
contra el dolor de cabeza, calenturas, ocupación
de estómago y otras enfermedades.
Los tigres que se crian por aquellas tierras son
innumerables, con la multitud de ganado vacuno
silvestre que tienen á su querer. Tanto es, que por

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lo que acá se compra una gallina, se compra allá
una vaca, que solo el sebo pesa arroba y media j
aun dos á veces. De la naturaleza de estos tigres
se podia decir mucho: iban dos por una playa si-
guiendo el rastro de un puerco de agua, que están
mucho tiempo en ella y es su refugio contra los
cazadores. Vio el tigre por el rastro que se habia "
echado al agua, arrojóse á buscarlo y por curiosi-
dad recé la oración del Ave María, y á la sexta
Ave María que dije, salió el tigre con su presa ya
muerta, y entre los dos tuvieron bien que comer.
Han conocido los naturales que huye este animal
de la orina humana como de la muerte. Siguió un
tigre á un indio por un monte, cerca de mi aloja-
miento, y aunque dio voces no le pudimos oír; su-
bióse en un árbol y el tigre se echó al pié de él es-
perando á que bajase; arrojábale el indio ramones
para espantarlo, pero no se meneaba; usó de este
remedio tan fácil y al punto que el tigre lo olió se
fué. Busca la peor carne, y si hay español y negro
y indio, embiste con el negro, y si negros solos,
con el más viejo ó de mal olor.
Hay unos animales que llaman anta. Son como
borricos, las orejas muy pequeñas, tienen una trom-
pa de un palmo que alargan y encogen que parece
les sirven de tomar viento, tienen en cada pié y
mano tres uñas. Del cuero hacen los soldados mor-
riones que defienden de saetas y á veces de bala-
zos. La carne es muy buena semejante á la de la
vaca. De dia comen yerbas y de noche barro salo-
bre, y hay en algunos parajes tanto rastro como en
un corral muy grande de vacas. Los cazadores acu-
den de noche á estos barreros, y en sintiendo que

DE LOS RELIGIOSOS DE LA. C. DE JESÚS 2$

vienen cerca, sacan de repente un hachón encen-
dido, con que deslumbrada da lugar á que la ma-
ten. Toda la noche se les va en este ejercicio, y á la
mañana las buscan por el rastro y á pocos pasos
las hallan, muertas. Las uñas de este animal son
contraveneno, principalmente la uña del brazo iz-
quierdo, que corresponde al corazón, de que el
mismo animal, enseñado de la naturaleza tiene co-
nocimiento, y así, en sintiéndose con accidentes
mortales se echa sobre el brazo izquierdo, aplican-
do aquella mano al corazón, y así se ha visto mu-
chas veces por la experiencia: tienen en el buche
piedras bezares que sirven contra la ponzoña.
IV
Cómo los de la Compañía entraron á la provincia
del Paraguay.
Los Padres Provinciales del Perú enviaron al-
gunos Padres (i) por via de misión á la ciudad de

(i) El principio de los trabajos apostólicos de la Compañía de Je-
sús en las regiones del Paraguay se puede fijar en el año 1586. Abrió
á los jesuítas la puerta de aquellos países el celo de dos ilustres obis-
pos de la Orden de Predicadores, Fr. Francisco de Victoria, elevado
á la silla de Tucuman en 1578, y Fr. Alonso Guerra, que cenia la mitra
— de la Asunción, y tenia á su cargo el país llamado propiamente
Paraguay.
El primero de estos prelados viéndose falto de clero, escribió cartas
muy fervorosas á los Padres Provinciales de la Compañía en el Perú
y en el Brasil, pidiéndoles socorro de misioneros para el cultivo de su
▼asäshaa diócesis. Acudieron del Perú tres jesuítas en dicho año 1586
y poco después-desembarcaron en Buenos-Aires otros cinco, enviados
por el venerable P. Anchieta, Provincial del Brasil. Hallábase en
«ata ciudad Fr. Alonso Guerra, que viendo llegar á los misioneros, los
convidó con su diócesis de la Asunción. Como aquellas regiones del

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la Asunción, que dista de la villa de Potosí, último
término de la provincia del Perú, 500 leguas, en
donde hicieron casa, predicaron y ejercitaron los
ministerios de la Compañía por algunos años; pero-
corno los Superiores no pudiesen visitar esta resi-
dencia por la longitud de tierra, la deshicieron, lla-
mando á los Padres. Sólo uno, llamado el P. To-
más Filds, irlandés de nación, hombre de muy ma-

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Tags: ANTONIO, antonio ruiz, conquista, ESPIRITUAL, las provincias, MONTOYA, paraguay, PROVINCIAS, RELIGIOSOS, Tape, uruguay

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