Инквизиторский процесс над касиком города Тескоко. Proceso inquisitorial del cacique de Tetzcoco
Uncategorized March 11th, 2006
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Este dicho día, doce de Julio, el dicho señor Obispo tomó por testigo en esta dicha razón a Melchor, indio, e a Doña María, mujer de Don Alonso, de los principales: se tomó e rescibió juramento en forma, so cargo del cual prometieron de decir verdad e dijeron lo siguiente: el dicho Melchor Aculnahuacatl, indio principal, que dijo ser del pueblo de Chiconabtla, testigo rescibido para información de lo que dicho es, habiendo jurado según forma de derecho e siendo preguntado cerca deste caso, por lengua del dicho Juan González: dijo, que puede haber treinta o cuarenta días, poco más o menos, que el dicho Don Carlos vino al dicho pueblo de Chiconabtla, y a la sazón en el dicho pueblo, se hacían ciertos ayunos e disciplinas, y el dicho Don Carlos Chichimecatecotl -51- no fue a la iglesia, sino que se quedó en la posada; y este testigo se quedó con él acompañándole, y que le vido estar al dicho Don Carlos cabizbajo, como enojado, que no hablaba; y esto fue un Lunes por la mañana, y después de salidos de la iglesia, Don Alonso, señor de Chiconabtla y el dicho Don Carlos y este testigo, y otros principales de Tezcuco y del dicho pueblo de Chiconabtla, fueron a comer a una fuente, que se dice Azunpan, y estando en la dicha fuente, el dicho Don Carlos se apartó con un indio de Tezcuco que traía consigo, y este testigo fue tras él para ver si quería algo, y fueron a ponerse debajo de un sauce, a la orilla del agua, y este testigo se puso un poco desviado, y el dicho Don Carlos miró a una parte e a otra, e como no vido a nadie, más del indio que llevaba consigo, que se dice Poyoma, comenzó a mirar el agua, y señalando con el dedo hacia el agua, dijo al dicho indio Poyoma: «hermano, hermano, papel hemos menester»; y este testigo le paresció mal aquello que decía, y se fue de allí, porque le paresció cosa del diablo; y a la tarde se volvieron de la fuente a la posada del dicho Don Alonso, y otro día Martes hubo procesión por la mañana, y el dicho Don Carlos no fue a ella ni a la iglesia, y este testigo se quedó con él para ver lo que había menester, y el dicho día Martes, a la tarde, el dicho Don Carlos y Don Alonso bebieron un poco de vino, y dende a un rato, casi ya noche, el dicho Don Carlos mandó saliesen ciertos indios maceguales que alumbraban en el aposento donde estaban e dijo que los que no eran principales todos se saliesen, y este testigo se levantó para salir, y el dicho Don Carlos le preguntó a este testigo: «¿tú no eres principal?» y los que estaban presentes, dijeron que era principal, y el dicho Don Carlos le dijo que se asentase, pues era principal, y este testigo se asentó; y después de salidos los otros que no eran principales, se quedaron el dicho Don Carlos y Don Alonso y Francisco Maldonado y Cristóbal, y este testigo, y tres indios de Tezcuco que el dicho Don Carlos traía -52- consigo, que se decían Zacanpatl y Cuaunochitli y Poyoma, y delante déstos, el dicho Don Carlos, comenzó a hacer una plática segund la costumbre antigua de sus antepasados, encaresciendo mucho lo que les quería decir, y diciéndoles que era cosa grande; y deste razonamiento vino a decir, hablando con los dichos Francisco e Cristóbal que presentes estaban; «hermanos Francisco e Cristóbal, ¿qué andáis enseñando y predicando? e yo bien sé lo que vos e otros enseñáis, yo también he estado en todas partes»; y nombró cuatro maneras de libros, e este testigo no sabe qué son, y asimismo nombró el pater noster y el ave maría y credo y vino a decir: «no hay más que hacer que esto, pues no está mi corazón satisfecho con esto, no veis cuántas maneras de padres hay, que cada uno tiene su manera de vestir y su manera de orar e vivir; los de Sant Francisco de una, manera, y los de Santo Domingo, de otra, y los de San Agustín de otra, y los clérigos de otra; y así tenían también nuestros antepasados cada uno sus dioses e sus maneras de trajes e sus modos de sacrificar y ofrescer, y aquello hemos de tener e seguir como nuestros antepasados, vamos allá; mi padre hago os saber que sabía lo pasado y por venir y a todas partes miraba y nunca dijo quién había de venir ni qué vida se había de tener ni qué ley; por eso, hermanos reposad y no curéis en estas cosas en que andáis, que de una palabra que el Visorrey e el Obispo e el Provincial os dicen aunque sea pequeña, hacéis muchas y la engrandecéis muy mucho: yo también viví y me crié en la iglesia de Dios, pero no por eso hago lo que vos e otros, sino guardo la ley de mis antepasados, y ésta sola sigamos e guardemos y no otra cosa ¿por ventura en los tiempos pasados había quien osase acusar o señorear al señor de México o al de Tezcuco o al de Tacuba? Pues agora ¿quién son estos que viven sobre nosotros y nos tienen sojuzgados? ¡oh hermanos! pues aquí estoy yo, que soy señor de Aculhuacán, y allí está Yoanizi, señor de México, y allí está mi sobrino Tezapili, señor de Tacuba, y aquí está Tlacahuapantly -53- señor de Tula, que somos señores e iguales e conformes: ninguno ha de estar entre nosotros, ni nos ha de sojuzgar, porque esta tierra es nuestra, que nos la dejaron nuestros padres, y ninguno de los mentirosos que nombran ni siguen a los frailes no se junte con nosotros, y tú hermano Francisco no cures de andar con eso ni enseñar, esa dotrina cristiana, cata que te lo prohíbo y te mando que me obedezcas»; e que otras muchas cosas les dijo el dicho Don Carlos, sino que este testigo no lo entendió todo, porque algunas veces se salía a limpiar el ocote con que se alumbraban, e como salía y entraba, no se acuerda haber oído más de lo que de suso tiene dicho e declarado. E después de acabada la plática, el dicho Don Carlos llamó allí a su hermana Doña María, mujer del dicho Don Alonso, y la hizo venir y le dijo después de otras pláticas: «cata que si tu marido quisiere tener dos y tres mujeres que no se lo impidas ni riñas, sino mira cómo vivieron nuestros padres antepasados e nuestras madres, y como ellos lo hacían, así has tú una o otra cosa»; y que todo esto lo decía a la dicha Doña María riñéndola, a manera de amenaza y llamándola muchas veces nocone, que es palabra fea y afrentosa, que es como si dijese hija de la mala mujer; y la dicha Doña María estaba llorando de lo que le decía, y le respondió: «grant merced me ha hecho mi hermano en reñirme y en decirme mal y hablar mal»; y que esto se le acuerda de lo que pasó, y que algunas veces nombraba el dicho Don Carlos los nombres del demonio, pero que no entendió a qué fin, porque como dicho tiene, entraba y salía este testigo muchas veces, todo lo cual el dicho Melchor declaró por lengua del dicho Juan González, clérigo intérprete; fue preguntado, si lo que ha dicho, si es por odio o enemistad que tenga con el dicho Don Carlos o por inducimiento de persona alguna; dijo, que este testigo no ha tenido ni tiene odio ni enemistad ni mala voluntad al dicho Don Carlos, sino buena, e que no lo dice por nada desto ni por inducimiento de persona alguna, sino porque pasó así y es la verdad para el -54- juramento que tiene hecho, y afirmose en ello e no firmó porque dijo que no sabía escribir; encargósele el secreto desto en forma, y su Señoría y el dicho intérprete lo firmaron de sus nombres. -Fray Juan, Obispo de México. -Juan González. -Miguel López. -(Rúbricas).
d.- Doña María, mujer de
Tags: artículo, carta, Chile, cita, Cuba, Espana, historia, inca, MEXICO, nota, pieza, relato, versoRelated posts
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