Consultó su idea con Carmen, y después de largo y detenido examen,
ambos resolvieron comunicar lo que sabían a Luis Enríquez, y aconsejarle
un plan de campaña que a juicio de ambos no podía fallar. Consistía
sencillamente en que los indios dieran paso franco a Mercado y su ejército
hasta Tolombón, donde necesariamente iría a acampar, y que se halla en
medio del valle. Allí lo sitiarían, en el mayor número posible, y les
quitarían el agua -cosa fácil, como había podido observarlo durante su
permanencia en dicho pueblo. Entretanto, los calchaquíes de Jocavil,
Anguinan, Acalian y todos los Quilmes, observarían la marcha del ejército
de Nieva y Castilla, para caer sobre él por sorpresa en un lugar propicio,
matando y arrollándolo todo. Desbaratado Nieva, correrían a incorporarse
con los de Tolombón, y Mercado y Villacorta tendría que sucumbir dejando
el país libre de españoles…
El plan no estaba mal urdido, como se ve, y más aún si se tiene en
cuenta que Luis Enríquez podría mover unos cuantos miles de hombres, tan
valientes como los heroicos Quilmes, cuyas hazañas están aún por ser
escritas. [149]
Pero los acontecimientos se precipitaron, la cárcel de Bohórquez se
hizo más dura; ya no le permitían ver a otra persona que Carmen; el rostro
hirsuto y torvo de los carceleros aumentó su hostilidad; ya los guardianes
no iban a formar corro para escuchar los cuentos fantásticos, las
anécdotas y los chascarrillos del andaluz; ya no se festejaban sus
chistosas interpelaciones a los que pasaban cerca de él; ya hacía
gracia… Y Bohórquez sabía que, para un charlatán, no hacer gracia es
estar en desgracia… Todo lo vio nublado y se echó a temblar por su
vida… Un día supo que Villacorta, al frente de su ejército, acababa de
salir de Salta; anudósele la garganta y sintió un calofrío, como si pasara
la muerte. La osadía del plan que había trazado lo aterró…
Cuando llegó Carmen, esa tarde, llevándole un poco de comida,
encontrolo pálido, desencajado, con los ojos casi fuera de las órbitas.
Tenía la continua visión del cadalso… Hizo a su compañera confidente de
sus temores, lloró como un niño, como un niño le suplicó que lo salvara.
A la mañana siguiente Carmen fue a despedirse de Bohórquez y salió de
Salta.
Sola y a pie siguió la rastrillada del ejército de Mercado y
Villacorta…
XVI
LA MESTIZA
El señor gobernador hallábase la noche del 11 al 12 de junio
departiendo con algunos de sus oficiales, en su tienda de campaña, junto a
Chicoana de los Pulares, cuando un ayudante le anunció que una mujer,
detenida en la línea del campamento, solicitaba hablarle inmediatamente.
-¿Es del pueblo? -preguntó.
-No es del pueblo. Parece india, pero no podría afirmarse. [150] Dice
que es criada del capitán don Melchor Díaz Zambrano, y que ha estado
prisionera en poder de los calchaquíes.
-Que se la conduzca aquí.
Los oficiales se retiraron discretamente. Mercado quedó solo. Un
momento después, entraba en la tienda una mujer envuelta en un manto.
-¡Carmen! -exclamó Mercado en cuanto se desembozó.
-¡Sí, soy yo! Vengo a revelar a vuecencia importantes secretos, si
antes me promete la vida y la libertad inmediata de Bohórquez.
-¿Tan importantes son? -preguntó con cierta sorna Mercado.
-Vuecencia juzgará al oírlos -replicó fríamente la mestiza.
-Empieza, pues.
-Antes quiero que vuecencia me dé su palabra…
-¿De que concederé la vida y la libertad a Bohórquez?
-Sí.
-Pues ya la tienes, si se trata de algo que me sea provechoso.
-¿Solemnemente empeñada?
-¡Sí!
Carmen, entonces, reveló a Mercado el plan de Bohórquez, agregando
que podía hacerse fracasar con sólo precipitar la marcha.
-Otra traición, de yapa -agregó la mestiza con amargura-. ¡El cacique
Pablo, que acompaña a vuecencia, es espía de los indios y viene para
observar los movimientos del ejército y comunicarlos a Luis Enríquez!…
En querer y en traicionar no hay más que empezar…
Carmen se marchó, el cacique don Pablo murió aquella misma noche y,
mucho antes de amanecer, el ejército tomaba a marcha forzada el camino de
Tolombón, a cuyo pueblo entró tres días después, sin disparar un tiro…
No tenían la menor noticia del ejército de Nieva y Castilla; el
enemigo, indudablemente, interceptaba los mensajes y mataba los chasques.
[151]
Mercado no se eternizó en Tolombón. Después de guarecerlo con un
regular destacamento, en la madrugada del 15 marchó en dirección al pueblo
de los Quilmes. Detúvose a pernoctar en Colalao.
Los indios, que seguían los movimientos del ejército, disimulándose
entre los árboles y tras las asperezas del terreno, y cuyo grueso acampaba
en aquellas inmediaciones, consideraron que el momento era propicio.
En número de dos mil, rodearon por todas partes a los españoles,
llevándoles el más formidable ataque. Se peleó encarnizadamente hasta las
cuatro de la tarde. Viéndose en inferioridad de condiciones, Mercado
resolvió retroceder, pero con tan mala suerte, que casi da en una
emboscada que se le había preparado a orillas del río, en previsión de ese
movimiento.
El español no perdió la cabeza, sin embargo. Dejando que el grueso
del ejército siguiera donde estaba, flanqueó rápidamente a los calchaquíes
con la compañía de su guardia, y precipitándose a la retaguardia de los
indios los tomó entre dos fuegos. La carnicería fue tan espantosa, que la
sangre corrió hasta el río y el campo quedó sembrado de cadáveres
calchaquíes con la cabeza separada del tronco… Los españoles estaban
vengados de la sorpresa y del grave peligro que habían corrido…
Pocas horas después, en medio de la noche que cobijaba tranquila y
silenciosa a los guerreros ebrios de sangre y ahítos de matanza, llegó al
campamento el primer mensaje de Nieva y Castilla, llevado por un cacique
de Colpes, llamado don Lorenzo.
Conducido inmediatamente a la presencia del gobernador, entregole una
carta de su jefe en la que éste le daba cuenta de varios combates
sangrientos, especialmente de uno en que los heroicos calchaquíes habían
llegado hasta la misma boca de los arcabuces españoles. En este encuentro,
Nieva se vio arrollado por los indios, y hubiera perecido, si el joven
Ignacio de Herrera no se hubiese lanzado en su auxilio, entusiasmando con
su arrojo a muchos que lo siguieron. La derrota de los indios se produjo
en seguida, y la matanza fue [152] espantosa, pues no se dio cuartel y los
españoles estaban convertidos en fieras.
La carta terminaba anunciando que al día siguiente se operaría la
reunión del tercio de Londres con el de Salta, es decir, que los valles
calchaquíes quedaban en poder de los españoles, salvo las ocho leguas
dominadas por los heroicos Quilmes, y que durante varios años todavía,
continuaron bajo el dominio de éstos…
Mercado y Villacorta apresurose a comunicar tan faustas nuevas al
padre Torreblanca.
-Y ahora -díjole en seguida-, ¿qué hacemos con Bohórquez?
-Enviarlo al Perú -contestó el jesuita sin vacilar.
-Es que he empeñado mi palabra de honor…
-¿Sobre qué?
-De devolverle inmediatamente la libertad…
El padre Torreblanca reflexionó un instante y luego, con angelical
mansedumbre, dijo:
-Tu empeño no es válido, porque al hacerlo olvidabas que Bohórquez no
está ya bajo tu jurisdicción sino bajo la del virrey. No te preocupes,
pues, hijo mío, y mándalo inmediatamente al Perú.
Villacorta quedó pasmado de admiración ante el ingenio del jesuita,
que así le alivianaba la conciencia…
Bohórquez, bajo segura custodia, fue llevado a Lima, en cuya cárcel
se le cargó de cadenas. Allí pasó algunos años, soñando inútilmente en
escapar. Condenósele a muerte, pero un resto de escrúpulo nacido del hecho
de habérsele indultado antes, hizo que se consultase a España, a la reina















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