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quieras.
MACEDO.- ¡No, de quien yo quiera…, no! ¡Tú eres del otro, no de
mí! ¡Tú eres del nombre! Te vi, sentíme resucitar, creí que había
resucitado mi Elvira, la mía, te busqué y me encontré con el que
creí haber matado y que te había vuelto loca; me encontré con el
de ese libro fatal. Y tú, que amabas
-¿amar?- con la cabeza, cerebralmente,a Tulio Montalbán, no
podías amar con el corazón, carnalmente si quieres, a un náufrago
sin nombre. Todo tu empeño fué conocer mi pasado cuando yo venía
huyendo de él. ¡Y ni me conociste!Prueba que era tu cabeza,
cabeza de libro, y no tu corazón, el enamorado…
ELVIRA .-¿Y por qué no me lo dijiste?
MACEDO.-¿Para qué? ¿Para que te hubieras rendido a Tulio
Montalbán, que venía buscando olvido,silencio, oscuridad y
aislamiento y lo hubieras arrastrado otra vez a la
? No, no. . .
ELVIRA.-Pero yo. . . ¡Mira Tulio: óyeme y perdóname, perdóname,
perdóname! Aquí, ante mi padre,ante Dios, te lo pido de rodillas.
¡Tulio, Tulio, perdón! ¿Por qué me cegué? ¿Por qué? ¿Por qué no
dejé oír la voz del corazón?
MACEDO.-¡Porque no le tienes, sino cabeza!
ELVIRA-¡Tulio, Tulio, no me atormentes así!
MACEDO.-¡No, no tienes corazón!El corazón se te ha secado en
el aislamiento y entre estos libros.
ITESM Sombras De Sueño
Campus Eugenio Garza Sada Miguel De Unamuno
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SOLÓRZANO.-(Que había permanecido sentado, cabizbajo y coma
ausente.) Los libros, señor mío. . .
MACEDO.-¿Los libros? ¡ Dejemos ahora a los libros y a los
retratos! ¡Yo no soy un hombre de libro ni de retrato! ¡Y no,
Elvira -¡este nombre me quema los labiOs!-, no tienes corazón!
ELVIRA.-(Acercándosele y cogiéndole de una mano.)
¡Mira, Tulio: perdóname!
MACEDO.-(Retirando la mano.)
Sí, y que nos demos las manos y que aquí, frente a la mar, ante
el retrato de Don Diego, ¡gran conquistador!,
tu padre bendiga nuestra unión, ¿no es así? Y que yo cargue…
SOLÓRZANO.-¡Caballero!
MACEDO.-¡Y tratar así a un hombre!
MACEDO.-Viene de la mar. . . ,haga cuenta que montado en un
delfín . . . Y tú, Elvira (Dirigiéndose a un ser
ausente.), pálida sombra de mi sueño de ayer mañana,de cuando
resucité. .
ELVIRA.-¡Tulio, Tulio, Tulio. . . !
MACEDO.-¿Eh? ¿Esa voz? Pero no, no; no es la suya. . . , no es la
tuya, Elvira mía. . . Esta voz suena a libro, a papel. . . Cuando
tú (Dirigiéndose a Elvira de Solórzano.)
me hablas de tu amor parece que recitas, parece una lección bien
aprendida. . . Ella no me habló de su amor nunca. . . , ella me
envolvía, contra su pecho, con su silencio. . . Y aquel silencio
era verdad y tu voz es mentira. . . Era ella como la mar y como
la mar vivió, sin conocerse,en niñez eterna. . . Ni sé
si aprendió a leer. . . Y apenas si hablaba… balbucía. . . Era
verdad, y tú, mentira. . .
ELVIRA.-No, verdad, verdad,Tulio.
MACEDO.-¡No, no, no! ¡Ah, mi Elvira, mi Elvira, la mía. . . ,
¿mía?, la del que fui. . . ¡ Ah, mi Elvira, ya sé donde estás!
Perdóname por haberte confundido. Tú, tú supiste santificar
mi oscuridad con tu aliento . . ., en tu regazo, en tus brazos,
hallé un claustro materno. . . ¡Tú,mi Elvira, que ni apenas
sabías leer,leías en mis ojos, Elvira mia!
ELVIRA.-Sí, yo, tu Elvira. . .
MACEDO.-¡No, tú no! ¡Tú no!Tú eres la del libro, ¡quítate de ahí!
No; tú no te habrías sacrificado a mantener por siempre oculto mi
nombre, a guardar mi secreto.
SOLÓRZANO.-Que usted, señor mío, acaba de romper.
MACEDO.-ES que ahora ya no importa que usted lo sepa y hasta,
como historiador que es, lo propale. Ahora ya. . . ¡Basta y
adiós, que tengo prisa! (Repara en el libro, lo coje y lo tira al
suelo.)
SOLÓRZANO.-Pero ¡hombre, tratar así a un libro!
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MACEDO.-¡Y tratar así a un hombre!
SOLORZANO.- Un libro es sagrado.. .
MACEDO.- Más sagrado soy yo!¿O es que cree usted que mi imagen
es más que yo?
SOLÓRAZANO.-Es . . .
MACEDO.-¿Y yo qué soy? ¿Qué soy yo, Elvira?
ELVIRA.-Tú, mi Tulio, tú. . .mira.. .
MACEDO-(Recogiendo el libro del suelo y entregándoselo a Elvira.]
¡Toma mi cadáver! (Reponiéndose) Mas.. ., perdóname, no he sabido
lo que me hacía ¡Esto que he hecho con el pobre libro -¡qué culpa
tiene!-es indigno de mí! Perdóneme, señorita, perdone que haya
maltratado así a su…
ELVIRA.-Pero si te estoy diciendo…
MACEDO.-Sí, sí, me he precipitado, me he apresurado al entregarle
mi cadáver. . .
ELVIRA.-No diga eso. . .
MACEDO.-¡Presagios!
SOLÓRZANO.-Cállese, por Dios,señor Macedo, cállese. . .
MACEDO.-Sí, voy a callarme y para siempre. ¡Adiós! (Volviéndose).
¡Ah, bien me decía el corazón que olvidaba algo!. . . (Saca la
concha y se la da a Elvira.) ¿La recuerda?
¿Recuerda aquel cadáver de casa que recogí en las arenas de Bahía
Roja? ¡Tómela! ¡Guárdela en recuerdo mío!
ELVIRA.-Pero. . .
MACEDO.-¡Tómela, he dicho! ¡Y… adiós!
ELVIRA.-¡Padre.! -¡Padre! ¡Deténle!¡No le dejes salir. . . ; mira
que sé adónde va!
SOLÓRZANO.-Pero ¿es que voy a retenerle aquí para siempre, hija?
MACEDO.-Sí, sabe adónde voy. . . ,sabe que voy en busca de mi
Elvira,de la mía, sabe que voy a la mar de donde vine. . . , a mi
Elvira. . . ¿Cómo pude creer que hubiera otra que ella? No,
Elvira mía, no; como eres eterna eres sola. . . No hay más que
un solo amor verdadero. . . , el primero…, el que nació de la
niñez…, el que un hombre virgen cobra a una virgen. . . ¡Y mi
Elvira, señorita, fué virgen. . . , virgen de hombres y de
libros!
SOLÓRZANO.-¿Qué quiere usted decir, caballero?
MACEDO.-¡Lo que he dicho, ni más ni menos! ¡Y ahora otra vez…,
adiós! ¡A Dios! (Vase lentamente,mas al llegar a la puerta se
vuelve.)Y guarda ese libro, Elvira., guárdalo … ¡Adiós por
último! (Permanece callado y sin irse.)
SOLÓRZANO .-¡Que penoso es esto,caballero!
MACEDo.-Sí, es penoso decidirse.. . ¡Cuánto cuesta morir! ¡Y la
mar tan tranquila! Como si no pasase nada. . . Adiós, Elvira,
adiós.
(Sale como huido.)
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ESCENA IV
SOLÓRZANO y ELVIRA. Se abrazan.
ELVIRA .-¿No oyes a la mar, padre?
SOLÓRZANO.-NO, hoy no. . . , está tranquila. . .
ELVIRA-¿No oyes a la mar? ¿No oyes su gemido?
SOLÓRZANO.-No, no le oigo.
ELVIRA.-Oye, . . . . escucha…, espera.. .
SOLORZANO.-No te pongas así, hija.
ELVIRA.-Espera. . oye. . . ¡Ay!,¿no has oído?
SOLORZANO.-¿Es que ha sonado un tiro? (No debe oírse nada en escena,
como si sólo Elvira y su padre lo hubiesen oído.)
ELVIRA.-Sí, y es él, él. . . , ahí abajo.. ., en el portal. . .
¡Ahora sí que le ha matado a Tulio Montalbán!
SOLÓRZANO.-¡Voy a verlo!
ELVIRA.-¡YO no, no. . . , no quiero verlo!
(Solórzano se va.)
ESCENA V
ELVIRA. Sola, que se pasea agitada y escuchando lo que pasa
afuera.Se detiene un momento junto al retrato de DON DIEGO.
Luego coge el libro, que le tiembla en la mano,y lo arroja
horrorizada. Se queda mirando a la mar. Después saca la
concha y la contempla.
ELVIRA.-Vacía, vacía, vacia. . . ,sin puerta ya. . . ; y se hará
arena sobre la que deshojará el mar sus olas. Qué pesadilla!
ESCENA VI
ELVIRA y RITA.
RITA.-(Entrando.) ¡Abajo yace!
ELVIRA.-Pero. . .
RITA.-Sí para siempre. . . (Se abrazan, sollozando.)
RITA.-¡En su pecho llevaba un escapulario y un retrato. . .,
éste! (Elvira lo mira y rompe a llorar.)
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ESCENA VII
Dichos y SOLÓRZANO, entrando con TOMÁS.
SOLÓRZANO.-Ya hay, Elvira, en nuestro hogar, en el portal de
nuestra casa, hasta ahora limpio y honrado,una mancha de
sangre…,¡sangre! Y ahora hay que coger ese maldito libro y
echarlo a la mar. . . ¡Pero no!, quemarlo. . . , quemarlo. . .,
quemarlo. . .
ELVIRA.-¿Y por qué no también ese retrato? (Señalando el de Don
Diego.)
SOLÓRAZANO.-Acaso… Y los libros todos. . . ¡Hay que quemarlo
todo!
ELVIRA.-Pero aquí me anogo.
(Va y abre el balcón que da a la mar.)
SOLÓRZANO.-¡Hay que quemarlo todo…,todo! ¡Acaso habría que
quemar la isla! ¡Que resucite el volcán! ¡Quemarlo todo. . . ,
todo. . . , todo!¡Quemar la !
ELVIRA.-¡Menos la mar, padre!Mírala! ¡Como si no hubiese
Pasado nada! ¡Como si no hubiese ! ¡Mírala! Mientras haya
mar no habrá aislamiento. . . ¿Y no sería lo mejor echar a ese
hombre a la mar, de donde vino? ¡Qué pesadilla!

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