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B. APL, 42. 2006 (209-226)

 

TUCUYRICOC Rodolfo Cerrón-Palomino

Academia Peruana de la Lengua

 

"El modo y gobierno que los Ingas tenían en este reino, era por provincias grandes poner sus gobernadores, que llamaban tocricoc [tuccui ricuc], los cuales eran descendientes de los mismos Ingas, y éste certificaba los delitos de la manera questá dicho y cobraba los tributos que daban a los dichos Ingas". Pedro de Carabajal ([1586] 1965: 207)

 

0. Muchos de los términos que refieren a las instituciones del incario (políticas, administrativas, económicas y religiosas) han probado ser de origen aimara y no quechua, lo cual no es de extrañar ya que el idioma oficial del imperio, por lo menos hasta el reinado de Tupac Inca Yupanqui, fue la primera de las lenguas mencionadas. A medida que se producía el desplazamiento irreversible del aimara por el nuevo idioma oficial, de origen chinchaisuyo, propiciada por un bilingüismo de corte sustractivo a favor del quechua, tales vocablos fueron acomodados, cuando no reinterpretados, dentro de las estructuras léxicas y morfológicas del idioma recientemente adoptado. Después de todo, tales remodelaciones se veían facilitadas por el extraordinario paralelismo formal y semántico existente entre ambas lenguas, como producto

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de su milenaria convergencia en el espacio centroandino peruano. Según trataremos de demostrarlo en las secciones siguientes, un caso especial de remodelamiento léxico sería el del vocablo institucional del tucuyricoc. 1. La institución. Como se sabe, la administración de las provincias del dilatado imperio de los incas estaba a cargo de funcionarios especialmente designados por el soberano, con atribuciones políticas, administrativas, económicas, judiciales y religiosas, a los que estaba sujeta la autoridad del gobierno local de los curacas. Tales funcionarios, llamados "gobernadores", "veedores" o "corregidores", dentro de la documentación colonial, recibían el nombre de <tucuy ricoc>, según unos, o de <tocricoc>, según otros, para citar sólo las formas, que podemos llamar modélicas, de un término expuesto a una gran variación ortográfica, por razones de registro, de copiado, o de edición, como siempre acontece en estos casos, tratándose de la escritura de vocablos de origen nativo. De las variantes asumidas como canónicas, la primera es, sin duda alguna, la más difundida, según puede verse en los manuales y tratados de historia incaica (Markham [1910] 1920: XI, 140; Rostworowski [1953] 2001: V 202), y hasta en las enciclopedias (por ejemplo, , Tauro del Pino 1987), y el modelo se remonta seguramente a la autoridad del Inca Garcilaso, conforme se hará evidente en las secciones siguientes. La segunda forma es la menos corriente, pero no por ello menos antigua, conforme veremos en su momento1. Señalemos, en fin, que hay historiadores que no sólo reconocen en tales variantes alternancias diferentes sino también significados distintos que corresponderían, en el plano de la referencia institucional, a dos categorías de funcionarios. Entre tales estudiosos se

 

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Descartamos de las variantes mencionadas, la empleada exclusivamente por Espinoza Soriano (1987: II, 346-350), en la forma de <totricu> ~ <tocricut>, por tratarse de reproducciones cacográficas que obviamente son el resultado de lecturas erráticas de <tocricu> y <tocricuc>, respectivamente, es decir de la segunda variante modélica. No se requiere mucha familiarización con el quechua ni con el aimara para descartar de plano tales formas como fonológicamente aberrantes: la existencia de un grupo consonántico <tr> dentro de un lexema o el registro de una palabra acabada en <t> final son realmente peregrinos en cualquiera de las lenguas mencionadas.

 

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encuentran no sólo Rowe (1958), Guillén (1962) y Valcárcel (1964), para citar a los de la vieja guardia, sino también, recientemente, el finlandés Pärsinen (2003). Siendo así, conviene que averigüemos sobre la etimología de los términos en cuestión, pues de ello dependerá si estamos ante una o dos instituciones propias de la administración política incaica. 2. La forma <tucuyricoc>. Una de las primeras sorpresas que aguardan a quien indague sobre este nombre es su ausencia completa de registro en las fuentes lexicográficas coloniales. En efecto, vanos serán los intentos de ubicarlo en nuestros repositorios léxicos tempranos del quechua y del aimara, y ello no sólo por tratarse de una palabra de estructura compleja, siendo en verdad una frase, pues paralexemas de este tipo suelen ser frecuentes en los diccionarios de Gonçález Holguín ([1608] 1952), para el quechua, y de Bertonio ([1612] 1984), para el aimara collavino2. En verdad, los únicos vocabularios modernos que consignan el término, y sólo para el quechua sureño, son el de Markham (1864: <tucuyricuc>), el de los miembros de Propaganda Fide ([1905] 1998: sub gobernador <tucuyricuk>), y el de Perroud y Chouvenc (1970: <tucuirikuq>). Ausente, pues, de toda documentación temprana estrictamente lingüística, el vocablo sólo aparece registrado, aunque no siempre de manera confiable, en contadas crónicas y registros de carácter administrativo. Pues bien, una de tales crónicas, en las que el término aparece registrado de manera clara e inambigua, es ciertamente la del historiador cuzqueño, como puede verse en el pasaje transcrito a continuación, y no hay duda de que los lexicógrafos modernos mencionados se han basado en la autoridad del Inca para consignarlo. Dice, pues, el ilustre mestizo, que

 

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Adviértase que el adjetivo collavino se hace necesario, en la medida en que hubo, y hay todavía, variedades aimaraicas ajenas a aquél: nos referimos, por ejemplo, al aimara "cuzqueño" mencionado en los documentos coloniales, y al jacarucauqui, que se habla aún en la serranías de Lima. Ver, para todo esto, CerrónPalomino (2000: cap. III).

 

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auía veedores, y pesquisidores que de secreto andauã en sus distritos, viendo, o pesquisando lo que mal hazían los tales officiales [curacas], y dauan cuenta dello a los superiores, a quien tocaua el castigo de los inferiores, para que lo castigassen. Llamáuãse Tucuy ricoc, que quiere dezir el que lo mira todo (énfasis nuestro; cf. Garcilaso [1609] 2002: II, XIV 40v-41). , Las otras crónicas, en las que parece asomar la variante en consideración, son las de Sarmiento de Gamboa ([1572] 1960), Cabello Valboa ([1586] 1951) y Murúa ([1613] 1987). El carácter sospechoso de tales registros puede ser achacado a diversos factores, entre los cuales no debe descartarse el papel que han jugado los editores de las obras mencionadas, a menudo inclinados a "restituir" gratuitamente la forma de los vocablos nativos, con dudoso conocimiento de las lenguas involucradas. Con la salvedad del caso, decimos entonces que Sarmiento registra, en efecto, <tucuyrico> (p. 240) al lado de <tucurico> (p. 244); Cabello, por su parte, recoge <tucuirico> (III, XIX, 348) junto a <tucurico> (III, VIII, 340); Murúa, en fin, consigna <tocoricuc> (II, V 355)3. Como puede verse, tales formas alternantes están , próximas al modelo consagrado por el Inca, pero también las ofrecidas por Sarmiento y Cabello, así como la única versión registrada por Murúa, pueden avenirse con la segunda variante modélica mencionada. Lo importante es advertir, en este caso, que dicha documentación, con excepción de la de Murúa, es anterior a la del historiador cuzqueño. La única otra documentación, igualmente anterior a la del Inca, en la que encontramos registrada la variante que nos ocupa, es la averiguación hecha en 1580 por el corregidor del Cuzco, don Pedro de Córdoba Mexía ([1580] 1966), por mandato del virrey Martín Henríquez, sobre "los usos y costumbres que los indios naturales desta tierra tenían en el modo de su

 

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Ante la imposibilidad de poder acceder a los originales de tales obras, y de las que citaremos más adelante, no queda más remedio que emplear las ediciones de que se disponen, todas ellas, a cuál más, plagadas del tipo de errores que acabamos de señalar. Sirva la ocasión para lamentar que hasta ahora no contemos con ediciones serias y responsables, ni siquiera de los cronistas clásicos, que tomen en cuenta la recta interpretación de las voces índicas que recogen.

 

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