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Роберто Хорхе Пайро. Липовый Инка. Roberto Jorge Payró. El falso Inca


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comarca resueltamente hostil. ¡En tales condiciones todos los medios son
buenos! ¡Sueñas con tesoros, sientes la vulgar ambición del metal
precioso! ¡Ah! ¡El tesoro de los indios es la tierra, son ellos mismos!…
¡Y ése ya le tenemos! ¡Ahora, hay que conservarlo!
Volvió a imponer a su rostro la impasibilidad que había perdido un
instante, bajó los párpados sobre la hoguera de sus pupilas, pero al salir
del despacho todavía repitió:
-¡Hay que conservarlo!… ¡a toda costa!

VII
EN CAMPAÑA
Desde aquel día Bohórquez y Carmen se multiplicaron, sin contentarse
con enviar mensajes y chasques, pues recorrían personalmente pueblos y
aldeas en son de propaganda. Luis Enríquez no era ya el representante,
sino el compañero y el segundo de Huallpa-Inca. Trabajaban a cara
descubierta: el secreto tan admirablemente guardado por un pueblo entero,
se abandonaba ya, como inútil. Bohórquez mostrábase públicamente en todas
partes, y arengaba al pueblo.
-¡Vengo -decía siempre- a restablecer el bondadoso imperio y la
justiciera ley de mis antepasados! ¡Sus nobles máximas serán mi única
norma de conducta! -¡Sí! como [112] el gran Pachacutec, os repetiré:
«Cuando los súbditos y sus capitanes o curacas obedecen de buen ánimo al
Inca, el reino goza de toda paz y quietud. -¡La envidia es una carcoma que
roe y consume las entrañas de los envidiosos: el que tiene envidia de los
buenos, saca de ellos mal para sí, como hace la araña al sacar su ponzoña
de las flores! -La embriaguez, la ira y la locura corren igualmente, sólo
que las dos primeras son voluntarias y mudables, y la tercera perpetua.
-¡El que mata a su semejante, se condena él mismo a muerte! -¡De ningún
modo se deben permitir ladrones, y los adúlteros que afean la fama y la
calidad ajenas, y quitan la paz y la quietud a otros, deben ser declarados
ladrones! -¡El varón noble y animoso es conocido por la paciencia que
muestra en las adversidades! -¡Los jueces que reciben ocultamente las
dádivas de los negociantes y pleiteantes, deben ser tenidos por ladrones!»
Y seguía desarrollando éstas y otras máximas dictadas por la
sabiduría de los Incas del Perú, y ajustadas al espíritu de los
calchaquíes, para terminar su peroración exclamando:
-¡Ahora, decidme! ¿cuántas veces caen los españoles que nos sojuzgan
inicuamente, bajo el imperio de estas leyes, y debieran ser castigados?
¿No son ellos los perturbadores, los envidiosos, los llenos de vicios, los
torturadores y homicidas, los ladrones, los adúlteros, los jueces venales,
arbitrarios y corrompidos? ¿No han merecido cien veces la muerte?
Los indios recibían con entusiasta arrebato estas palabras de
condenación. Luego sonreían, cuando Bohórquez, irónico, hacía mofa de la
proclamada superioridad de los españoles:
-Pretenden enseñarnos, pretenden «civilizarnos» y lo que hacen es
detener nuestra industria, matar nuestra agricultura, hacernos volver a la
vida errante, esclavizarnos y embrutecernos con las mitas, el trabajo de
las minas, los quehaceres serviles con que nos convierten en bestias de
carga. ¿Cuál es su superioridad? La del escarabajo acorazado y fuerte
sobre la dulce abeja de nuestros bosques. ¡Ah! ¡pero nosotros tenemos el
aguijón: la flecha -y sus corazas no han de bastarle! ¡Pretenden
enseñarnos! ¡y las mismas máximas principales de su religión son viejas
para nosotros! ¿Quién no sabe que hay un poder más grande que el del sol?
¿Quién [113] no venera a Pachacamac, el espíritu de las cosas? ¿Quién no
conoce las palabras del gran Topa-Inca-Yupanqui: El sol no es el hacedor
de todas las cosas, y no es libre: es como la res atada que siempre gira
en el mismo redondel, o como la flecha que va donde la envían y no donde
quisiera?…
Estos discursos subversivos, que fomentaban el orgullo de la raza y
el odio al opresor, llegaban a oído de los españoles; pero como éstos no
trataban de reprimir y castigar al agitador, obligados a la pasividad por
el ávido y ciego Villacorta, alcanzaban un éxito cada día más grande.
-¡Mucho ha de ser el poderío del Inca -pensaban los indios-, cuando
nadie se atreve a incomodarlo, aunque diga lo que dice!
Por valles y montañas cundía de este modo la fama y popularidad de
Bohórquez, haciendo que de día en día, de hora en hora, creciera el número
grande ya de sus parciales. En cuanto a los caciques y curacas, si seguían
desconfiando del aventurero, sabían disimularlo admirablemente. ¿No era,
por otra parte, el disimulo su mejor arma de defensa bajo la opresión?
Pero Bohórquez, aconsejado por Carmen, no tiraba de la cuerda hasta
que se rompiera, y cuidaba de mantener siempre vivas las esperanzas del
gobernador. Sin embargo, elemento agitador y perturbador de primer orden,
faltábale la vista clara y el cerebro organizado de un gran caudillo: como
el niño curioso, era capaz de desarmar una máquina, pero no de armar otra
con sus piezas; admirable instrumento si hubiera estado en manos de un
hombre genial, resultaba inútilmente destructor entregado a sus propias
fuerzas. Carmen no bastaba para inspirarlo y dirigirlo: aunque ambiciosa,
inteligente y hábil, faltábale también cultura, espíritu sintético,
experiencia… Sin embargo, sabían ver y burlar los peligros del presente,
aunque el futuro, hasta el más inmediato, les quedaba completamente en la
sombra.
Carmen visitó varias veces a Mercado y Villacorta en nombre de
Bohórquez, alucinándolo con nuevas promesas y con la reiteración de las
anteriores. El descubrimiento de las huacas y tesoros era cosa
inminente… También se tenía la seguridad de reabrir el antiguo camino al
Gran Paitití, [114] el reino portentoso a que se habían tirado los Incas
con sus ingentes riquezas; la Ciudad de los Césares caería también en sus
manos… Pero había que tener paciencia, esperar, captarse la absoluta
confianza de los indios…
El noble caudillo se prendó de la mestiza, siguiendo su natural
inclinación a los devaneos, y al verla embellecida por sus nuevas galas.
-Carmen no desdeñaba la coquetería, y aprovechó su cambio de posición y
los presentes con que se la colmaba en todas partes, como a la Coya esposa
del Hijo del Sol. Y la gracia, el despejo y los favores de la joven, no
influyeron poco para que fuera alargándose indefinidamente el plazo
perentorio de tres meses concedido al andaluz para el descubrimiento de
los tesoros y huacas -concesión muy acertada al parecer, pues a pesar de
sus discursos, el falso Inca mantenía la paz entre los indios, que
acataban visiblemente su autoridad… Es de observar que, después del
primer período de violenta agitación, Bohórquez, sin abandonar su táctica
revolucionaria, la complementó aconsejando no ya sólo el secreto, sino
también una fingida y completa sumisión a los españoles, aun con aparente
detrimento suyo.
Inca él! -exclamaban los indios aleccionados, allí donde pudieran
oírlos-. ¡No tenemos más Inca que el rey de Castilla y de León!…
Esta estratagema fue adormeciendo a los españoles, a quienes el
verano abrasador no tardó en amodorrar del todo, dejándolos en la dulce
indolencia a que los invitaba el clima, inclinaba el carácter, y
arrastraba la molicie de la vida, con tantos siervos encargados de atender
a sus necesidades.
En cambio, los indios perseveraban entusiastas en el sigiloso trabajo
que iba rodeando y envolviendo a sus enemigos en una telaraña cada día más
apretada y resistente. Los chasques, las humaredas, teníanlos en
comunicación rápida y continua. Telegrafiábanse por medio de los humos, de
pueblo en pueblo y de tambo (posada) en tambo, siempre al corriente de
todas las noticias y con el mismo propósito libertario. Su silenciosa y
universal actividad, armonizaba con el descuido español, universal y
silencioso también. [115]

VIII
EL NUDO DE LA INTRIGA
El único que no dormía en el campo de los conquistadores, aunque
tampoco hiciese el menor ruido, era el padre Torreblanca. Recorría los
valles, so pretexto de mansa evangelización, observando y escudriñándolo
todo, y como si esto no bastara, muchas gentes astutas y hábiles estab

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Tags: Bolivia, carta, Chile, cita, cuento, ensayo, Espana, fantástico, historia, inca, nota, novela, pieza, poema, verso

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